“No hay que volver al FMI para pedirle créditos ni aunque uno esté muerto”

El periodista experto en economía sostiene que la relación de los Kirchner con el mundo financiero nunca pasó por el enfrentamiento sino por una negociación permanente. “Lo que pasa es que los poderes tradicionales en Argentina no están acostumbrados a negociar”, aclara. Considera que la universalización de la asignación familiar “es un avance extraordinario en el reconocimiento de derechos” y advierte sobre los peligros de las eventuales subas de precios que se coman el nuevo beneficio.

Alfredo Zaiat es uno de los periodistas económicos más prestigiosos del país y un referente de los economistas que no flotan en las aguas de la ortodoxia. Revista ZOOM conversó con él acerca de los desafíos que se vienen luego del cimbronazo financiero mundial del año pasado.

—¿Se terminó la crisis global?

—Si se habla de crisis global, la respuesta es no, ya que esta es financiera, económica, de medio ambiente, energética y social. En la parte financiera se acabó la histeria y el pánico, lo que no implica una recuperación. A nivel económico se detuvo la caída. Parece que se llegó a un piso y hay señales de un pequeño repunte. Hay que ver si se consolida. A nivel social, se mantiene una tasa de desocupación creciente y dramática. En la cuestión energética y medioambiental es evidente que no se ha avanzado nada. Por lo que es arriesgado, temerario y, en última instancia, engañoso decir que se acabó la crisis global.

—En ese contexto, ¿cómo ves la perspectiva económica de Argentina para 2010?

—La economía argentina, como la latinoamericana y la asiática, ha tenido un comportamiento relativo mejor que los países centrales: Estados Unidos, Europa y Japón. El impacto no fue tan devastador como en crisis anteriores. En un escenario en donde lo financiero y económico a nivel mundial han detenido su caída, las economías latinoamericanas, entre ellas Argentina, muestran que llegaron a un piso y que tienen un sendero de recuperación. Pero claramente en el peor momento de la crisis, Argentina y Latinoamérica han podido enfrentar los impactos externos de una forma muy favorable y teniendo mecanismos de defensa de los que antes carecían.

—¿En donde se ven signos de reactivación económica, luego del cimbronazo mundial?

—A nivel local, inicialmente se ve por el lado financiero, que es la recuperación de los activos bursátiles, los depósitos en pesos, la desdolarización de las carteras de inversión, la baja de la tasa de interés. Empieza a haber algunos síntomas en la industria automotriz, en sectores vinculados a servicios y a consumo masivo. Aún está rezagada la construcción y la generación de nuevos puestos de trabajo. Dejaron de destruirse puestos de trabajo, pero no empezaron a crecer.

Subsidios y asignaciones

—¿Vos prevés que el gobierno va a mantener la política de subsidios energéticos y de transporte o gradualmente los irá sacando?

—Ha mostrado que tiene la intención de disminuir los subsidios energéticos, pero a la vez también se encontró con límites muy fuertes, a nivel político y social, para poder reducirlos. Aquí el gobierno ha entrado en una trampa de la que no puede salir o se le hace muy difícil, que es subsidiar durante muchísimos años el consumo energético. Durante toda esta etapa, los sectores conservadores y ortodoxos, vinculados a las privatizadas, cuestionaron ese subsidio y ahora cuando quiere salir son los mismos que hablan de tarifazo. Esto es fruto de una debilidad de la política energética del gobierno, que nace de la desestructuración que generó la convertibilidad con el estallido de ese modelo económico. Me parece, que se va en camino a una lenta disminución del subsidio, pero que va a seguir siendo un rubro importante en el presupuesto.

—¿El problema actual surge por la no planificación de una salida a la convertibilidad?

—Tiene varias aristas. Una es la herencia de las privatizaciones de los ‘90 y los contratos que surgen de ahí. Otra la ley de emergencia que determina el congelamiento de tarifas con su pesificación y la última la demora en reestructurar esos contratos. Entonces, lo que ha estructurado la administración kirchnerista, fundamentalmente en el período de Néstor, es un modelo híbrido. Y digo esto porque se mantuvo el mismo esquema de operadores privados en sectores claves de la producción, transporte y distribución energética, pero con el Estado interviniendo muy fuerte para mantener tarifas congeladas y para impulsar inversiones, que el sector privado por esa situación no iba a hacer. Es ese el modelo que quedó: operadores privados con un Estado poniendo la plata para que no suban las tarifas y siendo el garante de la inversión.

—¿Manteniendo los niveles de rentabilidad a los privados?

—Son menores los niveles de rentabilidad y no son extraordinarios como en los ‘90. Los operadores que no querían esa rentabilidad más baja, ya se fueron.

—¿Cómo va a impactar en la economía el dinero de las nuevas asignaciones familiares?

—La universalización de la asignación familiar es un avance extraordinario en el reconocimiento de derechos hacia la niñez y la adolescencia de sectores excluidos que no eran considerados por el Estado, ni por la sociedad toda, en función de que era merecedora de un derecho, como es una asignación familiar. Y esto va a tener un impacto positivo inicialmente en el consumo. A partir de ahí, el Estado debe hacer un seguimiento y monitoreo muy estricto de los precios, porque si se van a dar esos recursos y a la vez suben los precios, se va a achicar el margen de consumo, con lo que se diluiría este avance tan importante. Esa es la clave para que un necesario, imprescindible y valioso reconocimiento de derechos, se traduzca en una mejora en las condiciones de vida de los sectores más postergados y para que se llegue a la compra de la canasta básica de productos alimenticios.

—¿Por qué el gobierno no apuesta fuerte a un plan de viviendas para todo el mundo, que implica obra pública y generación de empleo?

—El gobierno dice que tiene un plan, pero que el déficit son de millones de viviendas y que en 5 años no se pudo cubrir toda esa necesidad. En una primera etapa, el Estado había perdido las cualidades técnicas para intervenir en el mercado de viviendas en forma sostenida e intensa. Cuando más o menos recupera esas cualidades, empieza a haber restricciones en función de voluntad política o de poder implementarlo junto con las provincias. Y esto también hace a una concepción de toda la sociedad, y no solo del Estado, de una mayor dispersión en la posibilidad de la construcción. Qué significa esto: que haya más pequeñas y medianas empresas y organizaciones sociales involucradas en la construcción de viviendas y no solamente grandes constructores o contratistas del Estado. Hay dos experiencias que son relevantes al respecto. Una es la organización de Madres de Plaza de Mayo, de Hebe de Bonafini, y la otra es la Tupac Amarú, de Milagros Sala, donde con recursos públicos se realizan viviendas populares.

El mercado financiero y los K

—¿Era necesario abrir el canje con los bonistas o es una maniobra para tratar de dar confiabilidad en el mercado financiero? ¿Y por qué decís que esa nueva operación se encuadra dentro de la tradicional estrategia kirchnerista de negociación con el mundo financiero?

—La administración Kirchner, Néstor y Cristina, nunca se enfrentó al mundo financiero, lo que tuvo fue una política de negociación permanente. Lo que pasa es que los poderes tradicionales en Argentina no están acostumbrados a negociar. Entonces cualquier tipo de negociación la presentan como de rechazo, rebeldía o agresión. En cambio, cuando hay subordinación, esos son gobiernos amigables. Es decir que hay diferencias, una cosa es subordinación, otra negociación y otra ruptura. Yo creo que lo que hubo es negociación, no hubo ruptura, ni subordinación.

Con respecto a la reapertura del canje, si es necesario para tener más confianza con el mercado o para abrir el crédito internacional o para ganarse el favor del establishment, digo que no. Por otro lado, ¿con esta apertura del canje se viola la seguridad jurídica de acuerdo a como lo piensan los analistas tradicionales? Digo sí. Se había dicho que el que no entraba al canje no iba a tener posibilidades de una nueva oportunidad. Si es una manera de ordenar mejor las cuentas y de esa forma poder salir al mercado de capitales, consiguiendo una tasa un poquitito más baja y de esa forma liberar recursos fiscales, para mantener una política de gasto público activa, ese es el único sendero donde uno puede decir que sirve el canje. Yo pienso que igualmente tiene muchísimos riesgos, teniendo en cuenta los antecedentes históricos de Argentina en su vinculación con la deuda. Tenemos ahorro interno tanto en el sector público como en el privado como para no necesitar ir al mercado financiero internacional.

—Entonces, se puede vivir sin el dinero de los créditos del Banco Mundial y el FMI.

—Del Banco Mundial y el FMI sin ningún lugar a dudas. Y no hay que volver al Fondo Monetario Internacional para pedirle créditos, ni aunque uno esté muerto. Con el BM lo mismo, aunque éste no pone ningún tipo de condicionamientos de nivel político o económico. El ahorro interno se ve claro en la elevada dolarización de los activos en la Argentina por parte de los sectores medios, medios altos, altos y empresariales. La cantidad de capitales de los argentinos fugados en el exterior habla que existe un ahorro interno, tanto localizado aquí y en el exterior, más que abundante. Y si se le suma las reservas de más 46 mil millones de dólares y el superávit fiscal, me parece que hay un riesgo de ir al endeudamiento. A veces es mejor evitarlo.

Volver al FMI “no significa endeudarse” afirmó el ex presidente del Banco Central Mario Blejer y añadió que “es importante tener una buena relación con el Fondo” . ¿Qué pensás al respecto?

—Con el Fondo está la puja política del artículo 4, que es la supervisión que hace el organismo a los más de 180 países miembros. Allí están todos, incluyendo Estados Unidos, Venezuela o China. Argentina desde el 2006 decidió que no haya ningún tipo de supervisión porque el FMI no cambió nada, sigue estando el mismo staff neoliberal, ortodoxo, reaccionario que responde al establishment local e internacional. Entonces vienen, consiguen los datos de la información oficial y después, para hacer la evaluación, consultan a todos los sectores reaccionarios del país, tanto a los economistas de la City como a los empresarios, y a partir de ahí hacen la evaluación de los datos. Todo país soberano tiene la facultad de decirle: “¿Por qué vienen a recabar la información oficial, si después le piden letra a los sectores más reaccionarios?”. Que vean que si hay superávit fiscal y comercial, no vayan a escribir que la situación fiscal es débil como repiten en una forma inconsistente, sin un análisis serio, los economistas de la City. Esto es lo que hace el Fondo Monetario Internacional. Entonces, resistir a esa revisión del artículo 4 tiene que ver con una puja política, que hace a la soberanía económica y política.

—¿Argentina debe planificar una política comercial a futuro con los gigantes asiáticos?

—Argentina tiene que plantear una estrategia de integración al mundo a partir del MERCOSUR o de la UNASUR. Es evidente y claro que la posibilidad de una mejor integración y relación comercial con el mundo tiene que ser a través del bloque regional latinoamericano. Esto es lo primero, el fortalecimiento regional de los intercambios comerciales. Los intercambios comerciales entre los países latinoamericanos son bajos, aunque crecieron en los últimos años. Y a partir de ahí, empezar a tener vínculos con las potencias emergentes como China, India, Rusia y otros países asiáticos, pero el primer ojo debe ser la integración latinoamericana.

—Para eso debemos tener el Banco del Sur y tener una moneda en común.

—Sí. La integración latinoamericana ha crecido en forma considerable después de la derrota del ALCA, en lo que fue el encuentro de Mar del Plata del 2004. Eso fue un hito latinoamericano, hay que recordarlo. El camino a la integración de América Latina se hace con una nueva estructura financiera, que incluye un Banco del Sur y una moneda común. Sin embargo, lo de la moneda es un proyecto a más largo plazo y es muy difícil, Europa tardó décadas. Sí debe haber un Banco del Sur y un fondo de estabilización latinoamericano, para amortiguar los costos cuando hay crisis en algún país de la región. Esto por el lado financiero. Luego está el incremento de los flujos comerciales de la integración productiva y física, es decir la red de comunicación y transporte. Estos son aspectos fundamentales para crear una base. De ahí se puede saltar a una integración cultural, dentro de la diversidad que existe en la región, sumada a la tecnológica de la investigación y el desarrollo.

El presupuesto que viene

—¿Creés que el presupuesto presentado para 2010 es real, de cara a lo que el país debe afrontar el próximo año?

—El presupuesto en Argentina, en general, no es discutido, ni debatido. En el período 2003-2009 se presentaron un poquitito más ordenados que presupuestos anteriores, pero sigue teniendo los mismos vicios porque existe muy poco debate a nivel nacional. Y no es solamente el Congreso en donde se debe discutir, sino también en el mundo político, económico y social. Por eso se llama ley de leyes.

—¿Tiene que ver con una planificación del presupuesto?

—Está relacionado con la conciencia que tomen los políticos, los dirigentes sociales, empresariales, sindicales respecto a que la ley de presupuesto hay que discutirla con tiempo porque ahí se define de dónde se va a recaudar y gastar. Es decir hablar de la reforma tributaria o del sistema tributario o de gastos. Este es un debate que merece ser tratado con mayor intensidad y seriedad por todos, oficialistas, opositores o dirigentes de derecha o izquierda.

—¿Qué le falta a este modelo para consolidarse definitivamente?

—No hay una sola medida para que se consolide, lo que uno tiene que aprender es que las realidades políticas, sociales y económicas son dinámicas. Entonces, lo que se necesita son modelos que sean adaptativos a las nuevas condiciones que se van creando, con objetivos básicos que tengan que ver con el desarrollo. Eso está emparentado con una política de generación de pleno empleo y con una mejora del ingreso para distribuir la riqueza. Esos son los objetivos a nivel económico. Después, está el desarrollo tecnológico, la educación, la infraestructura.

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