Negro

Todos los medios, durante todo el día, hablan de lo mismo: el arrollador triunfo del primer negro que llegará a la presidencia de los Estados Unidos. Y como nota de color anuncian un cambio de época como si fuera una palabra mágica. La verdad es que este joven afroamericano tiene enormes desafíos por delante. Más que un cambio de época, habrá que ver cuánta capacidad de maniobra tendrá entre la vieja guardia demócrata y el ala más reaccionaria del Partido Republicano. Esto con respecto al viejo sistema bipartidista que existe en el congreso de ese país, que es donde se cocina una buena parte de su política, y sin hablar del gobierno de unidad que se viene agitando y que huele a un apriete que puede transformar la aparente primavera en una efímera tarde de sol.

Donde vendría muy bien un cambio de época es en nuestra realidad política aunque, con los actores en escena, creo que no podemos ni siquiera pensarlo. El grado de miserabilidad, mezquindad, chatura y chantada que nuevamente vemos en el tratamiento de la ley de estatización de las jubilaciones (donde a muchos legisladores no se les cae una idea ni aunque los demos vuelta) es una prueba patente.

Dicen que los argentinos somos de memoria frágil. Y debe ser muy frágil, porque con las elecciones de 2009 a la vuelta de la esquina, ¿qué le dirán los radicales a sus votantes para explicar que han dado la espalda a un reclamo partidario histórico sobre las jubilaciones estatales? ¿Argumentarán que es solo por especulación o parte de una estrategia de desgaste que hay que producirle a este gobierno? La señora Carrió, que incluso llegó a presentar un proyecto sobre la cuestión, ¿no será interpelada por su base electoral dentro de unos meses en virtud de la postura extremista aliada a los sectores concentrados que pregona?

Habrá cambio de época cuando haya una clase dirigente que sea capaz de ser coherente, capaz de sostener las palabras con los hechos, decir la verdad aunque en la cortita no nos convenga, cuando dejemos de ser encuestadependientes y podamos sostener nuestras convicciones.

Mientras muchos se deslumbran leyendo los artículos de algunos editorialistas a los que se les cae la baba elogiando a Obama, a la adulta democracia norteamericana y al ejemplo que significa que el nuevo gobierno incorpore políticos republicanos (el futuro Pentágono podría estar a cargo… de los actuales funcionarios de Bush, ¡cuac!) yo prefiero recordar al querido Tato Bores en aquel sketch donde un extra de piel oscura y cabello mota le paraba la chata con una aclaración demoledora: —Tato, yo parezco negro pero no soy negro. Yo trabajo de negro.

Tal vez el verdadero cambio de época en nuestro país llegue un día desde la Argentina profunda de la mano de un cabecita negra. Y no será ninguna broma.

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