Paraísos fiscales

Llamados así porque allí el control fiscal se toma unas vacaciones, suelen ser territorios marítimos de clima agradable, chicas aventureras, jet-set y hotelería cinco estrellas donde el sistema bancario recibe fondos sin preguntar nada. Pero también hay países continentales famosos por sus costumbres puritanas.

Su negocio y paradigma nacional es el secreto bancario, la vista gorda de la administración pública y cero impuestos.

La globalización informática on line ha permitido que ya no sea necesario viajar con pesadas valijas cargadas de efectivo, que pueden ser curioseadas por las aduanas de origen, para hacer los depósitos. Como muchos “inversores” acostumbran descansar cerca de sus tesoros, la industria del turismo y el esparcimiento florecen a pesar de las crisis.

En esos paraísos están autorizados los depósitos cifrados (no identificados) provenientes de la corrupción, el narco y el tráfico de armas, de manera tal que el dinero entra por un banco en cualquier ciudad del mundo, se lava en su sucursal en el paraíso y luego retorna, totalmente legal e inmaculado, a los bancos de origen.

Algunas de las corporaciones bancarias con sucursales en el paraíso son el Citicorp y el HSBC (Hong-Kong & Shangai Banking Corp.). El HSBC nació en 1845, creado por un escocés victoriano que exportaba opio y presbiterianismo a los mares de la China.

No siempre las cuentas tienen un titular nominal. Puede ser una sociedad anónima. Por eso, en los paraísos fiscales no hay control sobre ellas. Allí son totalmente anónimas, y es suficiente una licencia de conducir para ser titular de una de ellas. La operatoria a través de sociedades anónimas relacionadas, de amplio objeto societario, borra todo rastro del inversor original.

Entre los paraísos figuran islas apenas conocidas, como las del canal de la Mancha (Alderney, Guernesey, Jersey, Sirk) a tiro de piedra de las playas francesas; la isla de Man (en el mar de Irlanda), varias de las Antillas, Gibraltar, Pitcairn, antiguas posesiones coloniales británicas en el Atlántico Sur y Pacífico Sur, en el sudeste asiático, en el Mediterráneo y en el mismo Caribe que merodearon los filibusteros. Un resabio del viejo despliegue de la Royal Navy.

Holanda, Italia, Francia, China y Estados Unidos tienen sus propios paraísos. Algunos cumplen un raro papel en la conducción de la fe religiosa y la moral mundiales. Otros son solo nominalmente libres, en realidad de propiedad de alguna corporación privada. Hay países famosos por sus chocolates, su dulce de leche Conaprole y sus valses.

En los rankings de Transparency Internacional y Poder Ciudadano, los paraísos fiscales (que según cálculos de la OCDE custodian unos 11,8 billones de dólares) suelen mantenerse en los primeros lugares, los de los países sin corrupción política, porque ningún inversor confiaría su dinero a una jurisdicción con mala fama.

La lista completa es la siguiente:

Alderney
Andorra
Antigua & Barbuda
Curaçao
Aruba
Austria
Bahamas
Barbados
Bélgica
Belice
Bermudas
Cabo Verde
Caimán
Ceuta
Chile
Chipre
Cook
Costa Rica
El Salvador
Emiratos Árabes Unidos
Fidji
Filipinas
Gambia
Gibraltar
Grenada
Guernesey
Hainan
Hong Kong
Jamaica
Jersey
Labuan
Líbano
Liberia
Liechtenstein
Luxemburgo
Madeira
Malasia
Maldivas
Malta
Man
Marshall
Mauricio
Mónaco
Oman
Panamá
Paraguay
Pitcairn
República Dominicana
Samoa Occidental
Santa Helena
Sheychelles
Singapur
Sirk
St Vincent
St. Kitts
Suiza
Tonga
Uruguay
Vaticano
Vírgenes

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