Rosario siempre estuvo cerca

Puerto cerealero sin igual, cuna del Che, sede del multitudinario acto del «campo», la proyección nacional de Rosario crece cada vez más. Gobernada desde hace 15 años por el socialismo, su efervescencia política catapultó a la gobernación de Santa Fe a Hermes Binner, un presidenciable de cara a 2011.

Por primera vez desde la crisis de diciembre de 2001, la dinámica política argentina ha dado a luz un escenario diferente a la Capital Federal. Se trata de Rosario, la segunda ciudad más importante del país, ubicada a más de 300 kilómetros al norte de Buenos Aires y recostada sobre la ribera del Río Paraná, el curso de agua dulce que desemboca en el Río de la Plata, considerado el más ancho del mundo y ahora transformado en una febril ruta de tráfico de alimentos hacia todo el orbe. Su puerto administra el 75 por ciento de las exportaciones cerealeras del país y es uno de los principales símbolos de la reactivación local, especialmente del campo, el sector que mantiene una dura pelea con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Desde el arranque de 2008, tanto por los conflictos del campo como por los preparativos por los 80 años del nacimiento del Che Guevara, Rosario es “el otro” escenario de la política nacional. Este dato no es menor, especialmente porque la ciudad está gobernada desde 1995 por el socialismo, la fuerza que desde hace seis meses gobierna la provincia de Santa Fe y que en 2011 podría disputarle la presidencia al peronismo.

Sin embargo, la importancia de la Chicago argentina (nombre que recibió Rosario en comparación con la sede del mercado de granos más importante del mundo) no sólo fue advertida por los especialistas, sino por un particular interesado. A fines de marzo, la conservadora Fundación Libertad organizó uno de los despliegues más trascendentes que la derecha internacional ha generado en el país. Fue el seminario “Los desafíos de América latina: entre las falencias institucionales y las oportunidades de desarrollo”, una puesta en escena para el desfile de los principales auspiciantes de la política guerrerista de George W. Bush en el continente.

Entre la apertura del escritor Mario Vargas Llosa y el cierre del polémico ex mandatario español José María Aznar, durante dos días se pudo ver a los ex presidentes Francisco Flores, de El Salvador; Osvaldo Hurtado, de Ecuador; Jorge «Tuto» Quiroga, de Bolivia, Luis Alberto Lacalle, de Uruguay; y Vicente Fox, de México; quienes hablaron sobre «Una visión sobre el futuro de Latinoamérica». En realidad, todos se dedicaron a multiplicar sistemáticamente sus críticas contra los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Raúl Castro en Cuba.

Las arengas, desprovistas de todo análisis certero, fueron pronunciadas ante el polémico ex subsecretario de Estado para América Latina Roger Noriega. Entre los invitados estuvieron los empresarios argentinos Francisco de Narváez, Santiago Soldati y el chileno Sebastián Piñera. Todos, al unísono repitieron que «los populismos son una verdadera amenaza para la región».

Por algunos días, Rosario pareció dominada por una curiosa minoría: la derecha local, que desde hace años viene desarrollando un delicado trabajo de articulación política que encontró en «el campo» una excelente bisagra de agitación. Tras el desfile de oportunistas y cuando el acto estaba finalizando, la Chicago argentina volvió a ser la de siempre. Un grupo de manifestantes intentó cruzar el vallado policial que protegía el área del seminario y, en un instante, comenzaron a volar las piedras. La policía respondió disparando balas de goma y gases, logrando dispersar a los manifestantes. No hubo detenidos, pero para los jóvenes militantes que organizaron el acto, se trató de un repudio globalifóbico de Rosario, la tierra natal del Che, contra la maquinaria agitativa que la derecha trató de instalar en la ciudad.

Rosario, corazón de la pampa gringa y sojera

Por aquel entonces, muy pocos relacionaron la movida “liberal” con el descontento del campo. Sólo habían pasado 20 días del recordado 11 de marzo pero, ya en ese momento, ante el reducido tránsito de las embarcaciones, los hombres de la diplomacia norteamericana se animaron a explicar que las naves “no llegaban al puerto porque los camiones que traen todo no llegan por culpa de la intransigencia del gobierno». Eso no fue todo. También se despacharon repitiendo que los barcos «están todos ahí porque ya no hay granos para cargar, el paro agropecuario está poniendo al gobierno de Kirchner al borde», repitieron durante dos días.

Faltaban aun más de 60 días de conflicto, pero los entusiasmados agitadores a sueldo trataban de cristalizar sus expresiones de deseo. Por aquellos días, se hicieron consultas con dos exportadoras de cereales. Nunca reportaron problemas para los embarques mientras duró la crisis del campo. En aquel momento fue un dato menor, pero las declaraciones de entonces son hoy un verdadero sincericidio de la derecha más cipaya frente a lo que sucedió el 25 de mayo, cuando las entidades agrarias dijeron reunir a más de 300 mil personas en la ciudad de Rosario.

No ha pasado un mes y la cuna de Olmedo, Fito Páez y Fontanarrosa volverá a ser el escenario. La conmemoración de los 80 años del nacimiento de Ernesto Guevara de la Serna concentrará una de las multitudes más importantes que ha alojado la tierra natal del joven revolucionario.

Sin lugar a dudas, entre su peso económico y las concentraciones que aloja, Rosario es una segunda capital política de la Argentina. No sólo por lo sucedido, sino por lo que vendrá.

La experiencia socialista

Desde el triunfo de Hermes Binner en las elecciones del año 1995, Rosario es un municipio gobernado por el socialismo. Al margen de la ciudad de Santa Fe, formal capital provincial, Rosario es la cabeza de una provincia gobernada desde hace seis meses por el mismo socialismo. Los años por venir serán la prueba piloto de una silenciosa experiencia política que primero ganó en un ámbito comunal de importancia regional, hoy gobierna una de las provincias de mayor peso en el país y quizá mañana se transforme en alternativa a nivel nacional.

Entre su puerto cerealero, vital para la pampa gringa que explota de soja, las expresiones de su derecha insular, y la poderosa acumulación de un electorado progresista, la ciudad natal del Che es un escenario que no puede ser omitido. No sólo por su peso, sino porque encierra enormes preguntas para la política nacional que sólo los santafesinos podrán responder.

¿Qué vientos soplarán en la Chicago argentina de la mano de su nuevo gobernador socialista Hermes Binner? ¿Se está incubando una experiencia distinta para la Argentina, o será un salto civilizado de la socialdemocracia nacional para dar a luz un mandatario moderado similar al que tiene Uruguay con Tabaré Vazquez?

Por supuesto que la provincia de Buenos Aires no ha dejado de ser el principal distrito electoral. No hay dudas de que la ciudad de Buenos Aires en manos de Mauricio Macri es otro escenario natural de la política argentina. Pero nada será posible de dilucidar sin tener en cuenta la poderosa irrupción de Rosario en la política nacional como uno de los escenarios que definirá el rumbo de los próximos años. Más allá de los aciertos de un socialismo pálido, entre el agro y el progresismo, la cuna del Che será una bisagra tan crucial como lo ha sido la provincia de Buenos Aires antes del estallido de las crisis de 2001 y 2002. Justo el ciclo que abrió la puerta para que Néstor Kirchner llegara a la presidencia con el 22 por ciento de los votos.

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