Números de amor

Aguardientes. Segunda temporada.

El está loco. Loco porque sí, y porque sí loco por ella.

A ella la gobiernan los números, la conducen, la ordenan, le dan sentido a su existencia.

La conoció un año atrás, después que se mudara a ese departamento de la calle España. Quedó impactado, su austeridad, su encanto, y esas maneras medidas de decirle qué hacer, qué esperar, qué imaginar. El don de gentes, eso es, el don de gentes y la imperturbable manera de ser siempre igual con él, siempre dispuesta a decirle cada cosa, sin impaciencia, casi con abnegación.

Falto de madre, arrebatado de un dolor de amor que lo postró por seis meses (y cuya secuela aún regresa con filo de cuchillo y sabor amargo en esas noches de insomnio), inclinado a las relaciones estables por defecto y por naturaleza, ella lo sedujo de inmediato.

A qué atenerse, eso es lo que él necesita saber en una relación de pareja: a qué atenerse. La pasión y sus arrebatos, la propia lujuria (la doméstica y permitida, no la prohibida por el mandamiento) tenía valores y atracción, pero a la postre dolía demasiado. Esto era mejor, seguro, sano, previsible, y con la entrega total a cualquier requerimiento.

Lo hacía sentirse atendido, considerado. Esa disposición casi beatífica que ella tenía para con él jamás la había recibido de nadie. Nunca una palabra fuera de tono, nunca una discusión. La vida transcurría precisa y estable desde el día en que la conoció.

Fue a finales de agosto de 2005. Ese día había sido un día terrible, de una semana terrible, de un año pavoroso. Beatriz lo había abandonado por teléfono justo la semana anterior a la mudanza. Los siete días siguientes no recuerda qué hizo ni cómo. Sólo sabe que esperó en su casa la instalación del cable, de Internet y del teléfono. No recuerda haber comido, o haber comido alguna cosa que pudiera recordar. El impacto había sido brutalmente amortiguado por una botella completa de güisqui. Cuando los muchachos de la telefónica se fueron él se comunicó con la empresa de servicios de Internet. Y así la conoció. Así pudo saltar de una vez desde el oprobio de un amor humillante hasta el páramo umbrío y pacífico propiciado por una voz de mujer.

“Si desea adquirir alguno de nuestros servicios marque uno, si necesita contactarse con el departamento técnico, marque dos, si quiere conocer el estado de su cuenta marque cuatro, si quiere pagar el servicio con tarjeta de crédito marque cinco, de lo contrario aguarde que uno de nuestros representantes lo atenderá.”

Fulminante. Amor a primera oída.

El está loco. Loco porque sí, y porque sí loco por ella.

A ella la gobiernan los números, la conducen, la ordenan, le dan sentido a su existencia.

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