Otra vuelta de tuerca con las papeleras en el Río Uruguay: ahora los gobiernos de Misiones y Corrientes ya no piensan lo mismo

Por Causa Popular.- Todo comenzó en mayo de este año. Una protesta que movilizó a más de 40 mil personas en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú-sobre una población de 90 mil habitantes- fue lo necesariamente contundente para instalar en la agenda de las relaciones bilaterales entre Argentina y Uruguay las consecuencias ambientales que traerían para la región la instalación de dos plantas de celulosa sobre la ribera del Río Uruguay. Mientras se prepara una marcha hacia las embajadas de los países de origen de las empresas, los gobernadores de Corrientes y Misiones, hacen oídos sordos a los gritos del pueblo entrerriano y llaman a las cuestionadas papeleras de origen español y finlandés a instalarse en sus territorios. Algunos detalles de una historia propia del lugar que los países más desarrollados pretende reservarles a los pueblos del “tercer mundo”.

Según un artículo escrito por el Centro de Derechos Humanos y Ambiente (CEDHA) publicado por Argenpress.info en septiembre pasado: “Las empresas europeas ENCE (España) y BOTNIA (Finlandia) dos de las más grandes papeleras del mundo, con una larga historia de contaminación, fuertes rechazos por parte de las comunidades vecinas a sus fábricas y severos problemas con la ley, lograron convencer al gobierno Uruguayo que abra sus puertas para la inversión más grande de la historia del país: un proyecto de más de mil millones de euros (mil doscientos millones de dólares) destinados a la construcción de dos fábricas de procesamiento de pulpa de papel, que se ubicarían en los márgenes del Río Uruguay, recurso hídrico internacionalmente protegido que constituye el límite natural entre los países Uruguay y Argentina. Se trata precisamente, de una región rica en recursos naturales, idílica para el descanso y el turismo.”

A pesar de los reclamos del gobierno Argentino, cuyo canciller se reunió en varias oportunidades con las Asamblea Ciudadana Ambientalista (ACA), y su presidente recibió a esta misma organización en los despachos de la Casa Rosada, el presidente uruguayo Tabaré Vásquez mantuvo en forma intransigente que “no habrá marcha atrás” en la construcción en la ciudad de Fray Bentos de estas dos plantas de celulosa.

Aunque el presidente uruguayo es un reconocido oncólogo en su país, las denuncias respecto a que el tipo de contaminación que producen estas plantas es cancerígena -entre otras consecuencias-, hasta el momento no parecen haber significado ningún tipo de preocupación para Tabaré.

Según el articulo citado “las papeleras de ENCE y BOTNIA utilizarán tecnología de segunda categoría en la producción de la pulpa. Emplearán un proceso de alto contenido de cloro que combinado con los químicos propios de este tipo de producción resultará en el descargue de monóxido de carbono, dióxido de azufre y dióxido de cloro que resultan en la introducción de dioxinas y halógenos orgánicos absorbibles, en el agua y la atmósfera.

También se generará una acumulación preocupante de residuos de plomo, cadmio, cromo y arsénico en el suelo y en las aguas de la zona. Todos estos elementos son causantes comprobados de una larga lista de enfermedades relacionadas con problemas de desorden genético, cáncer, respiratorios y enfermedades cutáneas.”

Hoy la instalación de las papeleras se está dirimiendo en el plano internacional. El gobierno Argentino ya presentó largas y argumentadas quejas ante numerosas instituciones entre las que se cuentan: el Banco Mundial (quien financiará una parte de la inversión a través de su agencia CFI), el gobierno Uruguayo, los bancos privados de BBVA de España y ING de Holanda (a cargo de financiar otra parte de la inversión), y ante los tribunales internacionales que velan por la protección de los derechos humanos, derechos que quienes rechazan su instalación argumentan serán afectados por la degradación ambiental de las papeleras.

Pero en los últimos días, lo que parecía una confrontación sin fisura entre dos gobiernos, y un pueblo movilizado -con la extraña ausencia del pueblo uruguayo que no parece preocupado por las consecuencias ambientales que también sufrirán las poblaciones de su país ubicadas en la rivera del Río Uruguay-, el gobernador de Misiones Carlos Rovira y de Corrientes Ricardo Colombi, mostraron que el frente Argentino ha comenzado a deja de ser tan sólido como hasta ahora.

Según declararon a la prensa esta semana, para estos gobernadores las papeleras no deberían representar un problema para esa región argentina.

Para Colombi, de la Unión Cívica Radical, “Siempre que se cuiden los aspectos ambientales, no veo por qué no podemos contar con una fábrica de papel en Corrientes”.

Colombi, interesado en que un holding chileno construya una papelera en la localidad de Santo Tomé, se preguntó porqué Corrientes “debe ver cómo se llevan sus árboles en rollizos, en camiones, y se rompen rutas sin la posibilidad de procesarlos acá”, mientras la provincia vecina de Misiones tiene tres plantas de celulosa.

Por su parte el gobernador de Misiones, Carlos Rovira, sostuvo que “la actividad -en su provincia- se desarrolla normalmente bajo control oficial, sin agredir el medio ambiente”.

Rovira no sólo desconoce la diferencia de las dimensiones entre las empresas instaladas en su provincia y las que se construyen en Uruguay, sino que también como escribiera Teodoro Boot en este mismo sitió en una nota publicada el 7 de mayo de este año: “Tal vez piensen, como Tabaré, que si hay papeleras instaladas en las márgenes del Paraná ¿por qué no puede haberlas en el Uruguay?. Como lo oyen.

Lo dijo Tabaré en Buenos Aires, como para asombrar al mundo: son justamente los daños ambientales provocados por esas pequeñas papeleras en el Paraná lo que debería alertar sobre la inconveniencia de instalar dos enormes plantas en el Uruguay.

Hoy Tabaré puede bañarse en Buceo, si así le place. Para bañarse en Olivos o Vicente López deberá tomar la máquina del tiempo y viajar cuarenta años hacia atrás. ¿Por qué cree que ocurre eso?. ¿Por algún misterioso castigo bíblico o por la salvaje contaminación del Paraná, el Luján, el Bancalari y el Reconquista, que ha destruido, tal vez para siempre, la ribera bonaerense del Río de la Plata?

Si ese es el modelo que las autoridades orientales pretenden imitar, sería bueno que fueran instalando unos cientos de curtiembres en Mercedes: en poco tiempo tendrían al río Negro convertido en una de las tantas porquerías que apestan la provincia de Buenos Aires.”

Por primera vez desde que empezó el conflicto al que el propio presidente Néstor Kirchner calificó como “una cuestión nacional”, Argentina muestra las mezquindades de su dirigencia para la que los beneficios económicos suelen encandilarla tanto, que llegan a desconocer las sobradas pruebas que existen sobre las consecuencias ambientales que las fábricas en cuestión traen aparejadas.

Una vez más, como en numerosas oportunidades es el pueblo movilizado el que muestra con sus actos la coherencia de quienes continúan la inclaudicable pelea por el bien común.

En este caso el pueblo de Entre Ríos, es el que se muestra dispuesto a no dejar que uno de los ríos que rodea su geografía sea contaminado.

Los pobladores de Gualeguaychú, Colón y Concepción del Uruguay comenzaron a organizar una marcha para el próximo 30 frente a las embajadas de Finlandia, España y Uruguay en Argentina para rechazar a instalación de las papeleras en Fray Bentos.

Edgardo Moreyra, integrante de la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú, precisó que la decisión de marchar a las sedes diplomáticas se tomó el pasado jueves 17 de noviembre durante la conformación del Foro de las Asambleas ciudadanas Ambientales de la Cuenca del Río Uruguay. Este foro, que está integrado por ambientalistas de Gualeguaychú, Colón y Concepción del Uruguay, se constituyó durante una reunión realizada en la Escuela Normal de Concepción del Uruguay.

Moreyra explicó que la entidad se conformó con la intención de intensificar la lucha que vienen desarrollando las asambleas ciudadanas del oriente entrerriano. Durante la marcha a las embajadas las organizaciones insistirán en recalcar “un rotundo ‘no’ a la instalación de las papeleras en América del Sur, pero sí en Finlandia y España”.

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