Política en acto

El masivo acto del viernes mostró la convivencia en primera fila de Moyano y Scioli. Como en las familias numerosas, en el PJ bonaerense creen que lo mejor es verse solo para los cumpleaños, dejando para otro momento político las reuniones que pueden derivar en conflictos irresolubles, como la participación del Movimiento Obrero en las listas legislativas, el vice de Scioli y el debate por las listas de adhesión.

Cada uno con su particularidad, los actos organizados por la Confederación General del Trabajo con motivo del 1º de mayo suelen ser termómetros que pueden servir para medir la temperatura de la coyuntura política en situación. Se trata de actos que pueden fungir como una fotografía del momento político que se vive. Las palabras, los gestos, la iconografía, los tonos del discurso, las menciones, e incluso los cánticos de la multitud, pueden servir para entender “algo” de lo que está ocurriendo con la Real Politik.

Se exponen al escarnio público quienes eligen analizar la actualidad de las relaciones de fuerza existentes en la sociedad, haciendo caso omiso de lo que pasa en lo actos por el Día del Trabajador, o analizando los hechos con la lente del prejuicio gorila (disculpen la licencia poética, pero no se me ocurre otra palabra para definir a quienes prefieren hacer hincapié en la cantidad de micros o choripanes que llegaron a contabilizar durante la jornada).

Entonces, si hacemos un repaso de todos los actos del Movimiento Obrero Organizado que se hicieron en los últimos años, vamos a tener la fotografía que buscamos.

El acto del 1° de mayo de 2008 fue un claro reflejo del enfrentamiento político que dio el peronismo contra las patronales agrarias. En realidad, ni siquiera se trató de un acto, sino de una modesta reunión en la sede de Azopardo, en la cual se dijeron algunos discursos alusivos a la fecha.

En 2009, dos meses antes de la derrota electoral en la Provincia de Buenos Aires, se realizó un acto de en el mismo lugar en el que se llevó a cabo el del viernes pasado. Claro que la tónica y el ánimo eran bien diferentes, como así también la concurrencia, sensiblemente menor a la del último.

En 2010, en pleno resurgimiento de la figura política de Néstor Kirchner, a quien ya se mencionaba como el candidato del FpV para el 2011, la CGT le cedió el protagonismo y decidió trasladar el acto central del 1° de mayo a la Provincia de Entre Ríos, donde el ex presidente fue el orador principal. El acto fue multitudinario y sirvió para mostrar que el liderazgo de Kirchner al interior del justicialismo, estaba más que asegurado.

Preludio de un acto redondo

Pasado el pánico que generó entre los Intendentes del conurbano la asunción de Hugo Moyano al frente del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires, se transita una tregua a través de la cual se intentará, de no mediar ningún imponderable, discutir las candidaturas y el armado de listas de cara a las internas simultáneas, abiertas y obligatorias del 14 de agosto.

No va a ser fácil esa discusión (nadie dijo que lo fuera), y ayuda el hecho de que Moyano esté atravesando una buena relación con varios de los Intendentes. Claro que no se puede obviar un detalle no menor: desde los días posteriores a la muerte de Néstor Kirchner, el PJ bonaerense se encuentra virtualmente paralizado. Ni para discutir el ya insoportable tema de las “listas de adhesión” se convocó a una reunión del Consejo Directivo partidario que preside Moyano. Por supuesto que esto no es una decisión del líder de la CGT, sino que forma parte de la tregua que se señalaba anteriormente.

Para entender la pax romana alcanzada por los Intendentes y la CGT, hay que retroceder unos meses y situarse en los días posteriores a la conmoción política que sacudió al país a fines de octubre del año pasado.

Durante esos días, dos Ministros del Gabinete nacional venían realizando, por mandato de Néstor Kirchner, un trabajo metódico y paciente de contención con los Intendentes del conurbano y el interior provincial. Los recibían permanentemente, e incluso los iban a visitar a sus pagos si la gravedad del tema así lo requería.

Salvo contadas excepciones como Pablo Bruera o Carlos Selva, a quienes Kirchner directamente les había retirado el saludo, la orden era “hablar con todos” para que de una vez por todas terminaran por aceptar a Moyano. Paralelamente, Kirchner convencía al líder sindical de que se amigara con los jefes comunales, y les dejara aprobar los presupuestos municipales que necesitaban para gobernar tranquilamente el año electoral que tenían por delante.

Además de Camioneros, Moyano también tiene cierta influencia sobre la Federación de Trabajadores Municipales, cuyos dirigentes no suelen llevarse muy bien con algunos Intendentes peronistas del Gran Buenos Aires.

Si bien todavía faltaba para normalizar del todo al peronismo bonaerense (sacudido por la derrota electoral de 2009 primero, y por el problema de salud de Alberto Balestrini después), a fines de octubre se estaba bastante cerca de llegar a un acuerdo de convivencia pacífica.

La muerte de Néstor precipitó la tregua y, como en las familias numerosas, todos comprendieron que lo mejor era verse solamente para los cumpleaños, dejando para otro momento político las reuniones que pudieses derivar en conflictos francamente irresolubles. Eso explica la paralización del Partido desde hace meses, y la no discusión de cuestiones híper sensibles, como los porcentajes de representantes del Movimiento Obrero en las listas legislativas, el integrante que acompañará a Daniel Scioli en la fórmula electoral, y el tan trillado debate por las listas de adhesión.

Los que fueron, los que no

Los Intendentes del Conurbano no son gente que se deje impresionar fácilmente, porque en general no son hombres de ambiciones desmedidas. Por supuesto que cada uno de ellos debe soñar, como cualquier dirigente político, con poder arengar a multitudes extraordinarias. Al fin y al cabo, son peronistas.

Entonces: ¿pudo haber impactado en la política bonaerense la enorme demostración de fuerza que realizó el Movimiento Obrero Organizado? La respuesta es no. Sirve, sí, para medir fuerzas al interior de la estructura, y para lo que ya se dijo: es el termómetro del momento político que se vive.

Sin embargo, ni Darío Giustozzi ni Raúl Othacehé (por citar dos ejemplos situados en los “extremos” metodológicos del peronismo conurbano) van a cambiar su manera de hacer las cosas por un acto de la CGT realizado muy lejos de los territorios que ellos gobiernan.

En realidad, esto no hace otra cosa que reafirmar nuestra tesis contraria a la de “Los Barones del Conurbano”, como un colectivo monolítico de hombres malos que viven conspirando juntos. Esto claramente no es así, y frente a un hecho político puntual, cada uno hace lo que le parece más conveniente para la construcción política territorial que lleva adelante.

En cristiano: el que tiene de ganas de ir a un acto va, y el que no, no.

La concurrencia de algunos Intendentes al acto (este cronista contó la presencia de al menos cinco: Díaz Pérez, Curto, Granados, Gutiérrez e Insaurralde) tiene que ver más con la empatía de estos respecto de la Confederación General del Trabajo, que con una toma de posición respecto de la interna partidaria.

Junto a Moyano estaba sentado Daniel Scioli, y eso no quiere decir que el Gobernador se haya vuelto un antagonista político. Sigue siendo Daniel Scioli, solo que ahora se lleva mejor con Moyano.

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