No es Batman, es Telerman

El hombre ha vuelto, cumplió condena y con el ostracismo roto, asoma en las calles de Palermo Rúcula su calva limpia, lustrosa, superficie de efectos ópticos a lo Escher. —Efectos ópticos—, en eso pensé cuando alguien dijo que lo habían visto en las clases de los jueves de Tomás Abraham. Pero no, pero sí, parece que es cierto aunque con muchas faltas: cosas de la imagen. Al final de cuentas, los insumos culturales siempre fueron una de las mercancías favoritas que Telerman ha usado para disimular su desesperación de poder y seducir ahora a la clase media de la avenida Córdoba al norte: hasta el corazón mismo de la patria sojera.

Está en su derecho, aceptó su derrota, se guardó, transó la transición con Macri y hasta el día de hoy, su aparatosa gestión de año y medio suena más efectiva, con tres carteles colorinches y cuatro denuncias improbables, que la del heredero de Socma, que va llegando al año y nada: negocios inesperados con el kirchnerismo, negarse a tratar las comunas, el más notorio.

Y cierta promiscuidad interracial que transforma a las supuestas víctimas de nuestros años felices, años de ideologías duras, en clones, agentes al comando del paparazzi: como cuando posan todos de la manito, Raúl Fernández, Diego Kravetz, Diego Santilli con Florencia de la V en el cumpleaños de la ex periodista Nancy Pazos.

Nada que decir: hombres trabajando.

El travestismo vip es lo más top que han encontrado los políticos porteños para descubrir que una biografía se compone también de pequeños episodios de microclima, estar donde hay que estar y no ceder ni cuando es posible ceder.

Se ha hablado tanto de los noventa como la era de la boludez y el despilfarro, que los herederos son dignos hijos de tigre, dignos hijos de Carlos Saúl Menem.

Por supuesto que en los fastos de Nancy, en la antigua New York City, estabaN el Pelado, sus modales y su copa de champán. Y mucho más estos días: lanzó su candidatura “para lo que quieran” con un locro, los invitados de rigor y la presencia intermitente del mefisto de cartón piedra que bajó de Santa Fe, Oscar Feito, que estará poniendo las barbas en remojo, contando billetes en La Trastienda o conversando con la Gorda del Crucifijo sobre la estrategia para reforzar las posibilidades de la Coalición Cívica llevando a Telerman como primer candidato a diputado por la ciudad autónoma y después, sí, pelearle el ejecutivo porteño otra vez al hijo de Franco o a su sucesor o sucesora.

Pero no nos apuremos: la presidente Cristina Fernández tiene que empezar y terminar mandato. Macri tiene que empezar mandato y Telerman chasquear la lengua en la tele varias veces antes que escribir una y mil veces que frente a tanta grandilocuencia, frente a tanto profesionalismo de diseño y peor exposición, esta vez no dudo en quedarme con la amable mediocridad del sociólogo sin libros Daniel Filmus: tanto han cambiado las cosas y los amigos, Flor, Florcita de los guardapolvos blancos, vida mía.

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