Milagro Sala: «En Jujuy se sufre a la Gestapo de Gerardo Morales»

Eduardo Silveyra recorrió varios lugares de la provincia de Jujuy, donde Gerardo Morales gobierna con una metodología represiva y delictuosa. En esta primera crónica, relatamos el encuentro con Milagro Sala, el caso más visible de su operatoria con el aparato judicial, cómplice en la eliminación de opositores por cualquier medio.

Fotos: Moises Rioja.

La mañana amaneció lluviosa y húmeda en Palpalá y también en San Salvador, pero al avanzar las horas y casi llegando al mediodía las nubes se han corrido y el cielo está despejado. Hacía donde giremos la vista sobre el horizonte se recortan las siluetas verdes y oscuras de los cerros. Estoy con Anastasia García, referente del Movimiento Nacional Campesino Indígena y Eugenia Calvo, una antropóloga joven, vivaz, pero con bastante lucha en su recorrido vital, y esperamos a Moisés Rioja,  fotógrafo y comunicador comunitario, en una cafetería ubicada a un costado de la plaza que enfrenta a la casa de gobierno provincial. Aún tengo unos minutos para dar una vuelta alrededor junto a esa Eugenia, alegre y decidida, que quiere mostrarme las esculturas de Lola Mora, algunas originales y otras, simples réplicas que se encuentran tras las rejas que rodean al edificio. No deja de ser una metáfora cruel y precisa, que en la tierra gobernada con un estilo despótico y feudal por Gerardo Morales, la representación de la justicia esculpida por la artista tucumana, se encuentre del otro lado de ese enrejado pintado de negro. Justo frente a las puertas de entrada, Eugenia, se encuentra con conocidos que vienen a protestar. El motivo es un problema de usurpación de tierras a una comunidad campesina, un hecho frecuente en la provincia y en el cual, como en la mayoría de los conflictos de esa índole, está implicado el gobernador, un miembro de su familia, alguno de sus testaferros o un miembro de sus aliados políticos. Después de intercambiar unas palabras nos despedimos, para volver a la cafetería, porque ya es la hora de partir hacia el encuentro con esa mujer, en la cual se personifican todas las arbitrariedades e injusticias que una persona pueda cometer sobre otra, Milagro Sala. Para llegar a su casa y lugar donde cumple la prisión domiciliaria impuesta por la justicia al servicio de Morales, bordeamos la orilla amurallada del río Xibi Xibi a unos diez minutos del centro. En algún momento, subimos la cuesta de una calle angosta, en un barrio de clase media sin muchas estridencias.

La puerta de hierro de la entrada está abierta y Eugenia toca el timbre de la de entrada a la casa, pero nadie contesta, por lo cual decide abrir y entrar. Como parece que las cosas funcionan así, de esa manera libre, le seguimos los pasos y nos presentamos ante una compañera que dejó de amasar fideos en la cocina para atendernos. Después de saber quiénes somos, nos hace pasar a un patio y ahí nos sentamos en unas sillas de hierro con almohadones muy cómodos y nos pide que  esperemos, porque Milagro está terminando una actividad. No se demora mucho en acercarnos un termo con agua caliente y un mate que apoya encima de la mesa, para hacernos más llevadera la espera. Una espera, en la cual me pregunto cómo estará Milagro, cuales son sus desvelos, pero sobre todo cuál es su ánimo pasados de tantos años de encierro. 

No demoramos mucho en ir despejando esos interrogantes, al verla bajar las escaleras para sumarse a la rueda que la espera, uno ya ve en su semblante una serena fortaleza. Una vez que soy presentado, me dice que hablemos un poco antes, y entre alguna frase jocosa para abrir el juego, aceptamos la propuesta de la charla para conocernos en la mateada. Se la ve fuerte y entera cuando habla de los efectos del Law Fare, con una fuerza que motiva al más caído. Hay una fortaleza que se irradia en la luminosidad de sus ojos negros, cuando habla de las discusiones que se deben dar en el campo nacional y popular para combatir y eliminar la pobreza, de la generosidad de sus propuestas para no regalarle la calle al enemigo y del rol que deben tener los movimientos sociales, para que los cambios se produzcan y también de las lealtades y defecciones vividas en ese tránsito. En ese punto es que aprovecho para preguntarle: 

¿Cómo se hace para sobrellevar una situación como la que vivís? 

Por ahí uno la sobrelleva… a ver, cuando uno mira los medios y ve que dicen la Gestapo de Vidal, los servicios de inteligencia y las cámaras en las cárceles, todo eso yo lo he sufrido yo y me cansé de denunciarlo. Cuando a mí me llevaron a la cárcel, a la semana empezaron a haber cámaras por todos lados. Yo en un primer momento, no entendía por qué me perseguían cuando iba al baño o por qué cuando iba a las ranchadas me seguía una milica y estaba a casi dos metros mío. Cuando les preguntaba por qué me seguían a mí y no al resto de la población, me contestaban que tenían órdenes del gobierno de la provincia de no dejarme ni un segundo sola “por si te querés matar” decían. Me estaba bañando y me abrían la puerta y yo desnuda. Las cámaras las tenía por todos lados, en la celda las milicas entraban a la noche cada dos por tres o me miraban por una ventanita que había en la puerta. Todo eso que ahora se denuncia a nivel nacional yo lo he pasado. Pero no hubo nadie, ningún periodista, ningún sector político que diga lo que pasaba en la cárcel. Yo fui una de las primeras en salir a denunciar esto. Eso que he vivido es muy feo. Te podés imaginar que cuando me iban a visitar te revisaban de pies a cabeza, es más, si eran de otras provincias también los revisaban así. Te hacían pasar malos momentos, a mí una vuelta me meten al “chancho”, que son las celdas de aislamiento, pregunto el por qué y me contestan que tienen órdenes. Vuelvo a preguntar porque tengo que ir si yo no les falté el respeto a ninguna de ustedes y ahí comencé hacer una huelga de hambre, que también la hace Paco Olveira, junto a otros curas de Opción por los Pobres. Después, una milica me dice que me aíslan porque yo jodía ayudando a las internas. Entonces le pregunté, por qué no las podía defender, si ellas las maltrataban, las torturaban y las metían al “chancho” y por qué no podía llamar por teléfono a los organismos de derechos humanos. Ahí me amenazaron con abrirme un expediente. Les dije que milité desde los 16 años en política, no voy a dejar de militar en ningún lado y voy a seguir militando acá dentro de la cárcel. 

Les molestaba que yo también repartiera mis cosas, me traían cigarrillos o té  y yo compartía porque muchas no tenían visitas y estás cosas, una las ha pasado. Después, cuando la Comisión de Derechos Humanos pide que me den la libertad o la remisión domiciliaria, en El Carmen, me ponen veinticuatro cámaras alrededor de la casa. Estaba la Gendarmería custodiando. Era una causa provincial, pero me custodiaba Gendarmería. Ahí está bien claro el acuerdo de Morales con la Gestapo de Patricia Bullrich y Macri. Había momentos que tocaban el pito y yo tenía que salir al  balcón a la hora que decían los gendarmes. Me dejaron de joder cuando salí por todos lados a denunciarlos y le pregunté: ¿Dónde está Santiago Maldonado? Yo lloré mucho, no porque me hayan quebrado. Lloré mucho por la injusticia que estaba viviendo y porque el resto de mis compañeros también la estaban viviendo, veía como a mi compañera Graciela López, las milicas la envolvían en frazadas y la llevaban golpeándola esposada al “chancho”, sufrimos un hostigamiento muy fuerte nosotros. 

Por eso me da mucha indignación cuando hablan de la Gestapo de Macri, porque nosotros sufrimos todo eso y esto sigue pasando en la actualidad con Gerardo Morales. Si vas a entrevistar a los compañeros que han metido en cana por cortar la ruta por pedir comida hace una semana, una de las compañeras que está embarazada, te va a contar que en la comisaría le decían que la iban hacer abortar a patadas. Eso que se vivía en el año 76 se vive ahora en Jujuy. Han juntado a la policía que tortura, con la justicia que te llena de causas. 

En la puerta de mi casa tengo el auto con la policía de civil, pero le dijeron al ministro de Seguridad de la Nación que ya no había policía de civil frente a mi casa y él cuando vino comprobó que eso era así, que no estoy mintiendo. La vez pasada, Patricia Cabana, quería ir al médico porque estaba con un ataque al hígado y el ministro de seguridad de la provincia no dio la autorización a la policía, cuando en realidad la que tenía que trasladarla es el servicio penitenciario. Son muy ilógicas las decisiones que toman en contra de nosotros. La provincia es una isla, pero forma parte de la Argentina. Hemos votado a un gobierno nacional y popular porque creíamos que esta persecución se iba a terminar de una vez por todas… Algunos dicen que somos presos políticos y otros presos con detención arbitraria, lo que tenemos recontra claro es que la política es la que nos tiene que liberar.

Podemos decir que Morales gobierna como un señor feudal.

Sí, como un gobierno autónomo. El pertenece a la Argentina cuando tiene que pedir plata, cuando tiene que seguir endeudando a la provincia, cuando tiene que hacer algunos acuerdos políticos y económicos, como con el litio, la marihuana, Girsu y otros más. Pero cuando tiene que tomar decisiones de aprietes a los movimientos sociales y aplicar las contravenciones, ahí es autónomo. Nosotros queremos discutir dónde estamos parados los jujeños, de qué clase de autonomía habla Morales. Si te ponés a contar todas las recaudaciones que tiene, Jujuy tendría que ser una provincia rica, no tendríamos que tener deudas, no tendríamos que pedir préstamos internacionales. Sin embargo, somos de las primeras provincias en estar endeudadas y esto se arrastra al acuerdo con el FMI. 

Cuando ciertos sectores sosteníamos no estar de acuerdo con el acuerdo con el FMI, lo decíamos porque un artículo expresa que la Nación se tiene que hacer cargo de todas las deudas provinciales. O sea que las deudas de Morales, la plata que hizo desaparecer y que nadie sabe dónde está, nos la tenemos que hacer cargo todos los jujeños y la Nación. No hubo un juez o un ministro, que haya denunciado la desaparición de esa plata; acá han hecho lo mismo que hizo Macri con la plata que le prestó el FMI. No queda nada en la provincia. La marihuana que cultiva el hijo de Morales, con la que recauda fangotes de guita, solo le dan 500 mil pesos al hospital Plinio Zabala, lo cual es un valor ínfimo. 

Durante el gobierno de Macri le dieron plata para armar los Bonos Verdes, que era un subsidio para fomentar la producción, pero nadie sabe dónde fue a parar esa plata y cómo desapareció. También desaparecieron fondos de préstamos internacionales. Me gustaría que fueras a Volcán y veas si están trabajando en las vías, ya la inauguraron como cinco veces para tener el dinero. O que vayas a las escuelas que dicen que hicieron. No hay nada y no es que lo hable por hablar, por oposición a él. Vayan al lugar, como cuando dicen que van a arreglar los paneles solares y solo lo hacen cuando bien un funcionario nacional, lo mismo que cuando limpian las vías, lo hacen cuando viene un funcionario nacional para que ponga más plata y seguir robando con esa gran obra. La marihuana no solo se exporta a los Estados Unidos, acá hay tabacaleros de Monte Rico, de Perico, de El Carmen que están cobrando el subsidio del tabaco y están plantando marihuana. Hace poco apareció un finquero con plantaciones de marihuana y si van a otras fincas pasa lo mismo. 

Nadie sabe muy bien adónde va lo que produce Cannaba, no son pocos los que sospechan que, parte de la producción se deriva para la fabricación de cerveza con marihuana en California, un producto elaborado por el grupo transnacional que fabrica la cerveza Corona.

Si es que hacen eso, ya es cuestión de los norteamericanos. Pero lo grave de esto es que ya están vendiendo ladrillos de marihuana a los propios jujeños y sobre la semilla que usan, la diputada Alejandra Cejas, hizo todo un estudio y descubrió que es una tóxica, con componentes adictivos muy altos. Están destrozando a la provincia, a los pequeños productores le están sacando las tierras, no solo en El Pongo, también en El Carmen, Perico, Monte Rico, en Humahuaca, Tilcara, Maimará, La Quiaca. 

Donde toques, este tipo tiene negocios y los delincuentes somos nosotros, los asesinos somos nosotros, los chorros somos nosotros, los narcos somos nosotros, los violentos somos nosotros. Cuando a la violencia ellos la demuestran las 24 horas del día. Reprimen a los trabajadores, a los movimientos sociales, te meten las contravenciones. No te dejan caminar tranquilo, tienen autos sin patentes para perseguir a opositores políticos. Es muy feo lo que pasa, han convertido a la provincia en un narcoestado con aprietes a los opositores. Esto pasa porque tiene socios como Blaquier que está asociado en todos los negocios de Morales. Otro de los socios es el presidente del Partido Justicialista, Rubén Rivarola. 

Este grado de entereza para denunciar esas situaciones donde los negociados solo sirven para beneficios de los ricos de siempre, me lleva a preguntar, ¿cuál es el nivel organizativo de la Tupac en estos momentos?

Muchos se han pensado que, metiéndome presa y sacándonos todas las cosas que teníamos, (como la sede, las piletas climatizadas, los emprendimientos fuertes) íbamos a desaparecer, pero aun sin nada de recursos, seguimos con los comedores comunitarios y por ahí participamos de alguna marcha. La Tupac está entera, está bien, nunca hemos bajado los brazos, al contrario. En el primer momento que me metieron a mi presa, les dijimos a los compañeros, hay que guardarse un tiempito y después ellos solos empezaron a salir, querían marchar y trabajar en los territorios. En algunos lugares hemos recuperado las piletas y en otros no porque han destrozado todo, como es el caso de la pileta de San Salvador, que no nos dejan entrar, da mucha pena ver cómo la han dejado. Todo lo que significa Tupac Amaru lo han destruido, pero no han podido destruir la conciencia de los compañeros nuestros. La convicción es seguir trabajando y no bajar los brazos.

A pesar de ese dolor, las convicciones y la fortaleza para sostenerlas, le laten a flor de piel, eso me lleva a preguntarle, acerca de algo nuevo en su vida militante, como lo es su trabajo como docente en una diplomatura.

Es de la fundación de Escobar y me lo propuso Sacchi y otros compañeros para hablar de los movimientos sociales, de la construcción de la Tupac y sobre cómo trabajamos con la economía social. Ya es el tercero que estamos trabajando y ahora comencé con la Universidad de la Familia, también para hablar de los movimientos sociales y sobre la formación de los dirigentes. A mi me hacen una propuesta y nunca digo que no, siento que nosotros los que ya peinamos canas, a pesar del cabello teñido, tenemos que ser generosos con la juventud, porque hoy necesitamos muchos compañeros y compañeras que comiencen a formarse como dirigentes. Los que ya pintamos tenemos que empezar a entregar la bandera de la resistencia a los más jóvenes. Mirá el ejemplo de Boric en Chile, vi la asunción de él y me emocioné mucho, porque es el primer joven en Latinoamérica que llega a presidente. Él fue un joven luchador desde el secundario, del centro de estudiantes y hubo sectores políticos que le dieron la oportunidad de formarse como dirigente. Es lo que nosotros los viejos tenemos que hacer, correr el egoísmo a un costado de querer ser nosotros no más y no permitir que los jóvenes se formen. Yo sueño con que algún joven llegue a la presidencia y entregarle las banderas de la resistencia y la liberación, para que el país comience a ser para todos y no para unos pocos.

Su mensaje, guarda la evocación de otras luchas pasadas y le preguntó, dada la cercanía de la fecha, que cosas le generan en lo personal y en lo político, la conmemoración del 24 de marzo.

Mirá, si una está presa hoy, si a la Tupac Amaru la han querido desaparecer, uno de los motivos es que nosotros agarramos muy fuerte las banderas de los organismos de derechos humanos… Te voy a contar una anécdota, cuando empezaron los juicios por los crímenes de lesa humanidad, estaban los abogados, todos muy jovencitos y yo le dije a uno de ellos –yo era dirigente de ATE- “están juzgando a todos, vos no crees, que en algún momento no puedas conseguir algún juicio del estado para que puedas trabajar, porque estos tipos te van querer matar, los genocidas no nos van a perdonar que los sentemos en el banquillo” y me contestó: “Es que hay mucha firmeza con esto. Tenía razón. Con la misma firmeza y convicción que lucharon ellos, lo estamos haciendo nosotros. Que haya 30.000 compañeros desaparecidos y que al día de hoy algunos juicios no se hayan iniciado, con algunos genocidas caminando por las mismas calles que caminamos todos, hacen que sigamos levantando esas banderas. Esas banderas no se tienen que bajar nunca y los juicios se tienen que acelerar, porque sino los culpables se entran a morir por la vejez y se van impunes. Aún falta que aparezcan muchos hijos de nuestros compañeros, porque lo que se recuperó es muy poco, hay que seguir recuperando hijos y nietos. Si hoy estamos peleando, es porque las madres nos dejaron un ejemplo de lucha y de resistencia. 

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