Satisfacer las necesidades, no las ganancias

El Ministerio de Desarrollo Social y el de Economía presentan el fortalecimiento de la Economía Social como la forma inmediata que permitirá la existencia de “trabajo genuino” para una parte importante del 50 por ciento de los trabajadores con problemas de empleo.
Cuáles son las posibilidades reales que tiene la Economía Social para alcanzar estos objetivos, es una de las preguntas a la que intentaremos comenzar a responder en este reportaje.

Puesta en primera plana por el Plan Nacional de Economía Social y Desarrollo Local “Manos a la Obra”, la “Economía social” tuvo su resurgimiento al calor de la devastación del sistema productivo y el Estado Benefactor que domino la década del 90.

En la actualidad, en el marco del Ministerio de Desarrollo Social hasta existe una Dirección de Economía Solidaria, una de las tantas denominaciones que suele tomar la Economía social.

En un texto titulado “La Economía Social como vía para otro desarrollo social” escrito por José Luis Coraggio -ex rector de la Universidad de General Sarmiento y actual director de la maestría de Economía Social en la misma universidad- se esbozan algunos de los elementos que permiten una primera aproximación al tema. Coraggio, define a la Economía Social, como “formas de producción y circulación que se orientan a la satisfacción de necesidades, más que a la obtención de ganancia”.

Forma de pensar la economía que además tiene en cuenta el carácter de la organización productiva y “promueve formas de asociación democráticas, participativas y solidarias entre productores tomando en cuenta la cultura de las comunidades que la implementan.”
Las primeras experiencias que concibieron la economía desde esta perspectiva se remontan a los comienzos del siglo XIX. En ese momento estuvo al servicio de la defensa de los intereses de la clase obrera ante el capitalismo salvaje que mostraba su cara más cruel en los comienzos de la primera Revolución Industrial, con el sueño de constituirse en un sistema alternativo. No muy lejos de esta búsqueda encontramos a las experiencias que abundan en la Argentina de hoy. Con sus tendencias y particularidades se convirtieron en la posibilidad de sobrevivencia de miles de personas expulsadas del mercado laboral en los 90.

Entender la economía desde lo social, tiene como objetivo, en la actualidad, la búsqueda de alternativas que puedan combinar el trabajo comunal y la solidaridad de los grupos sociales de bajos recursos y otros que permanentemente van siendo expulsados de la economía de mercado. José Luis Coraggio en el texto citado expresa que existe “la posibilidad de desarrollar una socioeconomía, en la que los agentes económicos no son escindidos de sus identidades sociales, mucho menos de su historia y de su incrustación en el mundo simbólico e institucional que denominamos cultura”.
En la actualidad, cuando empieza a perder terreno el pensamiento único que acompañó y consolidó los planes económicos neoliberales que dieron máxima expresión a la idea del beneficio económico a cualquier precio, el Estado levanta la bandera de la Economía Social como punto de partida para comenzar a caminar por otro proyecto de país.

Como lo expresa el mismo Ministerio de Desarrollo Social en la presentación del Programa Nacional de Emprendimiento Social “REDES”: “este nuevo escenario requiere de la reconstitución de un contexto social y cultural en el cual se generen los consensos y la movilización de las energías sociales necesarias para la construcción de un nuevo modelo”.
Las criticas a esta forma de encarar la difícil situación social en la que se encuentra el país, apuntan a la imposibilidad de que este tipo de economía pueda convertirse en una salida real en el marco del sistema capitalista. Otros, ante los intentos del gobierno nacional de denominar “trabajo genuino” al escaso empleo creado por los microemprendimientos, hasta desconfían de la real intención de estos planes sociales.

Lo cierto, es que el actual crecimiento económico no está acompañado por un profundo debate que marque los caminos para establecer un real desarrollo económico con inclusión social. Con la complicidad de esta ausencia, se coló como salida aparentemente coyuntural el desarrollo de la Economía Social. No profundizar el debate corre con el riesgo de que una salida táctica termine siendo una estrategia no buscada, y que continúe conviviendo placenteramente con un sistema capitalista que sigue concentrando la riqueza en unos pocos, beneficiando a los mismos y excluyendo a los de siempre.

Muchas preguntas quedan aún abiertas, que hasta los mismos especialistas en el tema solo se animan a responder parcialmente.

¿Existe acaso una economía social que pueda funcionar al interior del sistema capitalista? ¿No es una utopía proponer que se puedan marcar límites sociales al mercado capitalista?

¿Cómo se podrían rescatar los valores, criterios y experiencias culturales y productivas de individuos y grupos que se han visto obligados a desarrollar actividades socioeconómicas no convencionales para poder enfrentar situaciones de crisis temporales o permanentes?.

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