Chang: “Si se quedan exportando trigo y carne, van a estar relegados frente al resto del mundo”

El economista coreano considera que nuestro país debe dejar atrás el viejo modelo agroexportador y encarar una fuerte política industrial. Pero recomienda que los bajos salarios no sean la ventaja competitiva. “Argentina no es China”, sostuvo.

El economista coreano considera que nuestro país debe dejar atrás el viejo modelo agroexportador y encarar una fuerte política industrial. Pero recomienda que los bajos salarios no sean la ventaja competitiva. “Argentina no es China”, sostuvo. Consultado sobre la posibilidad de que se produzca una integración económica en América Latina, el especialista dijo que “hay que ser realistas” y advirtió que no se producirán grandes cambios en los próximos tres años.

“La protección no garantiza el desarrollo, pero el desarrollo sin ella es imposible”, sostiene Ha Joon Chang. El economista y profesor de la Universidad de Cambridge es uno de los intelectuales más destacados de la teoría heterodoxa contemporánea. En libros como Pateando la escalera y ¿Qué fue del buen samaritano?, advierte que muchos países centrales ocultan su pasado proteccionista, mientras recomiendan recetas liberales a los emergentes. Chang visitó nuestro país y estuvo en el cierre del Congreso de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA). Al finalizar su exposición, dialogó con ZOOM sobre el modelo económico nacional y la situación de América Latina.

—Actualmente en nuestro país existe una fuerte discusión sobre el modelo productivo. Mientras algunos sectores sostienen que la actividad agroexportadora debe liderar la economía, otros pugnan por un mayor desarrollo industrial. ¿Cuál es su opinión al respecto?

—Cien años atrás la economía del país se basaba en las exportaciones de trigo y carne. La Argentina creció en base a ese modelo, pero esto ya pertenece al pasado. Si deciden quedarse exportando trigo y carne, van a quedar relegados respecto al resto del mundo. La actividad primaria no asegura un buen estándar de vida a la población, porque tiene poco valor agregado y baja capacidad de generación de empleo. Este sector puede llegar a ofrecer un aumento rápido de la productividad en el corto plazo. Pero su crecimiento tiene un techo. En los últimos cien años, el predominio del modelo agroexportador y la falta de una estrategia industrial hicieron que Argentina perdiera la oportunidad de estar entre las principales economías del mundo. Por eso es muy importante que se plantee este debate, siempre que sea en el marco de un diálogo abierto.

—¿Cree que la Argentina puede encarar una estrategia productiva?

—Lo que ustedes necesitan es impulsar el desarrollo industrial, y pienso que están en condiciones de hacerlo. Pero la competitividad no debe basarse en los bajos salarios, como sugieren los modelos liberales. La Argentina no es China. El bajo valor de la mano de obra no es una buena ventaja competitiva. El país debe invertir en tecnología, apostar a la producción con alto valor agregado. Para esto hace falta un Estado activo, que aliente y que promueva la investigación. Es un camino más difícil, sin dudas, pero resulta la única manera de encarar un verdadero crecimiento.

—¿Qué medidas deberían aplicarse para alentar a la industria?

—Las políticas proteccionistas definitivamente van a ayudar a que el sector productivo se desarrolle. Por supuesto que todo proteccionismo encuentra hoy un límite en las restricciones que impone la Organización Mundial de Comercio (OMC). Por eso toda estrategia debe tener en cuenta este escenario. Es importante impulsar la industria sin violar las normas. No hay que olvidar que Argentina también forma parte del MERCOSUR y que debe respetar las políticas comerciales del bloque.

¿Frente a la crisis mundial, es posible construir una estrategia regional en América Latina?

—La crisis global podría ser una oportunidad para la integración. Pero sinceramente no creo que se produzcan grandes cambios en el corto plazo. Cuando hablamos de una estrategia conjunta en América Latina, tenemos que estar pensando en un proyecto de acá a 50 años. Lamentablemente las economías de la región todavía no están suficientemente desarrolladas como para encarar un modelo conjunto al estilo europeo. La mayoría de los países aún depende de la exportación de commodities. Y la realidad es que no se puede construir un futuro de prosperidad basado en el intercambio de bananas (risas). Lo que hace que la Unión Europea sea efectiva es la diversificación productiva. Es eso lo que construye relaciones duraderas. En América Latina, en cambio, la integración es muy difícil. Muchos países tienen economías similares. Falta diversificación para lograr complemento y no competencia.

—¿Qué puede hacer la región en esta etapa?

—Hay que ser realistas. Un modelo como el europeo no se va a producir en el corto plazo. Antes de pensar en la integración, Argentina y el resto de los países deberían enfocarse en el desarrollo de su propia industria. Aunque también sería bueno que se empezara a practicar una suerte de división del trabajo entre las diferentes economías. Brasil, por ejemplo, desarrolló una importante industria aeronáutica. Probablemente ningún otro país de la región pueda hacerlo. Argentina, por su parte, tiene un fuerte sector textil. Creo que cierto nivel de complementariedad puede lograrse en esta etapa. El problema es el sustento político para un proyecto de ese tipo. Estamos hablando de procesos lentos y muy complejos.

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