Qué hay detrás de la Cumbre de la Sociedad de la Información: poca democracia y muchos negocios para el dueño de la pelota

Por Causa Popular.- La Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI), cuya segunda y última fase culminó en Túnez esta semana, surge como propuesta de la Organización de la Naciones Unidas, a partir de los profundos cambios políticos y económicos que se produjeron en el mundo a partir de la década del ’80. La consolidación del neoliberalismo como el modelo mediante el cual el capitalismo apostó a dejar en el recuerdo la profunda y larga crisis económica en la que entró en 1973 con la llamada crisis del Petróleo, trajo aparejado las privatizaciones y ajustes en sectores, como las telecomunicaciones y los medios masivos, que hasta entonces, salvo en los Estados Unidos, habían sido “indiscutible potestad del Estado”. A pesar de su retórica progresista la CMSI mantiene en sus objetivos de fondo los mismos que la constituyeron: garantizarle a las empresas de telecomunicaciones la explotación de las economías emergentes.

América Latina, sumida en la crisis de la deuda durante la década del ‘80, fue sometida a los designios de los Estados Unidos que por medio de la aplicación del Consenso de Washington buscó garantizarle a sus empresas la tasa de ganancia que fue cediendo en las décadas anteriores en América Latina ante la fortaleza del movimiento obrero organizado y la férrea lucha de las organizaciones populares.

El avance de los intereses privados sobre las empresas del Estado estaba claramente delineado en lo que se conoció como el “Consenso de Washington”. Los lineamientos centrales de éste “arengaban” el apoyo de los gobiernos latinoamericanos al sector privado y la liberalización de la política comercial, todo ello en consonancia con una fuerte reducción del papel económico del Estado.

En lo que respecta a las telecomunicaciones, estos cambios se materializaron en el ingreso de las empresas multinacionales, posible gracias a la liberación de mercados considerados hasta entonces como “monopolios naturales”.

La concentración de la propiedad de los medios masivos de comunicación y las industrias culturales ya no encontró obstáculos legales y políticos que se interpusieran en su camino y avanzó con fuertes inversiones y, por sobre todas las cosas, con altas tasas de ganancias.

Para entender el rol que en la actualidad pretende jugar la CMSI, es importante destacar, que de cada una de las consecuencias que trajo aparejadas este modelo económico, no estuvieron ajenos organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, pero también la ONU.

Según sostiene el sociólogo Venezolano Antonio Pasquali, en un articulo publicado en el año 2002, en una revista de Economía Política de las Tecnologías de la Información, “el Sistema de las Naciones Unidas se vio afectado en el último cuarto de siglo por un progresivo debilitamiento, descrédito y marginalización por parte de las grandes potencias, quienes dejaron atrás unilateralmente la diplomacia multilateral que había nacido con la finalización de la II Guerra Mundial y comenzaron a construir un segundo gran paradigma de cohabitación universal, una lógica mundializadora hoy casi totalmente institucionalizada y estructurada en el megaclub patronal FMI/BM/OCDE/OMC/G8 donde -y pondré el ejemplo del FMI- el voto de los Estados Unidos vale hasta 1322 veces más que el de los más pequeños estados.”

A medida que los Estados Nacionales fueron perdiendo poder a manos de las corporaciones multinacionales con base en los países centrales, este se fue concentrando en organizaciones multilaterales como la ONU, donde los Estados adherentes forman parte de sus decisiones bajo el sistema de un país un voto.

“Hoy -continúa Antonio Paquali en el artículo mencionado- paños cada día más grandes de poder decisional están emigrando abusivamente del sistema ONU al nuevo megaclub, donde los amos del mundo deciden con sus votos ponderados y mentalidad hegemónico/mercantil el destino de la humanidad; en primer lugar la OMC (Organización Mundial de Comercio), a cuyo arbitrio han quedado ahora sometidas materias que correspondían a Organizaciones, Uniones y Programas de las Naciones Unidas”

Como una muestra de como este escenario tiene su correlato en las comunicaciones, el principal responsable en organizar la cumbre, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), designado por el Secretariado general de la ONU, esta conformada en su misma estructura, por grandes y medianas empresas que, en definitiva son las que están llamadas por la misma ONU a tener competencia en aspectos sociales y de derechos.

En la actualidad la UIT cuenta en su órgano consultivo “de lujo” con la presencia de Siemens, Motorola, Bell, Nec, Alcatel, Ericsson y AT&T.

Este panorama no deja lugar a la sorpresa cuando se verifica que los mismos lineamientos del Consenso de Washington, fueron los que guiaron el trabajo de este organismo responsable de la Cumbre en materia de las telecomunicaciones: desregular y privatizar los operadores nacionales.

Si antes de la realización de la primera fase de la Cumbre en Ginebra algunos aún dudaban de estos objetivos, el documento en el que se explicitan los acuerdos de Ginebra disponible en el sitio web de la ONU así describe el escenario mundial en materia de telecomunicaciones: “Las reglas de juego internacionales desempeñan un papel fundamental en la economía mundial de la información.

En los últimos años, los gobiernos han liberalizado los tradicionales regímenes regulatorios internacionales para las telecomunicaciones, el espectro de radiofrecuencias y los servicios por satélite, y han establecido nuevos acuerdos multilaterales para el comercio internacional en los servicios, la propiedad intelectual, la ‘seguridad de la información’ y el comercio electrónico.”

Nada hace pensar que el gobierno mundial de las telecomunicaciones que la ONU dice estar tratando de democratizar pueda expresar intereses diferentes al de los propietarios de las empresas productoras de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación y los países centrales dueños de la infraestructura de las telecomunicaciones hoy.

No sólo ésta concentración del poder está claramente implícita en el organismo convocante (UIT), sino también en la denominación de la Cumbre reducida al concepto de información, mintiendo en consecuencia todo el peso de en la emisión, o sea en los que poseen la tecnología para el desarrollo de la Sociedad de la Información y la comunicación.

Como lo expresa Pasquali en el artículo ya citado “los poderes hegemónicos insisten pues en pedir que nos ‘adaptemos’ a una mal llamada ‘sociedad’ de la que ya son propietarios casi exclusivos, y cuya posesión y control no compartirán con nadie”.

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