Peronismo y Kirchnerismo

La ruptura del bloque K en la legislatura de la Ciudad y el argumento utilizado por algunos dirigentes, que sostienen para justificarla, la necesidad de reconstruir el Partido Justicialista de la Capital, nos señalan que se ha iniciado una etapa compleja en la construcción de una propuesta para el año 2011 desde las fuerzas peronistas-kirchneristas-progresistas, con vistas a la elección del nuevo Intendente Porteño.

En primer lugar es necesario destacar que esa ruptura favorece, obviamente, los intereses del macrismo y del solanismo, pero el verdadero objetivo de la misma es la revitalización del PJ en el marco de una estrategia acuerdista con el macrismo, que por otra parte fue la seguida durante 5 años por Alberto Fernández, y que a su vez se reconcilia con la posición de otros dirigentes del PJ porteño que hace rato subordinaron su identidad peronista a la ideología liberal-conservadora que propone y practica Maurizio Macri.

Pese a los deseos de algunos intelectuales orgánicos del PJ porteño que sueñan con la revitalización del ideal movimientista del Peronismo, las tendencias existentes lo que permiten vislumbrar es la consolidación del PJ Porteño como un Partido Liberal-Conservador, que busque ilusionar a la clase media sobre la moderación y el conservadurismo de los peronistas, y que contradiga la profecía de Borges, aquella que nos habla acerca de la incorrección del Peronismo.

Esa fuerte impronta movimientista que supervive la historia peronista es rescatado por estos intelectuales con argumentos parciales y sesgados, ya que recuerdan la doctrina de la Comunidad Organizada como la única partida de nacimiento ideológica del Peronismo, olvidando que la misma fue la expresión de un modelo de país muy diferente de la Argentina de hoy: un mundo multipolar surgido de la posguerra, el surgimiento de un conjunto de naciones de mediano desarrollo económico unidas en su objetivo de dar a luz el capitalismo nacional, aunadas detrás de la idea del Tercer Mundo, como decía Perón, “tan distante de uno como de otro de los imperialismos reinantes.”

Esas ideas iniciales fueron luego modificadas por innumerables páginas escritas con la rebeldía de los trabajadores y sus organizaciones sindicales, como los programas de Huerta Grande y La Falda, por las experiencias de la 1ª resistencia peronista a la libertadora tan bien contadas por la correspondencia Perón-Cooke, por la influencia del Concilio Vaticano II y la radicalización de los sectores medios, por la influencia de las revoluciones socialistas como la cubana, argelina, vietnamita. También contribuyeron a diseñar otro Peronismo la experiencia del Che en Bolivia, la emergencia social y política de la juventud en los 60, el surgimiento de las formaciones especiales, y el aporte conceptual y político de Evita como lo demuestra el hecho de su permanencia en el tiempo como guía moral del movimiento y la reciente actualización de su pensamiento revolucionario con la publicación nacional e internacional de su último libro y testamento político llamado Mi Mensaje. A estos fenómenos hay que agregar el indudable aporte de Cooke, Jauretche y Scalabrini Ortiz y también el de un intelectual enorme del Pensamiento Nacional como el Cro Norberto Galasso. Como vemos el Peronismo ya era otro. También sus ideas. Esta es la experiencia del 55 al 73.

Y luego esta acumulación teórica y doctrinaria fue sistemáticamente combatida y denigrada por el mayor intento de entrega que en nombre de esa historia que relatamos intentó el menemismo. Bajo el paraguas de la caída de la ex URSS y del fin de las ideologías, y con el argumento de la crísis del Estado y de la deuda, Carlos Menem abrió la economía al ingreso de capitales extranjeros, cambió el eje histórico de las alianzas internacionales del Peronismo, suscribiendo una alianza estratégica con los EEUU, y ello dió lugar, a la mayor entrega del patrimonio nacional, extranjerizando la economía argentina como nunca había ocurrido hasta entonces, reduciendo el poder de los trabajadores en el reparto de la torta, y generando la mayor etapa de desempleo y pobreza que la Nación recuerde. Todo eso eclosionó en 2001-2002. Fue en ese período que la sociedad fijó la demanda político-económica a la que daría respuesta el gobierno de Nestor Kirchner.

Es probable que el mismo camino que describimos para el PJ, sigan las fuerzas que intenta reconstruir en torno a su histórico conservadurismo, el ex Jefe de Gabinete de Kirchner, Alberto Fernández. Además de apoyar en la Legislatura de la Ciudad la gobernabilidad macrista, el bloque que responde a su conducción se ha caracterizado por desalentar cualquier construcción política medianamente participativa y militante de lo que fue la experiencia Kirchnerista en la Ciudad. Afecto a gobernar el partido a través de la tapa de los diarios y mediante el uso concentrado del aparato partidario, el ex Jefe de Gabinete sólo alentó como única política de poder la alianza con el sector del progresismo que conduce Anibal Ibarra, que finalmente, y como era de esperar, derrapó electoralmente por la inconsistencia de su gestión de gobierno y por las consecuencias políticas de la tragedia de Cromagñon.

En el marco de este planteo de recomposición del PJ, el Kirchnerismo, pese a haber realizado una magra elección, tiene en sus manos una oportunidad y un desafío, reflejo de la impronta que le han impuesto las fuerzas políticas y sociales que lo conforman, mas que la voluntad o cualidad de sus dirigentes. El progresivo carácter movimientista de su construcción política, la convivencia de sectores peronistas, progresistas, de la izquierda nacional, del desarrollismo, y del comunismo, con la participación protagónica de importantes fuerzas sindicales y de los movimientos sociales, le han permitido desplegar una potencia política nada despreciable para intentar el desafío de gobernar la Ciudad para hacerla más justa socialmente, con mejores condiciones de vida para todos los porteños, y al mismo tiempo, para transformarla en una urbe moderna en el funcionamiento de sus servicios esenciales y participativa y productiva en su desarrollo cultural y político.

Pero para la conquista de ese objetivo deberá desafiar la inercia existente y demostrar que puede inaugurar un nuevo ciclo en la política de la Ciudad, el de hacer política a favor de los porteños y no de los negocios privados de algunos dirigentes. Habrá que profundizar el compromiso con los sectores sociales concretos, y deberá esmerarse en abrir las compuertas que permitan la aparición de una nueva dirigencia que practique la militancia como una tarea de lealtad y consecuencia con los intereses populares y no como un vehículo para acceder a los cargos para atornillarse de por vida en los mismos. Después de las elecciones del 28 de Junio, y ante la ruptura del bloque del FPV, la fuerza que conduce Nestor Kirchner debe profundizar su carácter movimientista, sumando nuevos aliados que permitan construir una masa crítica capaz de disputar el poder en 2011 y ella deberá ser necesariamente autónoma de su mirada sobre la Ciudad y sus habitantes, aunque plenamente consustanciada con su ideal de industrialización de la Argentina con inclusión social y redistribución del ingreso.

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