“Paraguay tiene que recuperar su dignidad como pueblo”

Tras 61 años de gobierno colorado ininterrumpido, la aparición en la escena política paraguaya del carismático Fernando Lugo amenaza por primera vez la hegemonía oficialista. Lugo, ex obispo del departamento de San Pedro, una de las zonas latifundistas más empobrecidas de la República del Paraguay, encabeza un frente de fuerzas políticas, sociales, campesinas y sindicales.

El 20 de abril se celebrarán elecciones presidenciales en Paraguay. Desde el 13 de enero de 1947, el Partido Colorado mantiene su hegemonía absoluta tras expulsar del gobierno al progresista Partido Febrerista por medio de una revuelta armada. Más tarde, el colorado general Alfredo Stroessner consolidaría su régimen el 4 de mayo de 1954 mediante un golpe militar. Reelecto durante ocho períodos en elecciones fraudulentas —que lo tenían como único candidato—, gobernó el país con mano de hierro durante 35 años, siendo derrocado finalmente en 1989, año que da inicio al proceso democrático.

Un sondeo publicado recientemente por la consultora North American Opinion Research Inc. ubica a Fernando Lugo en el primer lugar con un 39% de los votos, frente a un 21% que obtendría la candidata oficialista Blanca Ovelar, quien pelea el segundo lugar junto al ex militar golpista Lino César Oviedo. Para estas elecciones se presentan siete candidatos a Presidente.

Luego de un diálogo distendido con sus adherentes, en el humilde barrio Makaí, en las afueras de Asunción, Fernando Lugo accedió a una entrevista exclusiva con Revista ZOOM. En esta conversación, el presidenciable opositor resalta su programa para combatir las injusticias y las desigualdades que castigan desde hace décadas al pueblo paraguayo. Se destacan sus propuestas para la reactivación económica con equidad social, la reforma agraria integral, la recuperación institucional del país, el combate a la corrupción, la instauración de una justicia independiente, la recuperación de la soberanía nacional y el plan de emergencia nacional para los problemas sociales más urgentes.

—¿Por qué hay que votar a Fernando Lugo para la presidencia?

—Paraguay tiene que recuperar su dignidad como pueblo y como país. Mejorar su imagen a nivel nacional e internacional. A nuestro país se lo conoce por su corrupción, por su ilegalidad, por el contrabando, por el narcotráfico. Hay que trabajar para que sea renombrado por su honestidad, su transparencia, su heroísmo, su laboriosidad, como ocurría antes. Debemos recuperar la raíz histórica de este pueblo. Estamos en vísperas de momentos importantes. Queremos que nuestro país no esté aislado del concierto de las naciones. Creemos que Paraguay tiene un futuro promisorio en tanto y en cuanto la ciudadanía se organice y apueste por el cambio real. Nuestro deseo es seguir fortaleciendo las relaciones de cooperación, de ayuda, de crecimiento mutuo con el pueblo hermano argentino, pero con equidad social.

—¿Cómo llevaría a cabo su programa de gobierno?

—Trabajando mucho y poniendo a las mejores personas. Haciendo transparentes el funcionamiento y la licitación de cargos en las instituciones del Estado. Aquí la condición óptima para ser empleado público, hasta hoy, es ser partidario del gobierno colorado. Hoy el pueblo esta revalorizando la gestión transparente y honesta. Creo que va a cambiar la imagen del país. Paraguay ha sufrido últimamente una migración muy grande, especialmente hacia Buenos Aires, España y Estados Unidos. Creemos que eso también podemos ir mejorándolo con la creación de fuentes de trabajo y dando seguridad jurídica a nivel nacional e internacional.

—¿Qué motivó su aproximación a la política?

—No dejé los hábitos por quererlo, me lo han pedido, como todos saben. Estoy haciendo esto por el país. En quince días se juntaron más de 115 mil firmas y el 17 de diciembre de 2006 se presentaron estas firmas. Eso fue muy importante. Además, está la motivación, inherente a la misma naturaleza, de ayudar al propio país. Nací paraguayo, amo este país. Quiero y creo que este país puede ser mejor y creo que mi concurso hoy o, como suelo decir, la injerencia política de Fernando Lugo es como una primavera que pasa rápidamente. La política debe estar en las manos de los políticos, pero hoy la ciudadanía mayoritariamente me da su confianza, y yo quiero retribuir esa confianza con trabajo comprometido con amplios sectores del país.

—¿Cómo proyecta al Paraguay en los próximos años?

—Veo a Paraguay integrado al MERCOSUR en igualdad de condiciones, especialmente aliado a los Estados vecinos. Lo veo gobernado por los mejores hombres, planificado en las oficinas estatales con mejor gente en la función pública. Tengo la confianza de ver a Paraguay atrayendo a su gente a vivir en sus tierras porque habrá seguridad jurídica, personal y social. Proyecto un emporio de crecimiento y de desarrollo en donde el pueblo pueda recuperar su dignidad, como paraguayos y como personas. Yo creo que eso lo lograremos todos juntos.

—¿Cómo describiría a Paraguay bajo el actual gobierno?

—Es un obstáculo para la prosperidad del país. Son 60 años de una estructura de un partido hegemónico, de una estructura jurídica dependiente del poder político, de una estructura electoral fraudulenta. Es un Estado ineficaz, ausente. Ausente porque hay muchas zonas en las que no está presente de ninguna forma. Es ineficaz porque hay una gestión que dice a las claras que no se hace bien lo que debería hacerse. Hay negligencia en quienes administran el Estado. Como ejemplo tenemos el hecho de que se hayan vencido alrededor de 1.200.000 vacunas para la fiebre amarilla. Que hoy se estén pidiendo vacunas a todo el mundo da cuenta de un Estado impredecible, que no programa y que tiene funcionarios ineficaces e ineptos.

—¿Qué opinión le merecen los actuales sucesos de violencia y asesinato de militantes sociales?

—Toda esa situación demuestra una democracia imperfecta y frágil. Un sistema que aún no ha logrado salir de la persecución y la irracionalidad. Nosotros queremos hacer una democracia pluralista, respetuosa de todos los sectores, de todos los pensamientos. Por ello, el pueblo está creyendo en nosotros. Creemos y queremos un Paraguay diferente para todos los paraguayos y los extranjeros que apuestan a vivir en el país.

—¿Cómo interpreta lo que el pueblo quiere y cómo pretende llevarlo a cabo?

—En Paraguay, la gran mayoría tiene fe en el cambio. Ya recorrimos dos veces el país y tuvimos más de seiscientas reuniones. No dimos ningún discurso, solo escuchamos a las comunidades: cómo viven, qué sienten, qué quieren que suceda en su país y de ahí salió una palabra mágica: cambio. Me viene a la memoria una canción que dice: “esta vez no se trata de cambiar a un Presidente, sino de construir un Paraguay diferente”. El presidente se cambia cada cinco años y esta vez no se trata de eso. Hablamos de llevar a cabo cambios profundos. Por ejemplo, en nuestro programa tenemos la reforma agraria como fundamental e inminente. Hay 300 mil campesinos sin tierras y hay muchos latifundios improductivos. Esa es una gran contradicción. Como ya lo dijera Augusto Roa Bastos, “Paraguay es el lugar donde hay muchos campesinos sin tierra y muchas tierras sin campesinos”. Este es el primer programa de reforma agraria y no sólo consiste en otorgar tierras, porque muchas de ellas ya fueron dadas. En los últimos veinte años se cedieron once millones de hectáreas, pero el error de estas políticas fue y es el de tirar a los campesinos en el monte y abandonarlos allí. Eso no es una reforma eficaz y planificada. La reforma agraria requiere acompañarlos, darles créditos y asistencia técnica para que sepan qué y cómo cultivar, garantizar que sus cosechas sean compradas a precios justos, que vendan bien la producción, que posean todos los servicios básicos, entre otras acciones. La gran mayoría de la población de Asunción proviene del interior porque en nuestros pueblos no hay universidad, no hay trabajo, no hay centros de salud ni hospitales, y luego nos quedamos aquí en la Capital o en sus alrededores. La reforma agraria es solamente una de las medidas que deben tomarse para que los paraguayos vivamos bien. Nosotros, numéricamente, somos pocos. Somos una población escasa de sólo seis millones de personas, y eso se agrava al incluir a la gran cantidad de emigrados que disminuyen el número de ciudadanos. Afortunadamente hay una gran tasa de natalidad, muy fructífera, que puede revertir este movimiento poblacional. Solo tenemos que organizarnos y cambiar para vivir mejor.

—¿Cuál es la estrategia para que Paraguay salga de su crisis económica y mejore los niveles de vida?

—Esa respuesta está contemplada en otro punto de nuestro programa: el crecimiento económico con equidad social. Paraguay tiene las condiciones para que todos vivamos saludablemente. Podemos vivir de manera digna todos los que habitamos este país, pero lastimosamente un grupo pequeño vive ostentando fortunas, mientras la gran mayoría lo hace en condiciones paupérrimas. Se reparte la torta de manera parcial e injusta. Cuando hablo de inequidad me refiero al contraste entre aquella gente que apenas alcanza a comprar su comida cada día en la despensa de la esquina y aquellos otros que van de compras masivamente a Buenos Aires, San Pablo y Miami, para adquirir bienes suntuosos. Es bueno que Paraguay crezca económicamente pero no es bueno que unos pocos acaparen todo. Hay mucha diferencia social en nuestro país y eso es lo que queremos reducir. No digo que igualaremos a todos en poco tiempo pero al menos lograremos disminuir la brecha.

—¿Qué papel institucional tendrá el idioma guaraní dentro de su gobierno?

—Durante todo el tiempo que estuve en San Pedro, nuestro primer idioma era el guaraní. Se implementará en las instituciones una amplia libertad de promoción del guaraní, que tanto se necesita porque es parte fundamental de nuestra cultura y de nuestra identidad nacional. Se reivindicará como lengua tradicional.

—Sabemos que el sistema electoral paraguayo se encuentra altamente cuestionado en estos días, ¿su programa de gobierno comprende algún punto con relación a un cambio del sistema y de la justicia electoral?

—Primero hay llegar al poder y luego, inevitablemente, cambiar el control electoral. La justicia electoral tiene que ser imparcial. Ahora existe una parcialidad manifiesta. Y eso genera crisis y falta de credibilidad en una institución que debería ser muy transparente por su importancia y su función de garantizar las elecciones democráticas en el país. En estas elecciones la máquina de fraude que se llama Justicia Electoral no va a poder detenernos. Lo que el pueblo —o su mayoría— decida, se tendrá que respetar. No se puede manipular ni doblegar la voluntad y el resultado. De esto hay muchos antecedentes. Por ejemplo, en el ’92 triunfó Argaña y le robaron las elecciones. Lo mismo pasó ahora en las internas del Partido Liberal y en las del Colorado. En nuestro país siempre sucede lo contrario: el que ganó, pierde y el que perdió, gana. El pueblo está organizado y sabe que en esta oportunidad no pasará eso. Sabe quién estará en la mesa. Nosotros decimos que seremos 50 mil tigres hambrientos vigilando todo. Y eso se llama control electoral. La gente muchas veces prefiere quedarse en casa porque sabe que le robarán las elecciones. Pero esta vuelta sabe que no será así, pues se le dará el triunfo a quien gane. Esto se logra sólo con el control electoral. Recuerdo que en los años ’70 nos juntaron a todos los profesores y nos llevaron a un hotel. Allí nos enseñaron cómo hacer trampa en las elecciones. Desde aquel momento ya pasaron 38 años de perfeccionamiento de técnica fraudulenta en la justicia electoral. En estas elecciones no se repetirán esos mecanismos, se controlarán las actas, las huellas dactilares y se terminará con el “voto calesita”. Las actas tendrán números y barras de seguridad y así se dará fin a la estrategia de cambio y adulteración de documentos. Se llevará a cabo un control electoral riguroso. Todas las encuestas de medios nacionales e internacionales nos dan arriba entre 12 y 14 puntos, eso se traduce más o menos en 250 mil votos. Y eso es muy difícil de alterar.

—¿De dónde se obtendrán los recursos para llevar a cabo la propuesta de cambio que Ud. menciona?

—Nosotros sabemos que este país tiene muchos recursos. El primero y el más importante es nuestra energía hidroeléctrica. Sin embargo, recibimos solamente 260 millones de dólares de Itaipú al año porque la energía se vende a Brasil muy barata, a precio de costo. Si vendiéramos a precio de mercado nuestra energía, alcanzaríamos, al menos, 3.500 millones de dólares anuales, y con eso ya se cubriría la mitad del presupuesto nacional. El dinero que actualmente se recibe es captado en el camino por un reducido grupo que vive en la bonanza. No se reparten adecuadamente los grandes recursos de nuestro país, como ya sostuve anteriormente. Están en manos de unos pocos y la gran mayoría la pasan mal, por eso nosotros afirmamos que nuestro programa también contempla la recuperación de la soberanía. No se está gobernando más en nuestro país, amigos… se otorga todo al extranjero.

—¿Cuál será la primera acción del gobierno con Lugo como presidente?

—Desde el primer día iniciaremos una gran campaña para retomar la decisión sobre la explotación de la energía; y si lo conseguimos, más de 120 mil puestos de trabajo se crearán. Dentro de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC) elaboramos nuestro programa sobre problemáticas reales, sobre las situaciones que atosigan a las personas. Es por ello que, como afirmé anteriormente, es fundamental la recuperación de la soberanía energética y territorial. Hace poco nos reunimos con los colonos, llamados “brasiguayos”, brasileños que migraron a Paraguay y allí poseen o explotan tierras, en la zona de Alto Paraná. Y ellos nos preguntaron qué podían esperar del nuevo gobierno, porque se rumorea que serían expulsados de sus tierras, no bien yo asumiera la presidencia. Y ese es exactamente el mensaje que les han hecho creer a ellos y a los empleados públicos. Se les advierte que ni siquiera se acerquen a nuestros actos. A pesar de esto, muchos funcionarios se acercan, incluso muchos de ellos afiliados al Partido Colorado, de vida moral y pobre, para sumarse a las filas de la APC. La gente ya no se teme a las amenazas, y eso es bueno si realmente queremos hacer un cambio. Si actuamos bajo el terror seguiremos en este escenario por siglos y siglos.

—Hablamos ya del sistema electoral, cambios económicos, recuperación de la soberanía y equidad social. ¿Cuán importante es para Ud. el papel de la justicia en este cambio que promulga?

—En nuestro programa la justicia constituye un tópico fundamental. Actualmente está mal manejada. Los miembros de la Corte Suprema se eligen mediante reuniones de las cúpulas de los partidos: sus líderes se juntan y se reparten, por ejemplo, cinco para el Partido Colorado y cuatro para el partido opositor. La ley no puede cambiar según quién juzga o quién es juzgado, debe ser objetiva e imparcial. Nosotros creemos que los miembros de la Corte no deben pertenecer a ningún partido. Porque si pertenecen a un partido siempre obedecerán ese mandato, porque fue quien le dio el nombramiento. La justicia debe ser independiente sin lugar a dudas, y debe estar impartida por las personas más idóneas. Debemos remarcar que todos somos iguales ante la ley. La igualdad jurídica está estipulada en nuestra Constitución.

—En todo este nuevo proceso de cambio, ¿qué rol juegan las instituciones estatales, que son, por excelencia, de tinte colorado?

—Justamente, para responder a esta pregunta puedo hacer mención de otro de los puntos programáticos: la recuperación de las instituciones de la República. Durante 60 años un mismo partido se identificó con el Estado. Esto no puede ser así. Hace algunas semanas nos acercamos al INC (Industria Nacional del Cemento) y nos cerraron las puertas en la cara. No pudimos acceder a las instalaciones. Lo mismo nos pasó en ESSAP (Empresa de Servicios Sanitarios de Paraguay). También fuimos a la Municipalidad de Asunción y nos hicieron lo mismo. Allí nos sentamos e hicimos una protesta pacífica hasta que por cansancio nos abrieron las puertas. Debemos tener muy en claro que las instituciones del Paraguay son de todos los ciudadanos paraguayos, no de un grupo reducido. Son lugares públicos con empleados públicos, cuyos sueldos son pagados por todo el pueblo que colabora con sus impuestos. Las autoridades no les pagan, sino toda la población. Muchas veces la gente no tiene conciencia de esto. Creemos que las instituciones deben ser recuperadas para servirle a toda la ciudadanía.

—¿Qué cambios ve en la ciudadanía con respecto a escenarios electorales anteriores?

—Hay una cosa fundamental que debemos incorporar y es que quien debería mandar en nuestro país es el pueblo. Pero ¿por qué no ocurre esto? A veces no quería participar ni involucrarse ni organizarse. Y de esa forma no se cambia nada. Pero ahora es diferente: de norte a sur y de este a oeste la gente se levanta y pronuncia que este es su momento. El pueblo se está organizando y se hace escuchar. Debemos tener fe, seguridad, esperanza y certeza, porque la victoria ya está en nuestras manos. Si hubiera sido por pequeñas modificaciones no hubiera dejado mi vida sacerdotal, pero por un cambio radical sí lo creí necesario. Nosotros decimos que ya hemos ganado, por el simple hecho de haber conjugado varias fuerzas políticas en la Alianza. Hacía mucho que en nuestro país no había unidad y haberla logrado constituye el primer triunfo. En el año 2003, el 40% de la población no participó. Nicanor Duarte Frutos obtuvo solamente el 37%. Si ese 40% hubiera participado, Duarte Frutos no hubiera ganado las elecciones. A nosotros las encuestas nos dan un 39% o 40%. Estamos convencidos de que se debe devolver la soberanía y el poder al pueblo paraguayo.

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