No hay nada que festejar

En Londres se discutió la reorganización del nuevo poder mundial, pero no está claro cuál es ese nuevo perfil. Estados Unidos ha retrocedido unos casilleros, pero la multipolaridad global deberá esperar: su poder militar está intacto y la maquinita de imprimir billetes funciona a todo vapor. FMI reloaded y paraísos fiscales.

El saldo provisional de la reunión del G20 en Londres volvió a demostrar la fortaleza del eje Estados Unidos-Gran Bretaña para imponer sus propias perspectivas sobre el resto del mundo, pero también afloró su debilidad.

Sobresalieron las RRPP y el fair play: Sarkozy amenazó con irse pero terminó opinando que lo alcanzado “superó todo lo imaginado”. Merkel llegó con malhumor y se fue convencida de que se vivían “circunstancias históricas”. Obama, conduciendo el nuevo perfil light del imperio, dijo que amaba a Lula y que el brasileño era muy apuesto. China, que había amenazado con crear una nueva moneda internacional gracias a los 800 mil millones de dólares de bonos de deuda externa norteamericana que atesora en Beijing, se refugió en la tradicional impasibilidad asiática.

Las miradas deberán posarse ahora sobre la reunión de la OTAN en Estrasburgo, el eventual reflotamiento de la ronda de Doha y un próximo G20 a fin de año. Puesta bien al costado de la realidad, la ONU se comprometió a discutir la cuestión en su Asamblea General.

Doble discurso

Como estalló en mil pedazos un sistema financiero totalmente desregulado, sin control nacional o supranacional, cada país ha creído conveniente implementar distintas medidas de intervención estatal para defender su actividad interna.

Esas medidas pueden ser ventajas inaceptables para los otros, si es que hay Otro. Ahora, todos son keynesianos de la primera hora. Si Gran Bretaña estatiza un banco con su paraíso fiscal adjunto; o si garantiza sus depósitos frente a otros países que no, eso perjudica a los que sufren una involuntaria como dañina hemorragia de sus propios capitales.

El “compre nacional” decidido por Obama en Estados Unidos es inadmisible para las exportaciones de Japón y Alemania, y hasta hace poco iba contra la libertad de mercado. Antes de la crisis, seis meses atrás, todo eso era pecaminoso: ahora se ha convertido en virtud para los poderosos, pero está por verse hasta dónde se admitirá tal giro en la periferia.

Tampoco los arrabales son un bloque monolítico. Obama ha demostrado con hechos que privilegia a Brasil en un rubro estratégico: los biocombustibles. Y eso no solo tendrá repercusiones negativas en el Mercosur, sino que obligará a Argentina a definir políticas agropecuarias más enfocadas en el interés nacional.

Y Brasil, a su vez, se siente más representado por el BRIC (que integra con Rusia, India y China) que por sus pares de América del Sur, porque forma el pelotón de los privilegiados. De allí sus últimas posturas en Doha.

Itamaraty propicia una curiosa salida a la crisis “por izquierda”: potenciar el libre comercio para enfrentarse al proteccionismo del Primer Mundo. En Londres, todos juraron que no recurrirían a ello, pero la realidad muestra lo contrario. Queda por ver cómo repercute eso sobre nuestro país.

Secretos que matan

Sólo desde la ingenuidad podía esperarse que la reunión del G20 en Londres alumbrara un nuevo sistema luego de dos décadas de disciplinamiento en Davos. Si lord Pepys resucitara, se sorprendería de que el Banco de Inglaterra esté emitiendo libras esterlinas sin respaldo por primera vez en más de 350 años, pero su asombro no duraría demasiado: el 50% de los paraísos fiscales son territorios de Su Majestad. La alianza bancaria atlántica de Estados Unidos-Gran Bretaña por un lado, y la Europa continental por otro, tienen visiones muy diferentes sobre cómo reflotar el barco, porque la astronómica emisión monetaria norteamericana, que le permite exportar inflación interna por la vigencia del dólar como moneda universal de cambio, revaluará el euro y eso puede hacer saltar en pedazos las industrias de Alemania y Francia, con el agravante de que millones de desocupados de la ex-zonas de influencia soviética euro-oriental y asiática (colonizadas por préstamos del FMI) pueden arrojarse sobre el oeste opulento como vándalos.

El mejor disuasor es un buen cañonazo de dólares (más distintas promesas cargadas de buenas intenciones). Los tiempos han cambiado: para Napoleón, no había mejor persuasión que un escote de mujer. El lugar donde acabó sus días es hoy un paraíso fiscal, bajo la protección de la misma bandera británica que lo tuvo prisionero.

Unidad en la contradicción

Quizás la principal decisión adoptada en Londres haya sido el renacimiento del moribundo FMI, que supervisará en panóptico las economías de todo el mundo. Se avecina un ciclo similar al que produjo la saga de endeudamiento posterior a la crisis petrolera de los ‘70, cuando algunos países de la OPEP y las multinacionales del petróleo produjeron un alza artificial de precios.

Hoy, Japón y los ducados petroleros ofrecieron que el FMI administre parte de sus exorbitantes reservas ociosas para repartirlas como préstamos en el mundo “emergente”. En aquella oportunidad, los abundantes petrodólares árabes iban a ser usados, se decía, para financiar los procesos de liberación nacional vía Libia, y terminaron circulando a través de Wall Street a los países dependientes a tasas cada vez mayores, generando una deuda externa incobrable y mayor dependencia. Fueron los años de la tablita cambiaria combinada con alta tasa de interés de Martínez de Hoz-Videla.

La emisión adicional de Deg’s o derechos especiales de giro (una suerte de quasi-moneda o patacón universal cuyo valor está determinado por una canasta de divisas fuertes), administrados por el FMI, fortalecerá las reservas argentinas, y por lo tanto, alejará el peligro de corridas contra el peso y reduce la dependencia del país ante un dólar de futuro sospechoso. En los últimos meses se firmaron acuerdos con Brasil y China para comerciar en las propias monedas.

Pero los 3.000 millones de dólares en deg’s que se agregan automáticamente al tesoro del BCRA por la recarga del FMI no serán de libre disponibilidad. Para serlo, habrá que solicitar al Fondo que audite las cuentas y el programa económico, eventualmente “tocar” el dinero en circulación, y eso no está en los planes de los Kirchner.

La oportunidad se ha de machacar en caliente: no se cedió a la trampa cazabobos de pedir un préstamo contingente al FMI (como clamaba la oposición, con Lilita Carrió a la cabeza) para endeudarse y dejar de explotar vilmente a los productores de soja, pero se recibió un regalo inesperado del propio Fondo.

El poder concentrado local había hecho sus propias apuestas sobre los resultados de la reunión del G20 en Londres. Para el lobbista-menemista Jorge Castro, “el G20 se transforma en la plataforma de la gobernabilidad global”. En la misma sintonía, el lobbista del CARI Felipe de la Balze se lamentó porque el sistema financiero globalizado “no tenía la solidez pensada”. ¿En qué estaban pensando? Ambos representantes corporativos coincidieron en augurarnos el infierno tanto si el gobierno argentino avanza en la profundización del modelo, como si eventualmente se inclina ante las exigencias opositoras.

Castro, alumno de Brzezinski y Kissinger como antes de Trotsky, vaticina “una dramática intensificación de las crisis de legitimidad de los sistemas nacionales con declinación de la cohesión interna” y una “ola de ingobernabilidad”. Al parecer, no se refiere a Mozambique.

Según De la Balze, los países como la Argentina “tendrán que sobrevivir a la crisis utilizando sus reservas externas, solicitando financiamiento al FMI y recurriendo (sic) al crédito privado, que es escaso”.

In God we trust

La desconfianza sobre el dólar no es sólo producto de la incertidumbre de los consumidores, ni se explica por las noticias sobre sucesivos derrumbes de la Bolsa de New York.

El poder de la moneda estadounidense se apoya sobre la productividad de su economía, la hegemonía de su cultura y el poder militar, pero si las primeras tambalean, será imposible sostenerlo mediante las bayonetas. Y una emisión monetaria sin respaldo y en recesión puede llevar a un proceso hiperinflacionario mundial. Es como si Estados Unidos se estuviera asomando al final del período alfonsinista: hoy, el crédito de Estados Unidos equivale al 350% de su PBI.

Las noticias desde norteamérica indican que el presidente Obama intenta sostener el timón, pero los bancos y las automotrices son barriles sin fondo. Solo la GM, por ejemplo, debe 20 mil millones de dólares al sistema de seguridad social y sindicatos, algo más de los 17.500 que recibió de upa. La Ford subastó su marca azul del óvalo, y Chrysler inventó un acuerdo de medianoche con la Fiat de Italia.

Entretanto, la legalidad se enfrenta con lo real: los ejecutivos de las automotrices reivindican su derecho a recibir dividendos millonarios cuando las empresas que dirigieron pueden abrir sus puertas y poner en marcha la maquinaria gracias a la inyección masiva de dinero recién emitido, lo que obligaría al gobierno a pensar en leyes de emergencia económica. Como afirmó alguna vez un colaborador de Eisenhower, la GM es Estados Unidos.

Nadie elige la época en que vive

Con el paso de los días se irán conociendo detalles sobre la letra chica de la reunión. Las declaraciones públicas permitirán hacernos creer por un rato que todo anda fenómeno, y se crearán comisiones de negociación para compatibilizar posiciones muy encontradas.
Un lavado de cara. El Banco Mundial, lleno de buenas intenciones, se dedicará a custodiar los recursos naturales.

Lo que se discutió en Londres es la reorganización del nuevo poder mundial, pero no está claro cuál es ese nuevo perfil. Estados Unidos ha retrocedido unos casilleros, pero su poder militar está intacto y la maquinita de impresión de billetes funciona a todo vapor.

Perón alguna vez bromeó sobre las comisiones. Como han dicho los chinos sobre la dinastía T’ang, también ahora vivimos una época “interesante”, y para no resolver un tema, lo ideal es crear una comisión, a la que llaman con propiedad “un animal con cuatro patas traseras”. Shakespeare utilizó la misma imagen poética (quizás saqueada por algún pirata inglés en el Yang-tse), aunque refiriéndose a esferas más íntimas de la realidad.

Nos vemos en Doha.

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