Reforma política, modelo para armar

La inminente presentación de la “Reforma Política”, anunciada por la presidenta Fernández de Kirchner, abre sin dudas expectativas, ya que esta reforma, como la “Reforma del Estado”, son imprescindibles para abordar una realidad compleja, donde ha quedado demostrado que, con este sistema de partidos, y con este Estado, la posibilidades de profundizar las transformaciones se restringen a medidas de corto alcance, que no logran alterar la estructura política, social, cultural y económica de raíz.

Mientras esperamos que la Presidenta devele los alcances y objetivos de esta reforma, podemos ir aportando algunas reflexiones. Cristina Fernández, al anunciar esto, exclamó que «¡El gran desafío del siglo XXI es lograr una reforma política, donde los partidos se democraticen en serio!», algo sin dudas necesario, el tema esta en el como. Para eso sirve de aclaración las siguientes palabras de la presidenta: «Tenemos que hacerla a partir de lograr la participación popular».

Algunas de las medidas que prevé la Reforma, serían internas abiertas, donde podrían votar los no afiliados, y en un mismo día para todos los partidos. Otra medida que se establecería es que el financiamiento del funcionamiento de los partidos y de las campañas electorales dependería del Estado.

Recordemos que la “Reforma Política” no es algo nuevo, en agosto del 2003 se creó la “Comisión para el Análisis y Estudio de la Reforma Política”, dependiendo del Ministerio del Interior de la Nación. Sin dudas esta reforma no es una improvisada medida del gobierno, y se espera que prospere, a diferencia del anunciado “Pacto Social”, que estalló por los aires con el conflicto con las Patronales Rurales.

Una “Reforma Política”, para que sea funcional a un proyecto de transformación, y no se restrinja a una mera restauración de un régimen bipartidista, debe avanzar en un marco estratégico, que nos permita tener un horizonte en común y ampliar así la base de sustentación para dejar atrás definitivamente las heridas abiertas por el neoliberalismo.

La apertura del debate político de cara a la sociedad, la democratización de los partidos, y garantizar su funcionamiento en materia económica, para que la política deje ser exclusiva de los que “hacen caja” a costas del Estado, o de los “multimillonarios”, es saludable.

La expectativa estará centrada en que, con un sistema de partidos coherente y saneado, se fortalecerá la participación popular, y los ejes de los mismos deberán estar centrados en construir una base de acuerdo nacional, de un proyecto estratégico de país, que supere las coyunturas electorales, y que se sostenga en el tiempo.

No podemos seguir presos de los virajes bruscos de rumbo cada vez que asume un nuevo gobierno. Principalmente de acuerdo a su política exterior y económica. Las bases del gran acuerdo nacional deben estar en manos de un nuevo sistema político.

El debate debe cruzar a todos los sectores sociales, y por su puesto debe también expresarse los poderes del Estado y la República, pero esto no es un debate entre partidos políticos o bancadas, es un debate que debe fortalecer a las instituciones formales y las nacidas en el seno del pueblo en los últimos años.

Debe fortalecer nuestra conciencia democrática como ciudadanos y sobre todas las cosas, debe permitir romper los oscuros pactos anteriores, para recuperar nuestros recursos, generar un modelo de distribución equitativa, fortalecer el modelo de acumulación para que el Estado se fortalezca y sea rector de las relaciones económicas, y acabar definitivamente con la pobreza y la desocupación, mejorar y ampliar la salud y la educación pública.

Refundar la nación no puede ser tarea de unos pocos, volver a pensar en como debería ser un país implica volver a estudiar el pasado, aprender de los errores, los aciertos y sobre todo, volver a pensar estrategias colectivas, para que ningún sector económico o político imponga sus recetas al resto.

La Reforma Política deberá demostrar que es desde el Estado y a través de la política como se modela un país y se solucionan estos problemas. Está puede ser la carta más importante para avanzar en los debates de fondo que hacen a la compleja realidad nacional. Solo así Argentina podrá cruzar el umbral del bicentenario proclamando la segunda y definitiva independencia.

* Director Revista 2010.

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