Otro nieto recuperó su identidad

Tiene 32 años, nació en la ESMA y es hijo de Graciela Tauro y Jorge Rochistein. Ayer la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, anunció la recuperación del nieto 102, cuya identidad todavía permanece en reserva para protegerlo y no exponerlo anímicamente. Reproducimos el comunicado de Abuelas.

Las Abuelas de Plaza de Mayo tenemos la felicidad de comunicar que hemos encontrado al hijo de María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, desaparecidos el 15 de mayo de 1977 por el terrorismo de Estado. El joven, apropiado por un represor, se negaba a realizarse los exámenes genéticos, por lo que el juez federal que lleva adelante esta causa, Rodolfo Canicoba Corral, decidió una medida de último recurso para poder restituir su derecho a la identidad. Mediante una requisa de ropa se logró extraer el ADN necesario para establecer que se trata del hijo del matrimonio Tauro-Rochistein, que desde hace más de treinta años las Abuelas y sus familiares venimos buscando.

Los Padres

Jorge nació el 25 de octubre de 1952 en Bahía Blanca, provincia de
Buenos Aires. Tenía una hermana mayor. Su padre era comerciante. Era propietario de una fábrica de carteras en Coronel Suárez, la que más tarde trasladó a Bahía Blanca. Jorge estudió Ciencias Económicas en la Universidad Nacional del Sur. Militaba en la organización Montoneros y sus compañeros lo llamaban “El hippie”, “Ricardo” o “Iricardo”. Era alto, de ojos claros, cabello castaño, ondulado y usaba bigotes.

María Graciela nació en la ciudad de Bahía Blanca el 9 de febrero de 1953. Era la mayor de dos hermanas. Su familia la llamaba “La Gracie”. Su padre era tornero en los talleres del ferrocarril. Junto a su mujer, eran propietarios de un kiosco. Graciela estudió la carrera de Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur, hasta tercer año. Ya viviendo en Buenos Aires, trabajó como empleada en una fábrica. Militó en la JUP y luego en la organización Montoneros. Sus compañeros la conocían como “Raquel”, “Chela” o “Quela”. Graciela era muy linda, alta, de ojos verdes, cabello oscuro y ondulado.

La pareja se conoció en la etapa de la militancia en el ámbito estudiantil. Después de un largo noviazgo, se casaron en Buenos Aires el 30 de enero de 1976. Vivieron en varios lugares del Gran Buenos Aires.

Fueron secuestrados el 15 de mayo de 1977 en la localidad de Hurlingham, zona oeste del Gran Buenos Aires. La joven estaba embarazada de cuatro meses y medio. La pareja fue vista en la Comisaría 3º de Castelar. María Graciela también fue vista en el Centro Clandestino de Detención “Mansión Seré” y en la ESMA donde en noviembre de 1977 dio a luz un varón, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco, según los testimonios de quienes compartieron su cautiverio.

El caso

El caso de este joven lleva ya varios años de tramitación en la justicia federal. Un represor aseguró que era hijo del matrimonio Rochistein-Tauro desaparecido durante la última dictadura y allí comenzó la investigación para restituir su identidad.

Como en otros casos, el joven se negaba a realizarse el análisis de ADN. Fue así que el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la que se expidió en contra de la extracción obligatoria, pues aún había medidas alternativas para obtener ADN. Las Abuelas deseamos por sobre todas las cosas que nuestros nietos recuperen su identidad, pero también que este proceso sea lo menos traumático posible. El juez Canicoba Corral ordenó entonces la realización de un allanamiento para obtener muestras de ADN de objetos personales, pero como también ha ocurrido en otros casos, las pruebas fueron fraguadas y resultó imposible reconstruir el perfil genético del joven. Casualmente el jefe policial de aquel operativo fue el mismo que intervino en los allanamientos de la causa que intenta esclarecer la identidad de Marcela y Felipe Noble Herrera.

Frente a las dificultades para obtener material genético suficiente que determinara la identidad del joven, el juez Canicoba Corral adoptó una medida de último recurso que finalmente logró resolver el caso. Una requisa imprevista de ropa del joven posibilitó obtener las muestras de ADN que hoy restituyen la identidad al hijo de María Graciela y Jorge Daniel y con ella la libertad para comenzar este camino hacia la verdad.

Abuelas de Plaza de Mayo

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