Nos incomoda Fidel

“Los filmes hollywoodenses nos hicieron acostumbrar a ver el mundo en blanco y negro. Buenos y malos. Héroes y villanos”

fidel

¿Fue bueno o malo? Me preguntaron mis hijos mientras me veían cambiar de canal para escuchar la noticia que repicaba en los distintos medios. Distintas miradas. Algunas antagónicas. Se vuelve difícil encontrar un análisis equilibrado. Prócer para unos y dictador para otros. Cuba, resto del mundo, Miami.

 

Los filmes hollywoodenses nos hicieron acostumbrar a ver el mundo en blanco y negro. Buenos y malos. Héroes y villanos. En historias individuales, narcisistas y desprovistas de todo ser colectivo. El 25 de noviembre murió un líder de masas. Que no se entiende fuera de la multitud que representó. Un discurso largo de Fidel ante cinco tipos hubieran sido las palabras de un loco. La multitud le dio sentido. ¿Es buena la multitud? ¿Se equivocó el pueblo de Cuba? Qué sé yo. ¿Son buenos los que festejaron en Miami?

 

¿Qué hubiera sido Cuba sin Fidel? ¿Unas hermosas playas con hoteles custodiados por soldados con ametralladoras? ¿El espejo de otros países del Caribe donde campea el hambre y la más cruel miseria? Puede ser, puede que no. ¿Sería mejor Cuba con los que celebraron en Miami?

 

Un líder de masas. Un revolucionario. Terremoto en la historia. Redención de los pobres. Reñido con las formas republicanas. Más de cuarenta años gobernando no permiten dudar acerca de que no fue un demócrata por lo menos en el sentido occidental del término. Autoridad y también autoritarismo. La primavera negra del 2003 y los balseros. Las damas de blanco. Justicia social. La mejor salud y educación del continente. Resistente ante el bloqueo y la agresión imperialista. Solidaridad con América Latina y los pueblos del tercer mundo. Ayudó a enterrar el apartheid y los últimos colonialismos. Siempre del lado palestino. Del lado de los débiles.

 

Es indudable que la clase media de un país latinoamericano se hubiera visto coartada en su libertad y ansias de consumo en Cuba. Pero los excluidos de esos mismos países encontrarían en esa isla sus necesidades básicas satisfechas y mayores certezas que incertidumbres. Trabajo, salud, educación. Fidel puso como nadie en tensión la posibilidad de la convivencia de la justicia social y la libertad. Tensionó al máximo todos los postulados. Sabemos que la libertad absoluta no existe. Que la mano invisible del mercado no provoca sino riqueza de un lado y miseria del otro en una cruel desigualdad. ¿La solidaridad y la justicia social son valores que pueden librarse al hombre o deben ser un imperativo garantizado por el Estado? ¿La solidaridad debe ser espontánea u obligada? Estado o libre albedrío. Sociedad y Estado, esa armonía imposible. No nos deja dormir tranquilos, Fidel.

 

¿Fue bueno, fue malo? No hay respuestas tranquilizadoras. Porque fue justamente alguien que incomodó y se burló de las certezas, símbolo de la rebeldía de un siglo XX que no se resignaba a morir. Bueno y malo según qué se mire y quién lo mire. Nos incomoda, Fidel.

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