Scioli, el buey que no se lame solo

Scioli no está solo. Amplios sectores sociales apoyan sus iniciativas para resolver el problema de la inseguridad. Mientras muchos distraídos siguen pedaleando, el gobernador anunció a través de los medios el núcleo duro de su política de seguridad: más poder a la policía, su militarización, y una amplia impunidad. Para congraciarse con los cuadros policiales dominantes, que han encontrado aire puro bajo el sobaco de Stornelli, el gobernador reveló que volverá el viejo escalafón donde los policías eran comisarios, sargentos y cabos, y se declaró ferviente enemigo de la droga.

Dijo también que no quiere que la policía trabaje con miedo al despido.

La división del escalafón es un viejo reclamo de la fuerza a partir de las reformas de Arslanian. Lo importante no son las denominaciones sino las características del sistema actual: el escalafón único cerró la división entre la elite de oficiales y la negrada de zumbos que le daba ese toque militar a la bonaerense.

Para recuperar la autoestima de la tropa, la iniciativa de Scioli pretende saciar los reclamos corporativos de la cúpula en lugar de trazar un plan de seguridad en serio. Como con la violencia juvenil, el discurso para la tribuna oculta la carencia de propuestas con soluciones de fondo.

El toro por las astas

Mientras Scioli charlaba con la prensa, panelistas de reconocida trayectoria como Laura Tafetani, Hugo Godoy, Marcelo Saín, Fabián Cacivio, Hugo CañÓn, Laura Conte, Gustavo Palmieri y las diputadas Sandra Cruz y Laura Berardo, se reunieron en el anexo de la Cámara de Diputados en La Plata. A lo largo de la jornada se debatió sobre la necesidad de fortalecer las políticas dirigidas a la niñez y tomar el toro por las astas.

Las diputadas Berardo y Cruz se explayaron sobre los diferentes proyectos pendientes en la Legislatura provincial, muchos de ellos aprobados en Diputados y dormidos en el Senado: ley de cupo carcelario, trato diferenciado a detenidas madres de niños pequeños, una consulta popular para que los Foros creados durante la gestión Arslanian participen en el control de la policía, entre otros. Plantearon ampliar la participación popular y erradicar las redes delictivas vinculadas al poder.

Por su parte, Hugo Godoy, secretario de la CTA regional, manifestó que hoy las posturas son: reprimir o privilegiar a los niños. Expresó su deseo de que con este tipo de eventos se creen distintas condiciones, generando la fuerza para imponer nuevas propuestas. Para Godoy, el hambre es la mayor inmoralidad de la democracia, y eso la hace insuficiente.

«No se puede resolver el conflicto social usando el Código Penal»

El fiscal de Bahía Blanca y presidente de la Comisión Provincial por la Memoria, Hugo Cañón, expresó que las propuestas de mano dura significan seguridad para los buenos contra el ataque de los malos, y que no son posibles las políticas de exterminio sin una sociedad convalidante. Para el fiscal, algunas muertes parecen más lamentables que otras. La propuesta de bajar la edad de imputabilidad, dijo, apunta a saciar la demanda de una clase social y según sus proyecciones, las reformas judiciales impulsadas por Scioli elevarán la población carcelaria en 2013 a 50.000 detenidos, casi el doble de octubre 2008.

No se puede resolver el conflicto social usando el Código Penal, subrayó.

Laura Tafetani llamó a crear pequeñas utopías, y recordó que la ley nacional de protección a la infancia tuvo como único objetivo derogar al patronato, ya que en ella no figuran aspectos clave como mortalidad infantil, paco y vivienda. Expresó que en la provincia hay 10.000 niños y niñas institucionalizados, y 2 millones viven en villas miseria.

Marcelo Saín, jefe de Seguridad Aeroportuaria, subrayó que no existen espacios de debate dentro del gobierno nacional sobre el tema; que la derecha tiene mayoría en la temática; y que el gobernador Scioli es sin duda un hombre de la derecha.

«La policía provincial no tiene conducción política»

Para Saín, los temas abordados en las jornadas no tienen relevancia electoral, y puso como ejemplo el alto nivel de intención de votos del gobernador. —Lo que es bueno para nosotros no lo es para las mayorías—, dijo Saín, quien además planteó que el debate actual no es una guerra de frentes sino de trincheras, y que la cobertura mediática de la información es presentada con un marco interpretativo y no solo de la descripción de hechos y cifras. Con relación a la Bonaerense, mencionó que el 80% del personal atiende cuestiones ajenas al delito, como el asistencialismo de Policías en acción.

Saín remarcó que la policía provincial no tiene conducción política, que el 90% del presupuesto se destina a salarios, y que con el 10% restante se debe hacer funcionar una maquinaria con 50.000 agentes. A partir de esta situación, alertó, el foco se debe poner en los flujos paralelos de dinero dentro de la institución. Para Saín, la policía regula los grandes delitos, y contra la suposición del lego, esto tiene su faz positiva: los narcos, por ejemplo, no tienen la capacidad de respuesta armada que se ve en otros países.

Mencionó también que el sistema penal esta estructurado para atender robos y hurtos, y que la policía es algo así como la punta del iceberg que actúa sobre los delincuentes rústicos, negros y mal preparados. Como contraparte, los delincuentes de guante blanco hacen valer sus garantías mediante abogados de abultados honorarios y quizás jueces comprados.

Transversalidad

A su turno, Gustavo Palmieri, del CELS, opinó que se está dando marcha atrás con las reformas realizadas por Arslanian, y puso como ejemplos la vuelta al viejo escalafón, el retorno de los retirados y la desarticulación de la Buenos Aires 2. Para Palmieri, el nivel de violencia bajó cuando algunos sectores policiales y políticos vinculados a redes delictivas se sintieron desprotegidos y vieron zozobrar la impunidad con la que actuaron durante años.

El arco amplio representado en los paneles y entre el público hacen pensar en puntos de encuentro entre el progresismo y el campo popular, en una transversalidad que no salió de ningún laboratorio político.

Uno de los hombres más poderosos del PJ a nivel provincial sigue cabalgando, pero no está solo. Sus iniciativas abren un debate sobre la calidad de la democracia y el estado de derecho. El gobernador combatiente va en busca de mantener su caudal electoral, proponiendo medios que chocan de frente con algunas conquistas de la democracia.

¿Será capaz Scioli, una vez fracasadas sus iniciativas, de llamar al ejército?

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