San Precariado

En la manifestación popular que acompaña al patrono del pan y del trabajo se expresa "El Precariado en Acción, un fenómeno que combina las características de emergencia de un nuevo sujeto social, a la vez que recupera gran parte de la tradición sindical", reflexiona el autor.

Este miércoles 7 de agosto, por cuarto año consecutivo, las organizaciones del precariado –encabezadas por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular– se movilizarán rescatando la figura de San Cayetano, patrono del Pan y del Trabajo.

 

Resulta difícil leer el contexto de emergencia de lo que aquí llamaremos “El Precariado en Acción” sino es en el marco del doble contexto (nacional e internacional) de mutación del capital y, por lo tanto, de la composición técnica y política de las clases trabajadoras. En Argentina, el Precariado en Acción puede ser leído como los nuevos cabecitas negra o los descamisados del siglo XXI, no en tanto que clase social emergente sino como fracción de la clase trabajadora con capacidad de dinamizar la cooperación del trabajo ya no en la fábrica sino en el territorio, en muchos casos, promoviendo dinámicas de organización comunitaria.

 

De todos modos, conviene insistir en esto de que no es un fenómeno nacional sino internacional, más allá de que en Argentina, las ciencias sociales y buena parte del periodismo le presten una relativa atención. De hecho, en febrero de este año, fue el Le Monde Diplomatique quien sacó un dossier y su tapa bajo el título de “El modelo de la precarización”, donde una serie de autores y autoras dan cuenta del estado del debate y de algunas experiencias que se vienen desarrollando en el plano de la organización y la lucha sindical del sector, como lo fueron las huelgas de los Rappitenderos.

 

Un fenómeno complejo

Tras la asunción de Cambiemos en la gestión del Estado nacional, y de provincias centrales del país como Buenos Aires, pusieron en la escena de las luchas sociales del país, nuevamente, un sujeto plebeyo. Durante los primeros tres años de gobierno de Mauricio Macri el trabajo no registrado alcanzó el 35,4%, cifra similar a la alcanzada en 1999 (en 1990 era del 26,5%) y el desempleo 10,1% (era de 5,9% en diciembre de 2015). Obviamente, en este contexto, la lógica del emprendedorismo también se exacerbó.

 

Si bien las políticas estatales del nuevo gobierno difieren fuertemente de las emprendidas por los tres mandatos anteriores (gobiernos de Néstor Kicrhner y Cristina Fernández), conviene no reducir el análisis del neoliberalismo a una simple secuencia cronológica (1989/2003; 2016/2019), ya que es un fenómeno mucho más complejo y múltiple. Por otra parte, también bajo el nuevo modo de organizar el gobierno la “política social” tiene su lugar, en una lúcida lectura que los sectores dominantes han hecho sobre esa franja de población sobrante, y lo que ha sucedido en los albores de 2001 cuando no sólo el trabajo escaseó, sino también la comida.

 

Tal como señala Verónica Gago, en su libro La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular, es importante entender al neoliberalismo bajo su dinámica de doble procedimiento: desde arriba y desde abajo. Desde arriba, como modificación del régimen de acumulación global (fase del capitalismo y no simple “modelo” de gobierno implementando desde tal o cual Estado nacional); desde abajo, como modo de vida que se reorganiza bajo las nociones de libertad, cálculo y obediencia, es decir, como nueva afectividad/racionalidad. De allí que Gago hable de la persistencia del neoliberalismo aún en el ciclo de gobiernos progresistas y al interior de una pragmática vitalista presente en la economía popular que mixtura proyectos comunitarios y autogestivos con una racionalidad teñida por tecnologías, afectos y procedimientos que asume al cálculo como matriz subjetiva priomordial, dando paso a una suerte de autoempresarialidad de masas.

 

En esta tensión entre autoempresarialidad y autogestión; entre emprendedorismo y proyectos colectivos/comunitarios; entre autonomía y obediencia; entre desposesión y autoafirmación creativa es que hay que intentar leer las dinámicas de emergencia de un precariado en acción.

 

Nuevos desafío

Si bien las experiencias de los sectores precarizados se venían desarrollando desde años atrás –centralmente con la conformación de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, fundada en 2011– la movilización del 7 de agosto de 2016, desde San Cayetano a Plaza de Mayo, puso en el centro de la escena política nacional a los Descamisados del siglo XXI.

 

A diferencia de los agrupamientos que conformaron el amplio mosaico del denominado movimiento piquetero (actor central del “ciclo de luchas autónomas” que se abre con la Pueblada de Cutral Có, en 1996, y se cierra trágicamente con los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en la Masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002), la del precariado tiene la característica de combinar una dinámica de tipo movimiento social con la lógica más clásica del mundo sindical.

 

Por otra parte, la CTEP, expresa un conglomerado muy diverso de grupos políticos a su interior, como lo son el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), dirigidos por Juan Grabois (joven referente social que promovió la organización de los cartoneros de la ciudad de Buenos Aires y se posicionó fuertemente en los medios masivos de comunicación, sobre todo a partir de su vínculo de amistad con el Cardenal Jorge Bergoglio devenido Papa Francisco desde 2013); el Movimiento Evita, conformado en los inicios del primer gobierno kirchnerista pero con militancias setentistas y de los años ochenta y noventa a su interior (oficialistas entre 2005 y 2015); el Movimiento Popular La Dignidad, una de las derivas del Movimiento Teresa Rodríguez, el primer “movimiento piquetero” organizado en los noventa y La Mesa Gremial 19 y 20 de Diciembre (conformada, entre otros, por la OLP y la Organización Social y Política Los Pibes, fundada en 2001 la primera, y a mediados de la década del 90 la segunda, ambas provenientes de una tradición del nacionalismo popular revolucionario).

 

Además de congregar esta diversidad de corrientes políticas a su interior, la CTEP impulsó la conformación de un bloque social incluso con otros sectores, en una coordinación conocida como “El Triunvirato”, que la CTEP integra junto a la Corriente Clasista y Combativa (CCC), impulsada por el maoísta Partido Comunista Revolucionario (PCR) y el Movimiento Barrios de Pie, dinamizado por Libres del Sur (ahora Somos, tras la ruptura encabezada por Vicky Donda del espacio fundado por Humberto Tumini); incluso la “unidad en la acción” que se supo establecer entre este tridente y otras organizaciones territoriales con perfiles más contestatarios, incluyó en estos años sectores como el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), fundado por núcleos militantes de corte guevarista, el Frente Popular Darío Santillán (FPDS), inscripto entre las corrientes de la izquierda independiente e incluso, por momentos, la coordinación supo albergar a la corriente libertaria de la Federación de Organizaciones de Base (FOB).

 

Estos niveles de unidad resultan inéditos para la historia reciente de la Argentina. El único intento, efímero de coordinación general de las experiencias de lucha social se produjo en 2001, con la Asamblea Nacional Piquetera, pero rápidamente la experiencia caducó, dando paso a expresiones que en la lucha social expresaban de manera casi directa las diferencias políticas de las corrientes militantes que las impulsaban (CCC/FTV por un lado; Bloque Piquetero Nacional por otro y en MTR/Coordinadora Aníbal Verón como tercera vertiente, más allá de las expresiones puramente locales, como el MTD de Neuquén, la UTD de General Mosconi/Salta, etcétera). Ese proceso de unidad pese a las diferencias políticas y de coordinación para librar luchas sociales es uno de los rasgos distintivos de este nuevo fenómeno.

 

El Precariado en Acción, entonces, es un fenómeno que combina las características de emergencia de un nuevo sujeto (movimiento social), a la vez que recupera gran parte de la tradición sindical (movimiento obrero). En este sentido, cabe leer las consignas levantadas el 7 de agosto de 2016: “Paz, Pan y Trabajo” y “Tierra, Techo y Trabajo”. Las “Tres T”, levantada por este sector a partir de la reivindicación de las palabras pronunciadas por el Papa Francisco, confluyeron con la primera consigna, surgida al calor de la movilización anti-dictatorial protagonizada por la CGT en agosto de 1981.

 

Confluencia simbólica, que tuvo asimismo su correlato contemporáneo en los permanentes pronunciamientos de CTEP, quien públicamente anunció sus intenciones de crear un Sindicato Único de la Economía Popular que pudiera integrarse a la central sindical, iniciativa que no prosperó sobre todo por la reticencia de los dirigentes ceguetistas hacia el sector, más allá de numerosos pronunciamientos de algunos de sus referentes aludieron al “error” de la década del noventa, cuando el sindicalismo le dio las espaldas a los movimientos sociales emergentes.

 

Así y todo, esa búsqueda de unidad produjo como resultado la movilización masiva del sector del precariado a varios de los actos convocados por el sindicalismo, así como la convocatoria, por parte de la CGT, al gran acto frente al Congreso de la Nación de diciembre de 2016, a partir del cual el gobierno accedió a aprobar la ley que dio paso a una nueva conquista para el sector: el lanzamiento de Salario Social Complementario, ingreso mensual equivalente a la mitad de un Salario Mínimo Vital y Móvil para toda persona que cumpla los requisitos que la cataloguen como trabajador/a de la economía popular (no contar con un trabajo registrado; no poseer más de una vivienda o automóvil –modelo diez años más antiguo-; no ser monotributista –luego se abrió la figura del “monotributo social”, a partir del cual quienes trabajan en el sector pueden tramitar una obra social y realizar aportes jubilatorios-).

 

Este proceso de coordinación, confluencia y búsqueda de unidad abre dos debates fundamentales para la política argentina contemporánea: por un lado, acerca de la necesidad de hablar, hoy en día, de un Movimiento en donde ambas fracciones (asalariado y precariado) confluyan en tanto clase trabajadora; por otro lado, asumir el desafío de pensar en términos de dinámicas de complementariedad que den cuenta de las tradiciones sindicales (hablamos en plural, puesto que una cosa es reivindicar la figura de Agustín Tosco y otra muy distinta la de José Ignacio Rucci, por sintetizar una mirada histórica en dos figuras singulares) y las nuevas emergencias de movimientos sociales.

 

Desafíos para pensar más allá de las movilizaciones y las noticias de tránsito bajo las cuales, muchas veces, aparecen tematizadas estas realidades en los medios hegemónicos de comunicación.

 

 

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