Multimillonario a la compra de la Presidencia

Si muchos creen que con los gobiernos Febres Cordero, Durán Ballén, Bucaram, Mahuad o Gutiérrez, el Ecuador ya ha tenido suficiente de corrupción, arbitrariedad y neoliberalismo, se equivocan. Ahora hay que prepararse para lo peor si llegase a entrar al Palacio de Gobierno el magnate bananero Alvaro Noboa Pontón, luego de
las elecciones del próximo 26 de noviembre.

Noboa representa la mayor amenaza para el Ecuador desde que el país retornó a la democracia formal en 1979. Esto no es una exageración: si gana, concentraría en su persona todo el poder político y económico.

Estaría bajo su mando el Ejecutivo, tendría mayoría en el Congreso, captaría los organismos de control y el Sistema de Rentas Internas, varios organismos seccionales, etc. No solo se implantaría un régimen autoritario y se perseguiría cualquier manifestación de oposición, a la prensa y a los movimientos sociales sino que se implantaría una política económica monopólica y ultraliberal para favorecer a sus empresas y al capital transnacional.

El país pasaría a engrosar la lista de gobiernos alineados con Estados Unidos en la región, se impondría por la fuerza
el Tratado de Libre Comercio y los estadounidenses se quedarían indefinidamente en la base de Manta.

Por ello, rastrear la vida de Noboa Pontón resulta interesante para conocer no solo sus motivaciones personales, sino, sobre todo, el proyecto plutocrático que pretende implantar en el país.

Con una fortuna que se acerca a los mil millones de dólares es el hombre más rico del país. Noboa Pontón no la generó sino que la heredó de su padre Luis Noboa Naranjo, quien llegó a poseer 1200 millones de dólares gracias al
tutelaje y los subsidios del Estado.

Alvaro, ahora, aparece como el dueño del Grupo Noboa compuesto por 114 empresas, entre las que están la Exportadora Bananera Noboa, la mayor exportadora de la fruta en el país y una de las más grandes del mundo, LAN Ecuador, Industrial Molinera, el Banco del Litoral, la flota bananera, entre otras.

Alvaro Noboa tiene inversiones en Europa, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Argentina. Parte de sus negocios se manejan desde oficinas ubicadas en paraísos financieros ubicadas en el Caribe.

Según el mismo ha dicho, es propietarios de 75 millones de metros cuadrados de tierra, lo que lo convierte en uno de los mayores terratenientes del país. A Alvaro no le gusta la competencia, controla casi toda la importación y procesamiento de la harina, la avena y el café.

A la compra de la Presidencia violando todas las leyes

Noboa tiene una idea de la política no sencilla sino simple. Para él, el país es como una empresa para el cual se requiere de un gerente, y el gerente, evidentemente es él. Un gerente que ordena y no pide opinión, un gerente que impone y no dialoga, un gerente para ser obedecido y no
cuestionado.

Como capitalista, Noboa tiene la idea de que todo tiene precio y todo puede ser comprado. Desde que empezó sus andanzas en la política, allá por el año 1996, se ha propuesto -literalmente- comprarse la Presidencia de la República. ¿Cuántos millones ha invertido en sus tres campañas presidenciales? Solo él y sus contadores lo saben, pero se calcula que son más de 20.

Durante esta última campaña electoral, se han denunciado varias irregularidades. Desde el 18 de octubre de 2004 hasta el 30 de marzo del 2006, Noboa había gastado 3’548.447 dólares, cuando la ley señala un gasto electoral máximo de 2’748.270 para la primera vuelta, según datos
del Tribunal Supremo Electoral.

En caso de que un candidato supere esta cifra, el TSE tiene la obligación de inmovilizar la cuenta del candidato. El muy cuestionado TSE, presidido por el socialcristiano
Xavier Cazar, no lo hizo y, por el contrario, autorizó al
multimillonario seguir gastando a manos llenas.

De esta manera, se consumó un escándalo más grave que un fraude pues fue esta complicidad de las autoridades electorales con Noboa, lo que le posibilitó al multimillonario comprar los votos mediante el reparto de dinero, sillas de ruedas, alimentos, medicinas y camisetas y un despliegue propagandístico formidable.

De esta manera obtuvo la primera votación en la primera vuelta y se impuso al economista de tendencia nacionalista Rafael Correa, quien un día antes de las elecciones del 15 de octubre encabezaba las preferencias electorales.

A recuperar con creces lo invertido

Los ofrecimientos de Noboa de construir 300.000 viviendas anuales, la oferta de dar microcréditos a un millón de ecuatorianos, además de las limosnas que reparte, han logrado seducir a sectores pobres de la población, muchos convencidos por la “generosidad” del supermillonario
y por la idea de “como es rico no necesita robar”.

Lo que se desconoce es que Noboa financia la campaña no con el dinero de su bolsillo sino con el de todos los ecuatorianos. “Noboa subió hace un par de semanas el precio de la harina, de la cual tiene el monopolio, es de ahí que está sacando el dinero para su campaña, es decir de
nosotros…”, dijo el 18 de octubre a Radio La Luna el economista, Eduardo Valencia, director del Instituto de Investigaciones de Economía de la Universidad Católica.

También se pasa por alto, el hecho de que Noboa se guía por el dicho popular de que el “que más tiene más quiere”, como ha quedado demostrado con la disputa de la herencia. Y ahora mismo, hace planes para recuperar con creces los millones invertidos en sus tres campañas.

En esta línea debe entenderse la promesa de rebajar, si gana la Presidencia, el impuesto a la renta a un 10% a fin de “ofrecer un caramelo para que los inversionistas vengan al país a generar empleo”. Con esta medida se beneficiaria el mismo, pues es conocido que Noboa es un mal pagador de
impuestos y mantiene varios conflictos con el Sistema de Rentas Internas (SRI), organismo que aduce que no paga los impuestos de acuerdo a la utilidades que obtiene.

Violación de los derechos laborales

Noboa se proclama como el enviado de Dios y dice amar a los pobres, pero le interesa los pobres no como ciudadanos ni como trabajadores sino como votantes.

Noboa es enemigo de los sindicatos, ha hecho todo lo posible para que los trabajadores de sus empresas no se organicen y reclamen los derechos que les otorga la ley. Frecuentemente, utiliza empresas terciarizadoras para evadir y violar los derechos laborales, recurre al despido, la división e incluso a la violencia para reprimir las huelgas en sus empresas. Esto lo saben perfectamente los 1400 trabajadores de una de sus haciendas, Los Alamos, quienes en abril de 2002 formaron un sindicato para reclamar aumento de salarios y afiliación a la Seguridad
Social.

La reacción de la empresa fue inmediata, despidió
inmediatamente a 124 y se negó a negociar. Entonces, los trabajadores iniciaron una huelga el 6 de mayo del mismo año que fue reprimida a bala por 400 hombres enmascarados y armados de rifles, que hirieron a varios obreros.

Como para ratificar que nada ha cambiado desde el 2002 hasta la fecha, el 17 de julio del 2006 la Exportadora Noboa procedió a despedir intempestivamente a 114 trabajadores pertenecientes al “Sindicato Libre
de Trabajadores de Embarques de Frutas en los Buques de Alto Bordo y Anexos de Puerto Bolívar”, a quienes se les niega las indemnizaciones de ley. Al mismo tiempo, los abogados de Noboa han interpuesto recursos legales para desconocer a la directiva del sindicato, por lo que los
trabajadores han elevado un reclamo en el Ministerio de Trabajo e incluso en la Organización Internacional del Trabajo.

Trabajo infantil

Con relación a la utilización del trabajo infantil, la organización de Estados Unidos Human Rights Watch (HRW) ha documentado las condiciones en que trabajan los niños de 8 a 14 años en las plantaciones bananeras.

En el informe “La cosecha mal habida”, elaborado tras una visita de HRW realizada a las provincias de El Oro y El Guayas en mayo de 2001, se señala: “Human Rights Watch entrevistó a 45 niños que habían trabajado o estaban trabajando en aquel momento en plantaciones bananeras del
Ecuador. De entre ellos, 41 habían comenzado a trabajar en el sector cuando tenían entre 8 y 13 años, la mayoría a la edad de 10 u 11 años.

Los niños describieron jornadas laborales de doce horas y media y condiciones laborales peligrosas, nocivas para su bienestar físico y psicológico. También dijeron estar expuestos a pesticidas, usar herramientas afiladas, arrastrar pesadas cargas de bananos desde los campos hasta las empacadoras, carecer de agua potable e instalaciones
sanitarias y sufrir acoso sexual”.

Otro comentario merece la relación que mantienen las empresas exportadoras de banano de Noboa respecto a los productores independientes de la fruta, pues durante años les ha pagado un precio inferior al señalado por la ley (3,50 dólares por caja).

Como si todo esto no fuera suficiente, el magnate ha echado mano a un viejo recurso que parecía superado con la caída del Muro de Berlín: un anticomunismo visceral y desfasado, que, sin embargo le sirve para confundir y despertar miedo en la población. En esta línea ha lanzado ataques contra Cuba y Venezuela y ha anunciado que romperá relaciones
con estos dos países, echando por la borda la tradicional política del Ecuador de mantener relaciones con Estados de distinto signo ideológico y político.

Noboa, en estos últimos días, ha intensificado la ofensiva contra el candidato Rafael Correa a quien acusa de
comunista, de estar relacionado con el coronel Hugo Chávez de Venezuela e incluso de estar financiado por las FARC de Colombia, sin presentar prueba alguna. También arremete
contra los periodistas y los medios que han desenmascarado sus ofertas demagógicas y han sacado a luz pasajes relacionados con sus actuaciones.

En particular el blanco de sus ataques han sido Radio La Luna de Quito y quienes participaron en la movilización ciudadana que determinó la caída del ex presidente Lucio Gutiérrez, en abril de 2006, a quienes amenaza con enjuiciar si gana la Presidencia.

Este es Noboa de cuerpo entero. ¿Cómo hacerle frente? Para conjurar el gran peligro, señala el escritor Alejandro Moreano, “es hora de formar un amplio frente social y político para enfrentar el proyecto plutocrático”.

En este camino, treinta y nueve organizaciones sociales y políticas están trabajando por llegar a un acuerdo nacional democrático que exige “que las legítimas aspiraciones por educación, salud, vivienda, creación empleo y el pago de salarios dignos no sean usados como mentirosas promesas demagógicas de campaña, sino que se constituyan en el programa de un Gobierno nacional responsable, alternativo,
popular, incluyente y soberano”.

Claramente se ha pronunciado por respaldar y votar por el candidato Rafael Correa reconociendo que su programa recoge muchas de las aspiraciones de transformaciones como la
no firma del TLC con Estados Unidos por ser lesivo a los intereses del país, la no renovación del convenio de la base de Manta, el no injerencia del Ecuador en el Plan Colombia y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Como no hay mal que por bien no venga, el peligro plutocrático está haciendo el milagro de la unidad.

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