Niñez desprotegida

De la Redacción de ZOOM. Más del 40% de los niños menores de 5 años en América Latina no tienen acceso adecuado a saneamiento. En Brasil, 1,4 millones de niños de 5 a 13 años trabajan. Estadísticas de la desprotección que confirman al continente como la zona de mayor desigualdad del planeta.

Más del 40% de los niños menores de 5 años en América Latina no tienen acceso adecuado a saneamiento. Cerca de 20 mil de ellos mueren anualmente antes de cumplir esa edad como consecuencia de enfermedades desarrolladas por falta de condiciones de higiene adecuada. Estos son datos proporcionados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Ann Veneman, Directora Ejecutiva de Unicef, explica que «la ausencia de saneamiento adecuado tiene serios impactos sobre la salud y el desarrollo social, especialmente para los niños y niñas. Las inversiones en el mejoramiento del saneamiento acelerarán el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio y salvarán vidas».

En América Latina y el Caribe 124 millones de personas no poseen instalaciones de saneamiento mejorado. Así son obligadas a usar medios como la defecación al aire libre e instalaciones deficientes para la disposición de sus excrementos. Sólo el 14% de las aguas residuales de la región son tratadas, mientras el 40% de los residuos sólidos no son dispuestos adecuadamente, contaminando la tierra y el agua.

La falta de saneamiento afecta no sólo a las personas que viven en áreas carentes de esos servicios, sino a toda la sociedad, puesto que más del 75% de las aguas residuales son arrojadas al medio ambiente sin tratamiento alguno, contaminando las mismas fuentes de aguas que usamos para beber.

Por año, en el mundo más de 200 millones de toneladas de desechos humanos quedan sin recolectar ni tratar. Unicef insta a los Estados a promover el saneamiento también en las escuelas, pues beneficia el aprendizaje y la salud de la infancia. «La falta de instalaciones de saneamiento limpias, separadas y privadas en las escuelas es una de las razones por la que los niños, y especialmente las niñas en etapa de pubertad, son renuentes a asistir a las escuelas», advirtieron desde el Fondo.

El saneamiento mejorado tiene efectos positivos además en el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y significa menor degradación ambiental. Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud, cada dólar invertido en mejorar el saneamiento para alcanzar la meta trazada por los Objetivos de Desarrollo del Milenio genera, en promedio, un beneficio económico de 12 dólares.

«El costo aproximado de US$ 800 millones de dólares al año para reducir a la mitad la proporción de personas que no cuentan con saneamiento básico antes de 2015 es modesto y posible de asumir. Si se sostiene, esta misma inversión podría lograr el saneamiento básico universal en uno o dos decenios», detalló Unicef.

El trabajo infantil en Brasil

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) presentó el estudio «Aspectos Complementarios de Educación, Quehaceres Domésticos y Trabajo Infantil» en el que reveló que 5,1 millones de niños y adolescentes, entre 5 y 17 años, trabajaban en 2006 en ese país. Una disminución poco significativa, de 0,3%, en relación con el 2004.

Entre los niños de 5 a 13 años no hubo ninguna alteración: 1,4 millones continúan trabajando. En Brasil, el trabajo sólo es permitido a partir de los 14 años y en la condición de aprendiz. Ese trabajo ilegal, de niños entre 5 y 13 años, es practicado mayoritariamente, el 95,1%, en actividades agrícolas y no remuneradas.

En la franja de los 5 a 9 años de edad, 237 mil niños trabajan, y en la de 10 a 13 años de edad son 1,2 millones de personas. De acuerdo con la Encuesta Nacional por Muestreo por Domicilios (Pnad) 2006, el trabajo infantil «está asociado a indicadores de escolarización menos favorables y al bajo rendimiento de los domicilios en que viven».

Entre los de 5 a 17 años, el trabajo doméstico es la ocupación mayoritaria con el 49,4% de los encuestados y las niñas son las que más lo ejercen. Según el estudio, el 24,8% de los adolescentes entre 15 y 17 años dejaban de frecuentar la escuela para ayudar en los quehaceres domésticos, trabajar o buscar trabajo.

«A pesar de ese cuadro de trabajo infantil y de dedicación a los quehaceres domésticos, el 75,8% de los niños y adolescentes de 0 a 17 años frecuentaban las guarderías infantiles o la escuela en 2006, donde el 92,4% tenía acceso a la merienda o a alguna comida gratuita en la red pública», explican desde el IBGE.

La legislación brasileña permite que a partir de los 14 años un niño trabaje en actividades relacionadas con la calificación profesional. En 2006 eran 1,3 millones las personas ocupadas de esa edad. Entre los adolescentes con más de 16 años -que pueden trabajar mientras no sea en actividades nocturnas, peligrosas e insalubres-, el número de trabajadores es de 2,4 millones.

Para el estudio del IBGE, «la no existencia del trabajo infantil a partir de 14 años de edad estaba directamente correlacionada con las mayores tasas de frecuencia a la escuela». Cerca del 28% son los niños y adolescentes de 5 a 17 años de edad que trabajan o no tienen instrucción o tienen menos de un año de estudio. En la misma franja de edad, el número de personas sin instrucción o con un año de estudio es de 15,7%. Los adolescentes que trabajan también son minoría en el porcentaje de personas con 8 a 10 años de estudio, 10,0%; mientras que entre los no ocupados ese porcentaje es de 14,2%.

Casi la mitad, el 47,3% de los niños y adolescentes, no reciben paga por el trabajo que realizan. De los que la reciben, más del 14% ganan menos de un cuarto del salario mínimo. De acuerdo con el IBGE, la renta media de los niños y de los adolescentes en 2006 fue de 210 reales. En el sur, la media fue de 268 y en el nordeste de 126. En todas las regiones, el rendimiento de las mujeres era inferior al de los hombres. Dura realidad que está lejos del lema “Los únicos privilegiados son los niños”.

Fuente: Agencia Adital

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