Polémica por las papeleras. Deshaciendo equívocos a la hora de la siesta

Nota de la Redacción: La polémica sobre las papeleras puede generar mucho ruido, pero hay veces que multiplica el conocimiento a los dos costados del Río de la Plata. Quizás esta sea una de esas oportunidades: tras la publicación en este sitio de “23 píldoras amargas” de Teodoro Boot, los comentarios orientales no se hicieron esperar. Llegaron de la mano de Horacio Caballero, columnista de Criticasesfácil.com, un sitio que aborda con nuestro mismo empeño el problema de las papeleras. Las críticas de Caballero acompañan esta edición con el título: “Huir del nacionalismo ramplón”. Apenas Teodoro las leyó, como buen polemista que es, se puso a escribir y esto es lo que dijo:

Por Teodoro Boot, especial para Causa Popular.- Nota Preliminar. Se me borró el contenido del outlook, donde, por tontería, conservaba muchísimos archivos. Es así que, entre otras muchas cosas (como la mayoría de mis notas), no encuentro una muy interesante y fundamentada de Raúl Zibechi o un reportaje al Pepe Mujica en el que, si no exageraba como yo en lo que refiere a la superficie forestada en Uruguay, le pegaba en el palo. Sí conservo los libros-reportajes de Giglio y Mazzeo, en los que habla del tema, así como su retrato, que me resisto a descolgar a pesar de todas las barbaridades que anda diciendo.

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– Monocultivos

A fin de no entrar en una polémica al cuete y evitarme una búsqueda en internet que puede muy bien demostrar que dije una desmesura, voy a aceptarlo de movida. Seguro que no es una cuarta parte del territorio uruguayo el forestado con pinos y eucaliptus, pero si se me permite, les diría a estos amigos que recorran la costa oriental del río Uruguay a fin de que comprueben que, en cuanto a porcentajes, en esa zona me quedé corto.

De todos modos, en lo que Zibechi, Mujica y yo estaríamos de acuerdo, es en que se plantaron y se están plantando eucaliptus en tierras aptas para mejores fines. Y que, a partir de las plantas de elaboración y blanqueo de pulpa celulósica, ese proceso se potenciará, a expensas de otros cultivos y actividades, generadoras de más divisas para el país. Y de mayor mano de obra. De ser uruguayo, es en esto en lo que me fijaría. Pero no tengo más remedio que mirarlo desde otro lado y, al fin de cuentas, si uno no puede evitar la creciente tendencia al monocultivo y al latifundio en su propio pago ¿cómo meterse entonces en el del vecino?

Contaminacion

Otro tanto podría decirse de la contaminación. Y sobre eso, creo que vuelvo. pero si vuelvo, será con dudas, porque lo de los «niveles» de contaminación es un asunto muy relativo y que acabaremos por evaluar recién después. Antes, que Caballero trate de ser menos perezoso que yo (no le costará mucho) y busque en internet, si quiere, acerca de la resolución de la Unión Europea que prohíbe, a partir de enero del 2007, la existencia de plantas blanqueadoras de celulosa en todo su territorio. Esta es una de las razones de ENCE, que debe cerrar su planta de Pontevedra, como lo recuerda, una y otra vez, el alcalde de esa localidad, para quien ENCE es una auténtica bestia negra.

La otra, como muy bien dice Caballero, la de maximizar sus beneficios, no tanto porque acá están los arbolitos, sino porque pagará menos impuestos, salarios más bajos y podrá aprovechar mejor las debilidades del Estado uruguayo, que son muchas si lo comparamos con la Unión Europea. No veo nada qué objetar en que un gobierno decida aprovechar estas «ventajas» comparativas para procurar inversiones, pero debería analizarse mejor si los perjuicios no serán acaso mayores que los beneficios en vez de aferrarse a esa vieja (y mucho más obsoleta que la de «soberanía») idea del «progreso» o del desarrollo industrial como panacea para solucionar nuestros males.

Más pérdidas que beneficios

Para ir al ejemplo concreto, las papeleras anuncian, en sus páginas Web, que crearán entre ambas 700 puestos de trabajo directos y unos 8000 indirectos. 4000 cada una, aunque no especifican si serán 4000 distintos. Y en tren de no especificar, no especifican nada, de lo cual podría muy bien deducirse que contabilizan a una enorme cantidad de empleos ya existentes, como los de los carpidores, hacheros o transportistas.

A cambio, y me permito asegurarlo así nomás, Fray Bentos perderá los puestos de trabajo derivados del turismo (muy mal aprovechado y desarrollado, por otra parte) y verá reducido el valor inmobiliario de sus propiedades, como ya está ocurriendo en Las Cañas. Si las plantas contaminan seriamente (que contaminan, contaminan, como lo hace prácticamente cualquier proceso industrial) no sólo destruirá la pesca artesanal, sino que afectará la actividad agrícola y tambera (según afirma el alcalde de Pontevedra, que habla todo el tiempo en las radios locales, Francia, gran importador de marisco gallego, exige que no provenga de la ría de Pontevedra. Eso muy bien puede ocurrir con los lácteos de Young, a mi modesto parecer, entre los mejores del mundo). La zona forestal tendrá adonde expandirse, y lo hará a expensas de tierras que hoy ocupan mayor mano de obra de la que requieren los arbolitos.

Franca… mente abusivas

Sería así que para Fray Bentos y el departamento de Río Negro, los beneficios de las plantas parecerían relativos. Pero ¿cuáles serían los del Uruguay? Sinceramente, ignoro si el gobierno de Tabaré modificó el convenio firmado por Batlle según el cual las plantas se radicarían en la zona franca, lo que las exceptúa de impuestos internos así como de derechos de exportación. Si esa zona franca funciona como una real zona franca, los derechos de exportación se aplicarían a la pasta celulósica sólo si se vende al Uruguay, como ocurre en la absurda zona franca argentina de Berisso-Ensenada, en la que, además, los empresarios argentinos sólo pueden ingresar sus productos luego de hacer una exportación..

En cambio, pueden ingresar libremente mercaderías e insumos a la zona franca de Fray Bentos mediante un despacho de «en tránsito». En «transito» por el Uruguay hacia la zona franca internacional. Con toda sinceridad, espero que Tabaré haya modificado este disparate, pero de todos modos reconozcamos que esas plantas NO fabricarán papel. Ni la pasta que produzcan será uruguaya.

Artigas, ¿el traidor?

En cuanto a la soberanía, o me expresé muy mal o el amigo Caballero me lee con desatención. En primer lugar, no me «lamento» de nada, ya que el momento de lamentarse era otro. Simplemente constato el hecho de que nuestros países han perdido la capacidad de tomar hasta las más básicas decisiones. Sí afirmo que hay que construir esa capacidad que, como dije en la nota, tiene límites y que, como también dije, de existir, sólo puede existir siendo compartida. Así que en esto no veo qué me critica Caballero, si estamos diciendo lo mismo. Tanto Caballero como Sosa deberán disculpar lo de la Malinche, es una metáfora que, por otra parte, no inventé yo. Aunque debo decir que Sosa me desconcertó mucho con esto de: «Es mentira, por ejemplo, que Artigas haya sido el gran traicionado, más bien fue al revés», y con su pretensión de descalificarme tildándome de «piquetero».

Orgullo piquetero

Y digo pretensión, porque en lo que a mí respecta, «piquetero» está muy lejos de ser un descalificativo. Los piquetes nacieron, hace ya unos cuantos años, en las ex localidades petroleras de Cutral Co y General Mosconi, acabadas luego de la privatización de YPF, que dejó a medio mundo sin empleo. Fue la única forma de hacerse oír de los que carecían de existencia, de obreros desocupados cuyos problemas y destino no le importaban a nadie. Acuerdo con Sosa en que los piquetes en el puente internacional son contraproducentes en muchos sentidos, pero ¿qué otra cosa puede hacer el pueblo de Gualeguaychú?, si nadie le da bolilla y el gobierno uruguayo muestra una prepotencia y una irreductibilidad merecedora de mejores causas.

Ñandubaysal

A propósito, Tabaré hablaba de «la herencia maldita» al referirse a las papeleras, convertidas ahora en «cuestión nacional». ¿Es que son tan difíciles de entender las razones de Gualeguaychú? ¿Conocen ustedes la zona? Por empezar, los desechos de las plantas, aun en el caso de que pudiera reducirse al mínimo el nivel de contaminación, arruinarán la playa de Ñandubaysal, a no más de 2000 metros de la descarga de Botnia y, para colmo, en una ensenada, que es donde «se recuesta» el agua del río. Se trata el principal balneario y camping de Gualeguaychú, el único sobre el río Uruguay. También arruinará Las Cañas, aunque en Fray Bentos se consuelan pensando en los puestos de empleo.

Adios al turismo

Pero lo importante, y siempre en la hipótesis de niveles mínimos de contaminación, es el inevitable hedor que despide el proceso. Es así, que Gualeguaychú no sólo se verá privado de Ñandubaysal, sino que los malos olores ahuyentarán al turismo, de lejos, la principal «industria» de la localidad. ¿Cuantos pueblos de 80 mil habitantes conoce el señor Sosa en que existan casi cincuenta restaurantes, por no mencionar los boliches, hoteles, etc.? ¿Por qué piensa que mencioné ese dato? ¿Qué cree que ocurrirá cuando se pierdan los miles de empleos directos e indirectos que genera el turismo? Más que duplican los que crearían las papeleras con las que pretende salvarse Fray Bentos. Imagine usted qué pasa si los elimina de golpe.

Polo

No es, seguramente, el fin de «la vida», excepto las que se tome el delito, que es la primera consecuencia de la desocupación brusca, como muy bien pudimos comprobarlo en nuestro país en las últimas décadas. No, no es el fin de «la vida». Es el fin de la vida social y económica, y la progresiva emigración. Justamente cuando en Gualeguaychú se verifica el proceso contrario. La paciente y constante política de fomentar el turismo, desarrollando infraestructura, educando a su muy antiporteña población en acoger a los visitantes e inventando nuevos atractivos (de los que Gualeguaychú está escaso, de comparárselo con Fray Bentos o Colón) tuvo como resultado niveles mínimos de desocupación, el mejoramiento de las condiciones sociales y una notoria reducción del delito. Circunstancias estas que atraen a nuevos vecinos, con todo lo que eso supone en cuanto a la revitalización de la actividad económica.

Circulos

Hasta acá, Gualeguaychú viene, económica y socialmente, en un círculo virtuoso. De acabarse el turismo, se verá metido en un círculo vicioso. El olor a huevos podridos en el aire no es precisamente algo que atraiga visitantes, a no ser aquellos que hayan escapado de un manicomio. Y con mucha o poca contaminación, las plantas de celulosa emanan olor a huevos podridos. Resulta por eso incomprensible el empeño del gobierno uruguayo en no escuchar, no conversar ni una sola vez, no analizar alternativas o nuevas posibilidades, manejándose en cambio con prepotencia y obcecación, haciendo del tema una cuestión de «soberanía nacional» (no soy yo, Caballero, el que habla de esto. Es el gobierno del Frente Amplio). El Uruguay hará valer su derecho soberano, dice Tabaré. Yo no me vanagloriaría: con un pueblito como Gualeguaychú, cualquiera es taura.

El frente amplio fue el primero.

¿Cuáles son las razones de Tabaré para ciscarse en las razones de Gualeguaychú? Resulta inevitable hacerse esta pregunta, porque, a primera vista, parece incomprensible. Es posible que Caballero esté en lo cierto y que el gobierno uruguayo esté manipulando el asunto para legitimarlo, soslayando una adecuada discusión. A decir verdad, la protesta contra el proyecto de las papeleras empezó en Fray Bentos, no sólo promovida por asociaciones ecologistas, sino por fuerzas políticas integrantes del FA. Dos ediles del FA se trasladaron varias veces a Gualeguaychú a fin de interesar al concejo municipal, dar conferencias y reportajes a los diarios locales. Hoy, esos objetores se encuentran soslayados y sin espacio en una discusión convertida en conflicto internacional.

Busti, la soja y los eucaliptus.

Dicho sea de paso, si bien Caballero no recuerda que los dirigentes del FA se hayan opuesto a las papeleras, los vecinos de Gualeguaychú tenían muy buenas razones para pensar que así sería, habida cuenta que fueron dirigentes del FA los que los interiorizaron del tema. Claro, como son de Fray Bentos, seguramente no tienen importancia. Por supuesto, el gobierno uruguayo no está solo en eso de manipular el tema hasta sacarlo de órbita y hacerlo irresoluble: lo acompaña Busti, que es quien más ha hecho para encarajinar todo. Ahora devino en «Primer ecologista», justamente él, cuya primera medida de gobierno fue eliminar el decreto firmado por su errático predecesor que prohibía la tala del monte natural.

Que es lo que se está haciendo (¡y quemándose en el campo ñandubays, algarrobos y espinillos!) para plantar soja (nuestro equivalente a los eucaliptus uruguayos) sin que al gobernador se le mueva un pelo.

Si los hermanos pelean…

Está demás hacer notar que ese «bustismo» que se me atribuye lo tomo como un agravio personal. Y además, gratuito. No dije que el gobierno uruguayo se haya «vendido» por unas monedas (ni por «un plato de lentejas», como dice Eduardo Galeano), sino que mil cuatrocientos millones de dólares son, al menos desde un punto de vista macroeconómico, una suma considerable con la que es posible justificar cualquier cosa.

Lo que muy bien puede servir de precedente para, con cifras mayores, justificar otras peores y pasarse por el tujes un par de principios. Y acá viene a cuento lo de Malinche, cuya supuesta traición puse entre comillas, precisamente porque no es traición ni algo tan simple como eso. Y de ahí las alusiones a Pizarro y etc, incluyendo a Artigas, por más que le disguste a Sosa. Se trata de una conducta recurrente, originada u originaria de una mentalidad que consiste en dirimir disputas internas recurriendo a la «ayuda» de terceros, más poderosos, lo que al cabo resulta siendo fatal.

La paradoja de pancho

Dar los ejemplos llevaría un tratado de historia, así que me conformaré con dos: fue en base a esa mentalidad que la oligarquía porteña recurrió a los portugueses para acabar con el artiguismo. Y esa misma mentalidad llevó a Pancho Ramírez a, después de haber vencido completamente a Buenos Aires, entablar «conversaciones» con su gobierno, a espaldas de Artigas. No era un «traidor», ni quería traicionar a Artigas. Tan sólo pretendía sacar ventajas propias. Y miren cómo terminó todo. (De paso, cañazo, amigo Sosa).

Amnesias colectivas

Me tranquilizaría pensar que las razones del gobierno uruguayo fueran las que supone Caballero, pero de agregarse otros datos de la realidad a la prepotencia de Tabaré, es posible sospechar otras posibilidades. Hoy, los dirigentes del FA se desayunan de que el Mercosur no sirve para nada, pero se olvidan de cuánto hicieron por eso Lacalle y Batlle. Es como si nosotros nos olvidáramos de Menem. O del caos político del que no termina de salir Paraguay. O de que Brasil, que es el que mostró mayor coherencia, no termine de entender que la integración implica inevitablemente que nos nivelemos económicamente y nos integremos política y socialmente. Pero no en abstracto, en las «cumbres», sino a partir de situaciones puntuales, empezando de una buena vez por liberar el tránsito de personas.

El litoral y la china

La protesta por la eventual contaminación de las papeleras podría haber dado la oportunidad de elaborar en conjunto un proyecto de desarrollo regional, pero no de «la gran región» sino de una región concreta, la del litoral, incluyendo la contaminación que producen otras industrias y el abuso de herbicidas y fertilizantes. En ese marco podría discutirse lo de Atucha, en vez de usarlo como excusa para justificar el propio aporte al desastre. O la contaminación del Paraná. O el desmonte desenfrenado. Pasa, tal vez, que desde Montevideo y desde Buenos Aires, el litoral queda más lejos que la China. De igual modo, los problemas y necesidades de Fray Bentos son más parecidos a los de Gualeguaychú que a los de Maldonado. Y esto debiera entenderse de una vez por todas, tanto en Montevideo como en Buenos Aires.

Cortita

La actitud del gobierno uruguayo de imponer su decisión en forma unilateral, en vez de discutir la región, le viene fenómeno al gobierno argentino para seguir desatendiendo tanto las cuestiones ambientales como el despilfarro de recursos y un modelo agrario retrógrado y pernicioso, no sólo para la naturaleza sino para la sociedad y, a la postre, el propio desarrollo económico. Esa es la paradoja de la «jugada cortita» a la que somos tan propensos y de la que las papeleras pueden llegar a ser un buen ejemplo.

Desencuentros

En medio del palabrerío «bustista» y «vazquista», de las «contribuciones» de Greenpeace, que no ayudan en nada, y el desconcierto del gobierno argentino, que no puede fingir la inexistencia de la protesta, pero le gustaría, los vecinos de Gualeguaychú se ven cada vez más impotentes y frustrados. Es esa impotencia y esa frustración la que da origen a los piquetes. Supongo que el resultado será el mismo que teme Sosa.

Pero le debo hacer notar que el intendente de Fray Bentos, que viene esquivando a su colega de Gualeguaychú desde hace meses, desde que empezaron los piquetes comenzó a buscarlo desesperadamente. «Ahora, el que no me encuentra, es él» ironizó con visible amargura el intendente Irigoyen. Las cosas hay que tratar de verlas en su contexto.

Me despido lamentando de todo corazón que al amigo Sosa le haya parecido que hablo con mentiras, medias verdades, y gritos. Ocurre seguramente que la impotencia y la frustración no son buenas consejeras para nadie. Tampoco para mí.

Teodoro Boot. (Que por contestar estos comentarios, se quedó sin siesta. Espera, entonces, que se valore debidamente el sacrificio).

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