¿Quién ganó y quién perdió?

Todos parecen preguntarse quién ganó y quién perdió en el referéndum revocatorio del domingo 10 de agosto en Bolivia. Tal vez convenga dejar de lado los términos que gustan plantear los medios de comunicación en su afán por simplificar realidades que tienen múltiples ramificaciones.

En primer lugar, conviene recordar que fue la oposición de derecha en el Parlamento la que reflotó en mayo un referéndum revocatorio propuesto por Evo Morales el año pasado y que estaba durmiendo el sueño de los justos. Su razonamiento político se basaba en que los cuatro departamentos de la llamada “Media Luna” (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija) le habían impuesto al gobierno autonomías y que éste se encontraba sumamente debilitado, confundiendo debilidad con fase terminal.

Encandilados por los resultados de los referéndum autonómicos que mostraban un apoyo que iba del ochenta al noventa por ciento de los votos válidos, despreciaron la lectura del gobierno que —por su parte— intentó minimizar el voto por las autonomías. Cabe recordar el discurso de Evo Morales el día después del referéndum en Santa Cruz diciendo que —entre los que se oponían y los que no habían ido a votar— la mayoría rechazaba las autonomías unilaterales.

En una realidad multifacética, ni todos los que votaron a favor de las autonomías estaban en contra de Evo, ni todos los que apoyan a Evo se oponen de cuajo a las autonomías.

La lectura de proyección nacional que hizo el partido PODEMOS de Jorge “Tuto” Quiroga (ex vice de Hugo Banzer y luego presidente) no sólo que se demostró errónea sino que seguramente debilitará aún más a la derecha parlamentaria.

Es verdad que en los últimos meses la oposición atrincherada en los departamentos había mantenido en jaque al gobierno y que haberle impedido llegar a Tarija o Sucre dejó al desnudo una gran debilidad del presidente Evo Morales. Esto se vio acentuado por sus idas y venidas respecto de la esencia de las autonomías ya que las regiones terminaron por imponerle al gobierno su legitimidad por encima de la discutida legalidad.

Sin embargo, no es menos cierto que Bolivia es bastante más que la suma de las partes como quedó demostrado el domingo. Haber obtenido casi quince puntos por encima de la votación de 2005 es un éxito indudable para cualquier gobierno, lo robustece a Evo Morales como presidente de todo el país y debería fortalecer su legitimidad internacional.

También es cierto que en toda la “Media Luna” era casi imposible pensar en un triunfo de Evo. Sin embargo, el NO a Evo sólo triunfó de manera categórica en Santa Cruz y Beni, mientras que en Tarija lo hizo por menos de 500 votos. Es significativo que en Pando haya ganado el SI superando el 52 por ciento mientras en 2005 apenas había obtenido el 25 por ciento. En Tarija, donde el prefecto Mario Cossío fue ratificado con el 58 por ciento, la votación a favor de Evo orilló el 50 por ciento. En el corazón de la oposición (Santa Cruz) obtuvo casi el 40 por ciento, algunos puntos más que en 2005, y en Beni duplicó la votación de aquel año. También es interesante que en la conflictiva Chuquisaca, donde se encuentra la capital, Sucre, Evo fuera ratificado por el voto.

Esto quiere decir que el voto cruzado también existe en la Media Luna y que votar por un proyecto autonómico regional no implica necesariamente rechazar los cambios estructurales que plantea Evo Morales, como uno podría interpretar si se quedara sólo con la lectura de la mayoría de los medios de comunicación bolivianos. El rol de los medios es fundamental por su capacidad de instalar temáticas e interpretaciones, tanto dentro como fuera de Bolivia. Es así que han logrado imponer la noción de un país dividido en partes iguales (el poder central de La Paz vs Santa Cruz), como si se pudiera poner en el mismo nivel el 67 por ciento que votó a favor del proyecto de Evo Morales a nivel nacional con el 67 por ciento de la votación local obtenida por el prefecto Rubén Costas en Santa Cruz. Más increíble aún, varios analistas incluso sostienen que Evo es el gran perdedor del referéndum aunque los dos únicos prefectos revocados son opositores.

Esta votación también refleja las limitaciones de los proyectos regionales. No tiene el mismo peso político ganar un referéndum autonómico en una región como Santa Cruz, e incluso obtener allí la mayoría por la revocación del mandato presidencial, que triunfar en todo el país.

Los autonomistas saben que su propuesta sólo puede funcionar dentro de cada departamento ya que “la autonomía” no es —por sí misma— una propuesta de gobierno alternativa en el plano nacional, por más que su proyecto político hoy jaquee al gobierno y configure una situación de “doble poder” en el país.

A fines del año pasado el Vicepresidente Alvaro García Linera, en una conferencia, sostenía que el gobierno estaba a la búsqueda de un punto de bifurcación que destrabara lo que él definía como “empate catastrófico” (retomando categorías gramscianas) y que esto podría darse mediante varios actos democráticos. Pero también señalaba que estos pasos debían darse articulando la movilización social en torno a objetivos muy concretos, como puede ser un próximo referéndum para aprobar la nueva Constitución.

Resta saber si el aplastante resultado obtenido por Evo Morales llevará a que el gobierno retome la iniciativa política para que esta situación de “doble poder” se destrabe a través de la movilización social y si está dispuesto a confrontar, cueste lo que cueste.

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