Preguntarás por qué te banco

Los K no son de tener dos caras. A diferencia de anteriores presidentes, si se repasa lo hecho desde 2003, insisten en una misma línea de convicciones.

Cuentan quienes lo conocen que Néstor decidió estudiar economía política a mediados de los ‘90. Fue, dicen, luego de una enésima reunión en el CFI de San Martín y Tres Sargentos donde Cavallo había expuesto con su técnica habitual de prestidigitador implacable, comunicando a los gobernadores que, por enésima vez, las provincias recibirían menos ingresos coparticipados porque así se había acordado con el FMI y así llegarían las benditas inversiones que nos harían felices. Desde entonces, Kirchner comenzó a leer a Aldo Ferrer, Schumpeter, Pareto, y comenzó a entender la diferencia entre causas monetarias y estructurales de la inflación.

No es que convengan las traspolaciones históricas, pero tras los resultados de las últimas elecciones y haciendo una lectura de lo que sucedió a partir de la fallida resolución 125, la sensación de derrota nos puede llevar a creer, equivocadamente, que nos asomamos a lo que sucedió con Frondizi, quien luego de agitar el parche con la industria pesada y el desarrollo, terminó entregando la política a Alsogaray. O lo de Alfonsín, que comenzó con Grinspun y acabó con Sourrouille. Es como si se nombrara a Prat-Gay en Economía para complacer a la oposición, porque todos acabaron –según Basualdo– reportando a un capitalismo financiero basado en la diferencia positiva entre la tasa de interés interna y la internacional.

Quizás el revés del 28 no estaba en los planes porque desde el lunes siguiente comenzó a percibirse una extraña quietud en los pasillos ministeriales donde hasta el viernes anterior reinaba ese triunfalismo ingenuo que suelen cultivar los funcionarios que se creyeron la fantasía del poder.

Hubiera sido demasiado que Cristina lo reconociera en su conferencia de prensa, pero todos entendimos que era no pero sí. Y se vino el cambio nomás.

El medio es el mensaje

Amado Boudou ha devenido en simpático gerenciador estatal, proactivo, que organizó lo que Néstor había concebido: convertir a la ANSES en un Banco de Desarrollo sui generis para reemplazar la inversión privada ahora retaceada por los privados y vital para mantener el modelo porque la otra es el FMI.

En cuanto a su nuevo rol en el gobierno, por izquierda se argumentará que se formó en el Cema, y por derecha que esa plata es de los jubilados. Sin embargo, por algo los empresarios estuvieron ausentes en su jura, por ejemplo por el rumor –acaso surgido en el oficialismo– de que muy pronto se gravará la renta financiera.

Creer que Boudou se viene con un plan siniestro bajo el poncho es por lo menos ingenuo, y los afectos a ver en la oscuridad deberían buscar por otro lado. Pareciera que eso a Néstor no le preocupa mientras haga lo que él dice.

Los titulares siguen apuntando a Moreno, quien gozaría de la indiferencia mediática si dirigiera los Museos. Aunque el control de precios haga agua en algunos aspectos, en tren de entregarlo, los K pondrán un clon. Y en cuanto al Indec, con argumentos en contra y a favor, es un entuerto sin una buena solución en el horizonte. Sin embargo, ambos temas tendrán una pronta resolución a fin de desorientar un poco más.

Aníbal Fernández es peleador en público y negociador en privado, y a eso se lo toma por virtud militante. Dicen que para Cristina hubo mala comunicación, pero como bien afirmó Boot, los superávits gemelos no convocan a grandes causas nacionales. A falta de estructura partidaria, con una militancia desorientada y a veces maltratada, son los ministros quienes, además de capacidad en su área, deben ser histriónicos y buenos comunicadores.

Para el combate cuerpo a cuerpo están Agustín Rossi, un cuadro, y el inefable Fernández, campeón del retruécano. Todos nos divertimos con los chascarrillos: resultados a la vista.

Minucias

Los cambios vinieron con truenos y centellas: la advertencia de Moyano sobre recostarse en Duhalde, el fondo de las obras sociales en el APE, Recalde junior a Aerolíneas, prematuro desaire al ministro Manzur, nombramientos y desnombramientos en su ministerio, nueva línea interna cegetista.

Ese nudo marca por un lado la naturaleza y límites de la actual negociación política, pero también que la apoyatura de la CGT sigue siendo estratégica y no es cosa de entregarla por mil millones de pesos más o menos.

De Vido y Schiavi deberían ponerse de acuerdo en lo que dicen ante los micrófonos sobre subsidios y tarifas.

El rol opositor es claro y remite a la Gata Flora: si hay subsidios, es para beneficiar a los amigos. Si no los hay, se viene el tarifazo.

Hay una lucha a muerte por los subsidios entre las privatizadas, y es difícil que el gobierno cargue aumentos de tarifas sobre su debilitada base electoral, pero asoman negocios secundarios y extravagantes como un plástico para subsidiar el transporte: ¿en la mente de Schiavi figura la idea de un certificado de pobreza para acceder a tarifas preferenciales? ¿Se volvió loco el tal Schavi, o acaso administrarán ese plástico los intendentes del conurbano?

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