“No puede haber seguidismo sin participación.”

—¿Cuáles son, a su parecer, los mejores y los peores saldos que dejó el conflicto de la 125?

—El peor saldo claramente es no haber conseguido el objetivo que, independientemente de los resultados que pudieran proyectársele, tendía a una mejor distribución, con la que los socialistas estamos absolutamente identificados. Esto podía haber sido no revolucionario pero sí evolutivo, y justamente fue trabado por sectores que quieren mantener el statu quo, sectores siempre al acecho de mayores beneficios. Saldos positivos son pocos. El fundamental, que se han transparentado las posiciones de quienes están dispuestos a apoyar a un gobierno y quienes no. Y esto con la advertencia de que tampoco se puede pretender que haya seguidismo si no hay participación.

—¿Cómo ve el futuro de la Concertación, y de los sustentos a las políticas oficiales, después del voto de Cobos y la derrota contra las entidades rurales?

—Si Cobos votó a conciencia, debió votar y renunciar. Y si votaba con el Gobierno contra su conciencia, también debía renunciar. Votar y quedarse es una actitud por lo menos bipolar. Pero por otro lado, no se podía esperar mucho de un socio que había sido ninguneado durante siete u ocho meses; no se puede pretender tener un amigo en los tres minutos que lo necesitás. Creo que la Concertación puede ser útil y fuerte siempre y cuando no se encierre en la estructura del PJ o del Frente para la Victoria, como parece estar sucediendo incluso a pesar de los Reutemann y los Urquía; aunque por suerte Cristina tuvo el gesto de incorporar a Tristán Bauer, a Gustavo López y a Oscar González, que no son del aparato pejotista, lo cual es una buena señal.

Una concertación real debe tener presencia activa de gente como ellos, de algún sector del radicalismo, del socialismo, del comunismo, de la democracia cristiana y de los que demuestren estar contra los abusos del poder y a favor de la redistirbución de la riqueza. No voy a dar nombres de quién debe estar en el Gobierno y quién no. Sí creo que es precisa una mejor comunicación del Gobierno al pueblo, con elementos más creíbles. Faltó espacio, por ejemplo, para la gente del Plan Fénix, que es gente muy sustentable, con buenos antecedentes y sin prontuario, que podría haber explicitado hacia la ciudadanía los elementos favorables del plan oficial. Creo que hay que profundizar lo que Cristina llamó en su campaña la recuperación de la institucionalidad. Cuando Néstor asumió se vio en la necesidad de, para edificar la casa, al hacer la mezcla usar agua impura. Ahora tiene que ser potable.

—¿Qué políticas cree que son las fundamentales para avanzar hacia un país más equitativo y democrático para aglutinar al espectro que pueda sostenerlas?

—Lo más importante es darle mayor preeminencia a la economía social. La única forma de evolucionar y reemplazar este modelo que no quiere el Gobierno, pero que está acorralado para continuarlo, es con la economía social: cooperativas, mutuales y asociativismo entre el Estado y la sociedad civil. Es muy difícil puntualizar medidas. Insistiría con las retenciones móviles, pero adelantaría que es para dentro de determinado tiempo, es decir, en vez de cambiar las reglas durante el partido, anunciar el cambio para el próximo torneo. Y acompañarlo de una política de blanqueo del peonaje rural, que vive una absoluta situación de indignidad.

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