Reforma laboral: negociación o confrontación

El 2018 ya empezó: hipótesis y escenarios posibles para la oposición y el sindicalismo frente al "reformismo permanente" del gobierno.
Foto: Flickr

El 2018 ya empezó. El paquete de reformas que plantea el gobierno no puede leerse sin la nueva correlación de fuerzas que entrega el resultado electoral. Un escenario que muestra al gobierno reforzado por las urnas, con la imagen instalada de llevarse todo puesto, pero que, sin embargo, no es mayoría, ni electoral ni parlamentaria. Una coyuntura que muestra un escenario abierto. Puede ganar, empatar o perder cada una de las batallas planteadas.

 

Pese a la fragmentación y debilidad que presenta, también la oposición, si es hábil para jugar el juego que se viene, tiene la posibilidad de frenar alguna o algunas de las iniciativas propuestas. Aunque este ajedrez legislativo tiene un componente más a no desdeñar. Como señala Julio Burdman, el rol de los gobernadores será importante. Algunos comenzarán la carrera a disputar la oposición hacia el 2019, pero otros, los que esperan consolidar el pago chico, quizá disfruten del win-win con el gobierno nacional.

 

La pelea central, sin embargo, como sostenemos en un texto anterior, está en la arena pública: en la calle y en la opinión pública. El lejano recuerdo de la 125 muestra que un supuesto dominio del escenario público y legislativo puede caerse como un castillo de naipes ante una derrota “social”. Las tres reformas que lanzó el gobierno, la impositiva, la previsional y la laboral, tocan una gran cantidad de intereses y están orientadas, a modo muy general, a una reducción del déficit fiscal y a favorecer a los intereses empresariales para seguir soñando con la lluvia de inversiones, ahora sí, productivas.

 

En este juego, más parecido a un TEG que a un ajedrez, son muchas las batallas, diversos los jugadores y centrales los intereses en juego. Las diferentes posiciones y opciones permiten analizar la estrategia del campo popular en tres opciones y una variante. La retirada, la negociación y la confrontación. La variante es pensar distintas estrategias para cada disputa.

«Un escenario que muestra al gobierno reforzado por las urnas, con la imagen instalada de llevarse todo puesto, pero que, sin embargo, no es mayoría, ni electoral ni parlamentaria»

Una primera salvedad para plantear la principal hipótesis del texto. En el plano de los intereses políticos (superestructurales) puede que sea más fácil oponerse a todo, para marcar antagonismo y ser la única oposición clara. Sin embargo, para quienes tienen intereses concretos (estructurales) no es lo mismo dar testimonio que negociar el menor retroceso posible. Un razonamiento simple para una concreción difícil. No obró así la oposición en la mayoría de los casos hasta ahora. En una oportunidad, toda la oposición logró unificar una postura ante la ley antidespidos, luego vetada. En otra oportunidad logró presionar al gobierno hasta consensuar la Ley de Emergencia Social. Y en otro caso, la reforma en ganancias, también hubo mucha negociación con acuerdo final. En el resto, el kirchnerismo fue oposición testimonial y el massismo + Bloque Justicialista fueron gobierno friendly. Ninguna de ellas triunfó. En definitiva, hay que ser inteligentes para pelear y negociar, para construir la mejor resistencia al gobierno empresario.

 

A lo concreto. Arriesguemos una jugada para calentar motores (hoy se habla de borradores, de trascendidos, sobre declaraciones, no sobre proyectos presentados). Proponemos: la retirada en la reforma impositiva, la confrontación en previsional y la negociación en la laboral.

 

En el primer caso, se presenta como una reforma moderada, tendiente a bajar los impuestos patronales, una leve gravación a la renta financiera y un mix de impuestos internos con ganadores y perdedores, pero sin importantes intereses en pugna, aunque ya algunos sectores pelearon (vitivinícola) o están peleando (gaseosas). Allí la discusión está en el lobby empresario. Después, parece difícil frenar el ajuste fiscal.

 

La reforma previsional, se prevé, es la que más querrán ocultar. Una modificación en la Ley de Movilidad Jubilatoria (que está atada a las asignaciones sociales, como la AUH) sacará de la ecuación posibles mejoras y lo estancará a la inflación, o sea, fuera ilusión de mejorar el poder adquisitivo. Quienes se pusieron a hacer números hablan de una pérdida para la masa de asignaciones y pensiones de cien mil millones de pesos. Una medida que, en principio, sólo puede ser acompañada por los gobernadores como prenda de negociación de recursos y a cambio de una aceptación en la baja impositiva, pero que de cara a la sociedad tiene pocos argumentos para sustentarse.

 

Mucho más entreverada parece la discusión sobre la reforma laboral.

 

Reforma y contrarreforma

En la discusión sobre la reforma laboral se juega uno de los pilares programáticos del gobierno: “liberar a las fuerzas productivas de regulaciones” y protecciones para generar un clima de inversiones. Ergo, flexibilización laboral.

 

Este proyecto puso en el centro de la escena a la CGT. ¿Qué se juega la central en esto? Como siempre, poder: recursos y representación/legitimidad. Los ojos están puestos ahí. ¿Traicionará a su clase o confrontará? Lo que resulta claro es que está en plena negociación con el gobierno. ¿Hasta dónde? Depende de la correlación de fuerzas. ¿Hay posibilidades de fractura interna? Sí. No es una fuerza monolítica, y hay muchos adentro que prefieren la fractura. ¿Es lo ideal? No. ¿Cómo jugarán las fuerzas políticas? De acuerdo a sus intereses.

 

Las primeras movidas que permiten intuir posiciones tomadas fueron, por un lado, un sector del peronismo –lo hicieron explícito Pichetto y Solá– que dijo que acompañará lo que defina el triunvirato. La izquierda y el kirchnerismo plantean oponerse de plano. En el mundo sindical, la CTA –no invitada al convite– ya lanzó un plan de lucha. La conducción de la CGT planteó algunos puntos innegociables y otros más dialogables, mientras que Pablo Moyano plantó su bandera, al decir que se “cortaría las manos antes de firmar algo contra los trabajadores”.

 

Dentro de una discusión repleta de vericuetos, se pueden imaginar cuatro escenarios posibles, dos de derrota popular y dos de victoria. En un cuadro de doble entrada, en el eje horizontal está la negociación y la confrontación:

 

Victoria popular
Derrota popular
Consenso/
Negociación
Una reforma vaciada de transformaciones estructurales. Unidad opositora y posterior acuerdo con gobierno No hay unidad y la CGT negocia algunos puntos importantes de la reforma como quiere el gobierno. (CGT + gobernadores vs kirchnerismo)
Ruptura
No hay acuerdo con el gobierno y sí consenso opositor. La reforma cae. La CGT rompe con el gobierno, que negocia con sectores del peronismo (gobernadores) y saca la ley que quiere, pese a la confrontación (CGT + kirchnerismo vs gobierno y gobernadores)

 

Quizá el gráfico peque de simplista, pero es una forma de alertar sobre algunos puntos. En primer lugar, no toda negociación de la CGT es traición. Venimos de una reciente victoria electoral del gobierno, vienen construyendo hegemonía. En segundo lugar, hay mucha responsabilidad en la oposición política sobre lo que suceda con la reforma.

 

Para construir un escenario de victoria hay que pensar un escenario como el de la 125, pero al revés, claro. Ganar consenso social, explicando los impactos negativos de la reforma y construir una oposición multipartidaria, que no quede atada a la grieta. Un estado de movilización social apartidario (como el acto CGT-movimientos sociales de noviembre de 2016, por ejemplo). Y, según la correlación de fuerzas, forzar al gobierno a negociar una reforma cosmética o a perder la pelea en el Congreso.

«La CGT ya tiene cierto poder de negociación. Depende de su inteligencia ampliar su caudal. Pero también es vital la apertura y generosidad de la oposición partidaria»

Los escenarios de derrota son los más visibles en el corto plazo, por la gran fragmentación de intereses políticos opositores. Entre el pragmatismo de los gobernadores y el “testimonialismo” del kirchnerismo es difícil interceder. Para muchos está en juego el 2019, o peor, el 2023. Pero lo concreto es que está en juego una seria reforma laboral.

 

La CGT ya tiene cierto poder de negociación. Depende de su inteligencia ampliar su caudal. Pero también es vital la apertura y generosidad de la oposición partidaria. Dialogar con la CGT es lo primero. No querer ocupar el centro del escenario, lo segundo. Y estar dispuesto a negociar con el gobierno lo mejor para los trabajadores, lo tercero. El escenario de la 125 invertido parece el resultado más lejano en este fin de año. El gobierno va a dejar todo antes de fracasar. Con presión social, unidad opositora y debate público se lo puede frenar.

 

Los primeros pasos parecen ser los correctos. La central dialoga pero plantea una firme oposición al borrador. La posible modificación a la Ley de Contratos de Trabajo es el límite. Casi toda la oposición peronista se viene encolumnando detrás. El “Triunvirato de San Cayetano” (CTEP, CCC y Barrios de Pie) ya lanzó su plan de lucha. Distintos nucleamientos y regionales del interior que articulan CGT y CTA, como en Santa Fe, Córdoba, Río Negro y Entre Ríos, ya mostraron unidad y oposición a la reforma. Hay que construir un mayor caudal y plantear las críticas con inteligencia.

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