Desde el siglo pasado, es en abril cuando comienzo a dictar clases. América no invoco tu nombre en vano y los cien años de soledad. Con Eduardo Galeano, nosotros decimos no. Con Gramsci, todos los hombres son intelectuales y los intelectuales se forman en la escuela. Un cuarto propio para Virginia y hasta no verte Jesús mío en el vaso fondo blanco de la Jesusa. Las tacitas durax de la militancia, y los diarios de motocicleta. Desde hace ya un par de años, mis colegas y yo nos presentamos desde las palabras de un libro. El libro de la vida con los nombres inscriptos en él y la biblioteca analógica del polvo enamorado o ensangrentado: cuáles fueron las lecturas más conmovedoras que nos trajeron hasta aquí: ¡Oh Capitan my Capitan! y en un lugar de la mancha de cuyo nombre siempre quiero acordarme.
En estos días aciagos estamos viviendo una crisis histórica en la configuración de las universidades nacionales. Por un lado, las disputas presupuestarias, por otro lado, el real y doloroso empobrecimiento de los equipos vida que sostenemos aulas día a día todos los días sin llegar a fin de mes y absolutamente endeudados. Por otro corredor, las dirigencias y los equipos de gestión burocrática y política de nuestro sistema universitario de formación superior: los que andan por el mundo “poniendo huevos en distintas canastas” de la real teoría política del divide que vas a reinar. Las asimetrías salariales, en ese punto son aún más brutales. En Tucumán, estamos muy próximos a las fechas del calendario electoral y hay una propuesta, valiente, de una decana y de un decano disputando el gobierno de la institución: con lengua franca, con certezas, con un modo de andar aulas. Y hablan. Salen palabra por palabra a dialogar, uno por uno, con los nombres inscriptos en el padrón electoral. Escribieron una carta para presentarse, sin grandilocuencias, sin retóricas confusas de visiones y misiones. El fantasma del oficialismo recorre los pasillos con la fantasía de la reelección y las lecturas jurídicas de los estatutos que el mismo equipo de gestión diseñó y validó. Se habla de “la cláusula Alperovich” en un evidente cruce de lógicas y estructuras. Para esas reformas constitucionales, hay que contar con el 70 por ciento de los votos, dirían los memoriosos. Vengo de los archivos, de las ediciones, de las ficciones literarias y de los empeños alfabetizadores desde el jardín de infantes hasta la universidad.
De la vida vivida y sin embargo merodeaba este tema sin animarme a inscribir esta voz. Dirán de la libertad de expresión, claro. Participé en un par de contiendas electorales. ¿Por qué no lo haría en una estructura de cogobierno y participación? Estuve siempre comprometida en las acciones de militar la literatura en sus empeñosos oficios. Siempre tuve un proyecto con diseño escriturario y academia callejera, el modo de hacer docencia que es constitutivo de mis vísceras. Pero, al final de la suma, los otros integrantes de mi equipo opositor son secretarios del rector y yo integro alguna lista negra más o menos explícita, más o menos metafórica en su verdad étnica. En una suerte de juego de estrategias de guerra fría siempre hay espionajes, contraespionajes, agentes secretos y dobles. El constructo panóptico es enorme y también como nos lo enseñó Ciro Alegría, el mundo es ancho y ajeno. Dicho esto, y en letra de tango, “Yo que anduve siempre en amores/ qué me van a hablar de amor”.
Escribo desde “el lugar de enunciación” de una profesora titular en la UNT e investigadora principal del CONICET, con treinta y siete años de experiencia. Durante mi trayectoria, he formado al menos seis generaciones de docentes e investigadores hoy muy exitosos. Intervienen y toman decisiones en diversos contextos y coyunturas políticas. Me defino como Rosarito Vera, maestra, muy orgullosa de esos diálogos en tantos puentes generacionales. En instancias de validación y evaluación de resultados, he replicado la experiencia de conformar equipos de alto rendimiento intelectual en nuevas configuraciones sociales, bajo un pacto educativo público y gratuito que incluye clases trabajadoras, clases medias y grupos de élite.
Escribo en viernes santo, escribo de la universidad y pienso en El Matadero de Esteban Echeverría y su cronología incierta. Asumo esa paradoja del presente porvenir de aulas vacías por sucesivas confrontaciones, entre la pobreza, el desencanto, los discursos envejecidos y los silencios de la dirigencia con banderas confusas. “Se originó de aquí una especie de guerra intestina entre los estómagos y las conciencias, atizada por el inexorable apetito y las no menos inexorables vociferaciones de los ministros de la iglesia, quienes, como es su deber, no transigen con vicio alguno que tienda a relajar las costumbres católicas”.
Honor y gloria eran los paradigmas de las maestras de mi vida. El Estado, en sus asimetrías y definiciones ambiguas de castas, interpela y desafía a la comunidad universitaria a sostener espacios de libertad genuinos, construyendo los conocimientos necesarios para el progreso del país y la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanos en el contexto actual. ¿Dónde queda entonces la casta? Es una categoría funcional a la histórica tensión entre las facultades que propician la formación profesional y las que declaran la formación academicista como si una y otra cosa estuvieran enfrentadas al momento de diseñar un puente o un túnel o salvar un corazón en corredores de venas insondables. Entre las facultades y el rectorado, los organismos centrales y los descentralizados, las estructuras débilmente acopladas y “haceme un videíto” o “cerrame la ocho” los números nos muestran una matrícula en fuga y renuncias sistemáticas en los cargos de dedicación simple.
Las universidades tienen como misión fundamental formar ciudadanos en su más alto nivel, preparándolos para integrarse activamente en una sociedad que plantea una variedad de desafíos y necesidades urgentes. Esta formación busca que los egresados actúen de manera autónoma, reflexiva y crítica, contribuyendo así a una sociedad que constantemente los interpela. Entre los objetivos inmediatos de las universidades se encuentra la transmisión del conocimiento complejo sobre las realidades múltiples y variadas, así como la construcción del pensamiento crítico sobre los entornos contextuales. Formular las preguntas, dar las repuestas, aportar soluciones, sostener las paradojas. Forman y conforman equipos profesionales en el territorio y para la geografía inconmensurable que las sostiene con sus impuestos. Gratuidad y equidad para sostener y promover el desarrollo general de la cultura mediante la investigación científica, técnica, humanística y a través del trabajo creador. Para cumplir con esta misión, es indispensable que las universidades desempeñen sus funciones esenciales con calidad y pertinencia social.

Desde su fundación, la Universidad Nacional de Tucumán implementó un proyecto de autonomía cultural y política para el norte argentino, concebido y sentido desde la provincia. Los documentos iniciales muestran una suerte de linaje de elite, sin embargo, las masas siempre irrumpen por lo del cielo por asalto en la popularización de lo que necesitamos aprender para cambiar el mundo. Y eso siempre lo festejo desde mi peronismo familiar sin las joyas de ninguna abuela. La universidad diseñó estrategias de educación superior orientadas a un crecimiento que se vincula directamente con el desarrollo productivo de la región, manteniendo una atención constante a la ciencia contemporánea y una apertura hacia el mundo.
Las políticas vigentes implementan un plan sistemático que implica el explícito desfinanciamiento de las universidades nacionales. Expresamos preocupación, pero negociamos dialoguismos variopintos. Este proceso responde a una estrategia política que trasciende la coyuntura puntual: el ahogo financiero, la disminución de los índices salariales y la baja ponderación de proyectos de investigación de continuidad aseguran el fracaso del principio central del sistema universitario, que es la movilidad social ascendente.
La sanción de la ley 27742 el 26 de junio de 2024 introdujo una nueva lógica en materia económica y política. Se argumentaron aspectos relacionados con evaluaciones, auditorías y rendiciones, siempre articulados desde las instituciones. Sin embargo, este concepto de libertad implica una nueva configuración del Estado y desconoce su poder como estructura capaz de generar los cuadros profesionales para una Nación libre y soberana.
Si hay un laberinto, es mejor buscar un hilo de Ariadna, un amuleto y una brújula. “Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta. Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México”. Salimos a la calle, apelamos al corazón de diputados y de senadores, dijimos todo. No alcanzó. No alcanzan los votos. Tengo que cerrar el texto que inicié en ese cuce entre la biografía propia y los derroteros coyunturales del presente. Paredón y después, no nos une el amor sino el espanto, la casa tomada. Mejor el libro de arena. Yo lo escondería en algún anaquel de la biblioteca central.
