¿Qué hizo Lucio Gutierrez para ganarse el derrocamiento popular?

Por Causa Popular.- Con el derrocamiento de Lucio Gutiérrez por una masiva y persistente movilización popular, cayó también una de las cartas fundamentales de Estados Unidos para su estrategia latinoamericana. Gutiérrez no sólo sostuvo disciplinadamente al dólar como moneda y avanzó en Tratados de Libre Comercio con el país del norte, sino que fue uno de los gobernantes más predispuestos -junto al presidente de Colombia Álvaro Uribe- al desembarco de tropas norteamericanas en tierras sudamericanas. Con Gutiérrez, Estados Unidos consiguió reforzar cinco oficinas de seguridad en el país enlazadas directamente al Comando Sur, con sede en Miami. La alianza con los Estados Unidos del ahora ex presidente ecuatoriano tuvo su máxima expresión cuando éste fue condecorado por el jefe del comando de las fuerzas armadas estadounidenses, el general Richard Myers, en agradecimiento a la inmunidad otorgada a las tropas en Ecuador.

Una de las ausencias más significativas en las agencias de noticias internacionales en estas jornadas es el aporte que realizaron los Estados Unidos al desprestigio de Lucio Gutiérrez.

En los últimos días un encuesta realizada por la empresa Market dio como resultado que el rechazo a la política económica y exterior fue creciendo en la población de manera exponencial desde el momento en que Gutiérrez se asumió como “principal aliado de George W. Bush en América Latina”, y firme partidario del tratado del libre comercio.

Según dan cuenta analistas internacionales, la gota que colmó el vaso fue la condecoración recibida por Gutiérrez el 11 de abril a manos de una de las manos derechas de Bush. Ese día el general Richard Myers, jefe del comando de las fuerzas armadas de Estados Unidos condecoró al ex gobernante en Quito, agradeciéndole la inmunidad otorgada a sus tropas en Ecuador.

Previamente, en Bogotá, Myers declaró a la prensa que su país no toleraría “países perturbadores que en América Latina no cooperen en la lucha contra el terrorismo”, algo para lo que Lucio Gutiérrez siempre estuvo a la vanguardia entre los mandatario latinoamericanos.

Por si quedaran dudas del apoyo del gobierno norteamericano, cuando Gutiérrez dictó el estado de sitio en Quito el 15 de abril, sin saber qué hacer con el descontento de ciudadanos independientes o pertenecientes a las más diversas organizaciones, se encontraba presente la embajadora de Bush, la señora Kristie Kenney. Este personaje, durante prácticamente todo el mandato del régimen depuesto entraba y salía a diario del Palacio de Carondelet, como se lo llama al Palacio presidencial.

Según publicó la prensa ecuatoriana, las oficinas reforzadas por Estados Unidos durante el gobierno de Gutiérrez son la Agregaduría de Defensa (DAO, por sus siglas en inglés), Agencia de Control y Fiscalización de Drogas (DEA), Grupo Consultivo y de Ayuda Militar (MAAG), Departamento de Seguridad Interna (DHS) y Agencia Nacional de Seguridad (NAS).

La mayoría de los cientos de militares estadounidenses que circulan por territorio ecuatoriano se concentra en dos actividades coordinadas por el Grupo Consultivo y de Ayuda Militar (MAAG). Este grupo realiza campañas médicas y de seguridad, bajo la cual se realizan actividades de espionaje y se sostienen organizaciones paramilitares.

A ellos se suman los operarios de la base de Manta, en el litoral pacífico, ocupada por el Comando Sur desde 1999, cuando se firmó un acuerdo bilateral por 10 años. Y un objetivo largamente acariciado por el imperio desde mediados del siglo XIX: convertir en base militar el frágil ecosistema de Galápagos, patrimonio cultural de la humanidad.

El dinero que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) maneja en Ecuador llega mediante el Comando Sur. Lo mismo que los recursos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), a cargo de los proyectos de alcantarillado y potabilización en los poblados de la frontera norte. Pero los analistas indican que el propósito real apunta a controlar estos recursos porque la instalación de servicios en la frontera norte parte de sus intereses para intervenir en Colombia.

Las reacciones en la región

Esta relación tan estrecha entre el gobierno de Lucio Gutiérrez y el de Estados Unidos se vio reflejada en cómo se posicionaron gobiernos y organizaciones de la región. El miércoles 20 varias organizaciones sociales e indígenas de Bolivia saludaron el movimiento protagonizado “por el heroico pueblo de Quito” que derrocó al presidente de Ecuador, a quién indicaron “un servil del imperialismo”.

El jerarca de los indios aymaras del oeste andino boliviano, Felipe Quispe, calificó a Gutiérrez de “déspota racista”, que odiaba a los indígenas. “Desde ese punto de vista ya estaba marcada su caída, porque era servil de las transnacionales y del imperialismo, por eso lo han tenido, pero últimamente, como ya no les sirve a los capitalistas, lo han abandonado”, dijo. Mejor conocido como “Mallku” (autoridad suprema en lengua nativa), Quispe pidió a los ecuatorianos mantener reservas con el sucesor de Gutiérrez, el vicepresidente Alfredo Palacio, juramentado este mismo miércoles por el Congreso, a quién describió como “la misma chola (mujer) con la pollera cambiada, de tal forma que no hay una esperanza buena para nuestros hermanos de Ecuador”, apuntó.

Otro de los que reaccionó en sintonía con el líder boliviano, fue el presidente cubano Fidel Castro, quién afirmó que la destitución del mandatario ecuatoriano Lucio Gutiérrez era previsible tras perder el apoyo de grupos indígenas que lo habían llevado al poder en 2003 y luego lo acusó de haber “estrechado filas con el imperio” estadounidense.

“Tenía la total convicción de que el caballerito (Gutiérrez) no duraría mucho”, dijo Castro la noche del miércoles en un discurso de casi dos horas, donde analizó la crisis política desatada en el país sudamericano, la cual calificó “de muy confusa”. Castro comentó que Gutiérrez “quiso parecerse a Chávez” y asumió a comienzos de su mandato “una posición progresista” que le valió el apoyo de la comunidad indígena, el partido indígena y las fuerzas de izquierda de su país. Pero “esas fuerzas lo apoyaron aunque no tenían gran confianza, ni mucha esperanza”, porque “no había otros candidatos”, acotó el mandatario cubano. Pero “se sabe -continúo Fidel -que estrechó filas con el imperio, promovió y sostuvo bases militares importantes del imperio y es considerado como un aliado”.

Uno de los posicionamientos diplomáticos que sorprendieron a los observadores internacionales fue el de Venezuela. País cuya política exterior para Latinoamérica suele coincidir con la de Cuba, como sucedió con la crisis Boliviana. De todas formas, en sentido contrario a las declaraciones Fidel pero apuntando a un mismo enemigo, apuntó a los Estado Unidos. Venezuela espera que en la crisis de Ecuador “no existan manos externas metidas”, indicó este jueves el viceministro de Relaciones Exteriores, Eustoquio Contreras. Para el viceministro Venezuela es respetuosa de la soberanía de cada país y que por ende espera que sean las instituciones ecuatorianas las que puedan resolver la situación.

“Los principios y valores de la democracia, soberanía y autodeterminación de los pueblos, que nosotros reclamamos para Venezuela, también lo practicamos para el resto de las comunidades”, dijo Contreras. Luego señaló que Caracas espera aún conocer “cuál es la base constitucional que llevó a la Asamblea a tomar esa decisión” de cesar al presidente Lucio Gutiérrez y la juramentación del vicepresidente Alfredo Palacio como nuevo mandatario del convulsionado país. El miércoles el presidente venezolano Hugo Chávez dijo que los acontecimientos de Ecuador eran “muy preocupantes” y clamó por “la paz primero que nada y porque no haya cosas más lamentables”.

Colombia, el principal aliado de Gutiérrez en la región reaccionó con prudencia frente a la crisis que sacó del poder al presidente. La ministra de Relaciones Exteriores, Carolina Barco, manifestó que Colombia siempre ha tenido una excelente relación con su vecino “que queremos seguir manteniendo, en el entendido que apoyamos la democracia, apoyamos el Estado de derecho”.

Colombia y Ecuador comparten una conflictiva frontera de 586 km, en la que actúan narcotraficantes, guerrillas, traficantes de armas y delincuencia común, pero que al mismo tiempo sirve de paso a un importante intercambio comercial binacional que alcanza los 1.400 millones de dólares anuales.

La presencia de las guerrillas en la frontera, incluso con bases en territorio ecuatoriano, los cultivos ilegales, -cuya fumigación ha dejado miles de desplazados colombianos al país vecino- y el contrabando, han sido los temas sobre los que ha girado la relación bilateral en los últimos años.

En un comienzo, la asunción de Gutiérrez en Ecuador creó incertidumbre en Bogotá por su aparente proximidad con los grupos rebeldes y sus críticas al plan Colombia. Pero luego, Gutiérrez se convirtió en un buen socio de su homólogo colombiano Alvaro Uribe, e incluso permitió la captura, en Quito, de un importante líder de las FARC, Ricardo Palmera (alias ‘Simón Trinidad’), posteriormente extraditado hacia Estados Unidos.

Ecuador participa junto con Colombia y Perú, en las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, cuya novena ronda de conversaciones se celebra precisamente esta semana en Lima (Perú), que podrían verse retrasadas por la crisis.

Pero lo cierto, es que con un solo aliado incondicional, como lo es Colombia para EEUU, la Casa Blanca buscará uno nuevo y probablemente, de cualquier manera.

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