Mentiras al volante

En los piquetes, los activistas de los gremios rurales, distribuían un volante comentando lo que a su juicio eran afirmaciones falsas –“mentiras”– de los integrantes del Poder Ejecutivo Nacional.
A esta altura a nadie va a extrañar que un gobierno falsee los hechos, disfrace o escamotee la verdad. Alguien nos ha hecho creer que debemos desconfiar de los políticos… que por lo general no defraudan esa desconfianza.
Pero no son las autoridades y los dirigentes políticos los únicos que usan la tergiversación y la manipulación de los conceptos como sus armas predilectas. De las afirmaciones de sus dirigentes y de la lectura de ese volante –que a continuación transcribimos y nos permitimos comentar– surge la evidencia de que la falacia, el ocultamiento y el engaño, fueron también las armas de los gremialistas rurales.

Mentira 1: «Gracias a las retenciones el campo tiene el gas-oil barato» (Ministro Lousteau)
Realidad: El gas oil para el transporte en colectivos vale $1, en los surtidores de las estaciones de servicio (precio al público) $1.70 a $2 y para el campo (mayorista) vale $2.20 a $2.30. Y en los momentos de mayor consumo, siembra – cosecha, muchas veces no se consigue.

COMENTARIO: Lo que afirman los productores es cierto, pero lo que parece una discriminación a los productores rurales es en realidad una discriminación a todo el interior del país: la diferencia entre el precio del gas oil en la Capital Federal y las ciudades –no sólo en “el campo”– es de entre 40 y 50 centavos. En porcentajes, un 20% más caro.
Es cierto también que, contra toda lógica, cuando la compra es en grandes cantidades, el precio aumenta. Pero también es cierto que en los surtidores para automóviles extranjeros (del país limítrofe en cada región en particular) el precio del gas oil es un 50% más alto que el del surtidor más caro del país. Así y todo los uruguayos siguen pasando a Colón y Concordia a llenar los tanques de combustible de sus vehículos, señal de que también el ministro Lousteau tiene razón.

También es directamente perverso que el gas oil esté más caro que la nafta común, cuando al momento de la devaluación estaba a menos de la mitad. Y de tomarse como parámetro los 45 centavos que costaba cuando la devaluación, nótese que hoy supera los 1.39 que debería costar, de mantenerse su precio constante a valor dólar. Pero ni siquiera esto se justificaría, ya que produciéndose en el país, los costos de extracción y refinamiento del crudo están muy pero muy lejos de haberse triplicado.

Y en este punto la ambigüedad gubernamental se observa en los «precios máximos». Efectivamente, Shell se avino a bajar el precio del gas oil a alrededor de 1.80 (en la Capital Federal), según rezan los carteles respectivos, pero sus estaciones de servicio nunca tienen gas oil sino pure diesel, que cuesta algo más de 2.20.
Y suele faltar en las YPF.

Tal vez porque recién acaba de empezar el otoño y seguramente porque solía ser el combustible de los más pobres de los pobres, de todas las naftas, la más cara es el kerosene. Ni que se usara para los aviones.

Mentira 2: «Gracias a las retenciones el campo tiene un tipo de cambio competitivo» (Ministro Lousteau)
Realidad: El campo vende con un dólar entre $1.75 y $2.05 (tipo de cambio menos retenciones) según los productos; y compra los insumos con un dólar de $3.15. ¿Quién puede competir así?

COMENTARIO: Esto también es cierto, aunque sólo para los insumos importados, que no son todos los que la producción agraria demanda ya que la mayor parte de los insumos y servicios que utilizan tienen valores y tarifas muy inferiores a los valores y tarifas internacionales, pero va de suyo que para evitar que el insumo importado deba comprarse a un dólar a 3.15 mientras se vende con un dólar a 2$, no es, justamente, bajar las retenciones, porque si los productos primarios tienen internamente un valor internacional, no serán sólo los productos importados los que estén a un dolar de 3.15, sino que también los que se producen acá tenderán a tener valores internacionales. La convertibilidad de nuevo, para decirlo mal y pronto, lo cual implica comer pollo brasilero, choclo francés, chacinados de Italia, naranjas de Tailandia y etcétera, etcétera.

Mentira 3: «En el 2008 el productor recibirá el precio lleno del trigo» (Secretario de Agricultura De Urquiza)
Realidad: En el mercado externo el trigo vale $1150 por tn., por las retenciones el Gobierno se lleva $332 por tn., exportadores y/o molineros (amigos del Gobierno)se quedan con $248 por tn., y el productor cobra puesto en el puerto $580 por tn., solo el 50% del precio lleno. Y a eso hay que descontarle los gastos de comercialización y flete, que rondan en un 20%.

COMENTARIO: Sacando la chicana de «los amigos del gobierno», que confunde y quita perspectiva, siguen teniendo razón. Alguno habrá amigo del gobierno, pero en general esta distorsión obedece a una concepción de la sociedad, que sigue siendo la misma que en los 90. Lo que cambió es el marco macroeconómico (y eso no es desdeñable) pero la estructura de poder no sólo sigue concentrada, sino que esa concentración se incrementó

Dice Alberto Ferrari Etcheberry, ex director de la Junta Nacional de Granos: “El precio del grano que cobra el agricultor es el del mercado internacional menos las retenciones. Hoy US$ 533, menos 44% que es el impuesto que paga. Pero el responsable del pago al fisco es el exportador, que actúa como un agente de retención del impuesto que lo pagará mucho más tarde: 15 días después de haber embarcado el grano”.

El exportador parece agente de retención, pero hay detrás mucho más, porque el exportador socializó sus costos trasladándoselos al productor, que es quien acaba pagando la retención que debió haber pagado el exportador, quien no solamente exporta. Gran parte del trigo se trasforma en harina, que se vende en el mercado local, así como la soja se usa también para alimentos balanceados y, con el girasol, para la fabricación de biodiesel, negocios que en general están en manos de los grandes molinos y los grandes operadores y exportadores, cuyos costos resultan, en los hechos prácticos, siendo pagados por los productores y por el público: nótese que el exportador o el gran concentrador ha funcionado como agente de retención de un grano que no se exportará y sobre el que ni un peso remitirá al Estado… porque en las cuentas de exportación ese grano no existió nunca.

Como los grandes exportadores, en cuyas manos está el diseño, control y conducción del entero modelo de explotación agraria del país, son extensas empresas multinacionales, tienen a venderse a sí mismos mediante operaciones trianguladas en las que el “negocio” es la subfacturación, gracias a lo cual se quedan con otra parte de las retenciones que, si se permite la cacofonía, retuvieron como agentes del fisco.

Como se ve, un excelente negocio del gran operador y el exportador –que, con o sin retenciones, siempre gana– a expensas del productor y del Estado, que venimos a ser todos.

“Y lo paradójico –se horroriza el Grupo de Reflexión Rural, muy crítico del sistema de retenciones– es que, cuando los representantes del campo protestan, lo hacen contra el Estado que aplica las retenciones y no contra las corporaciones que, en nombre del Estado y abusando de su rol en la cadena de comercialización, las socializan con ellos”.

Mentira 4: «El objetivo de las retenciones es que los consumidores tengan alimentos baratos».
Realidad: El trigo en el 2002 (año en el que se reimplantaron las retenciones) valía $380 por tn., ahora vale $580 por tn., es decir que aumento el 52%. El precio del pan ese mismo año era $2 por kg., hoy cuesta $4 el kg., el aumento es del 100%. El principal objetivo de las retenciones es recaudatorio.

COMENTARIO: En un plano, esto es falaz, si bien es cierto que la concepción que el gobierno tiene de las retenciones es impositiva. Y si uno la considera un impuesto, distorsiona su sentido que es doble: separar los precios internos de los externos, por un lado, y como instrumento de ahorro nacional por otro. Esto, si se usa para infraestructura, para el rediseño de una política agropecuaria, para fijación de objetivos, a través de fomento y premios. Por ejemplo, si quiero que no aumente la carne no sólo debo mantener las retenciones sino aumentar la cantidad de vientres y optimizar el engorde. Y si uno impone retenciones o hace un mecanismo con más racionalidad como volver a la Junta Nacional de Granos o estatizar el comercio exterior de los alimentos. Lo elemental es garantizar un precio sostén. Así, de la manera en que lo viene haciendo el gobierno, el Estado (el público) se apropia, supuestamente (acabamos de ver que no es así), de parte de las ganancias, pero cuando la cosa va mal, no se hace cargo de las pérdidas. Y eso es francamente injusto.

Mentira 5: «Al campo le va tan bien, que desde que asumió este Gobierno, el precio de la tierra aumentó seis veces». (Ministro Alberto Fernández y Randazzo).
Realidad: El precio de los campos aumentó pero no lo compran los verdaderos productores con sus ganancias, sino empresarios, industriales y sindicalistas allegados al Gobierno con fortunas de dudosa procedencia. (Moyano, Eurnekian, Werthein, etc…. empresas internacionales y extranjeros!!)

COMENTARIO: Lo segundo no quita lo primero. Y el precio aumentó porque aumentó la rentabilidad. Si el señor Moyano se compró un campo, lo ignoro, pero Eurnekián hizo o multiplicó su fortuna con el menemismo y Werthein es un representante de la rancia oligarquía, de la que todos sus integrantes, sin excepción, hicieron grandes fortunas de un modo dudoso, para decirlo elegantemente.

Los Wethein hicieron su fortuna en forma algo más reciente que los Mitre, los Drago, los Martínez de Hoz, los Bemberg o los Züberbuller, pero la antigüedad de los delitos no cambia, sino que apenas maquilla, su naturaleza. En cuanto al señor Moyano, debe rendir cuentas a los trabajadores, no a los productores rurales ni a las señoras y señoros del barrio Norte.

Mentira 6: «La carne no esta afectada por las retenciones» (Ministro Alberto Fernández)
Realidad: Las retenciones a las exportaciones de carne, desde 2002 al 2006, pasaron del 5 al 15 %. Además, el mercado de la carne está fuertemente intervenido con precios máximos, manipulación de los Registros de Exportación, aprietes a consignatarios y frigoríficos para firmar acuerdos, etc.

COMENTARIO: Lo que existe es una «sociedad», por así decirlo, o una asociación con los grandes frigoríficos exportadores, de la que participan los supermercados. Es una reiteración de lo que ocurre con el grano, en la que pretendiendo al parecer redistribuir el ingreso nacional, se acaba reconcentrándolo. Y a esa concentración resulta muy funcional la estrategia de control de precios, que consiste siempre en arreglar con el grande a expensas de los más chicos.

El señor Guillermo Moreno pactó con los grandes frigoríficos (que son los grandes exportadores y los que se quedan con la parte del león del negocio de la carne) un precio máximo… en puerta de fábrica, donde sólo los grandes supermercados pueden ir a retirar las mediareses y jamás podría hacerlo un carnicero, que requiere de dos, cuatro, diez piezas, si es un carnicero de cierta envergadura. Los carniceros y los pequeños supermercados deben entonces recibir la carne ya fuera de la “puerta de fábrica”, y ya sin precio máximo.

El resultado obvio será que los carniceros se fundirán y sólo quedarán los grandes frigoríficos y los grandes supermercados como únicos actores del negocio, aumentando así no sólo su poder económico sino su capacidad de fijar el precio.

Mentira 7: «El campo vende a precios internacionales y compra insumos a valores que se han mantenido en pesos» (Ministro Alberto Fernández).
Realidad: Las retenciones le ponen un precio tope al precio que recibe el productor, actúan como un precio máximo, por lo que los chacareros no se benefician con los aumentos de los precios internacionales. Por otro lado, en el último año, los insumos aumentaron en promedio el 70% en dólares.

COMENTARIO: 70% en dólares suena a exageración, y además son algunos insumos, pero es verdad que existe una inflación internacional que se termina trasladando. Con las retenciones se pretende que no se traslade internamente lo que producimos, pero se traslada en los precios de lo que se necesita importar.

No todo se puede fabricar acá. Y la mayor parte de los agroquímicos son derivados del petróleo… y de eso mejor ni hablemos. Y de nuevo, la eliminación de las retenciones no es precisamente lo indicado, a no ser que se proponga reemplazarlas por instrumentos más útiles de diferenciación de precios y conducción y organización de la producción agropecuaria.

Mentira 8: «Este Gobierno no tiene una política anti campo» (Ministro Alberto Fernández y Secretario de Agricultura de Urquiza)
Realidad: ¿¡Todo esto le parece poco?!

COMENTARIO: Todo esto no obedece necesariamente a una política anticampo, sino a una ausencia de política, que deriva de una ausencia de objetivos, que a su vez deriva de un problema ideológico. En criollo, las autoridades no tienen ni la más pálida idea de qué clase de país quieren. Pero también está claro que despejando los cristales ideológicos y prejuiciosos, el grueso de los argentinos decididamente no quieren el país resultante de las medidas propuestas por los gremios rurales.

Queremos que conozca los verdaderos motivos de nuestros reclamos y mostrarles que las declaraciones del Gobierno son totalmente falsas.

COMENTARIO: Las afirmaciones del gobierno no son totalmente falsas, por más que no le falte verdad a mucho de lo que dicen los ruralistas. Se trata de un no diálogo o imposibilidad de diálogo que obedece a que ni el gobierno ni esos productores rurales están dispuestos a entender las razones del otro, y a que ambos mienten, tratando de empaquetar a un pueblo que ya hace rato fue convertido en público.

Lo que están pidiendo esos productores sin la simultánea estatización del comercio exterior de granos y alimentos, es, por un lado, inaceptable, porque se viene abajo todo el andamiaje de la política económica. Pero además es suicida, porque implica un retorno a la convertibilidad, durante la que se fundieron y fueron desapareciendo justamente los pequeños productores. Pero una convertibilidad ahora peor, sin activos para sostenerla mediante el endeudamiento. Ya no tenemos nada. Nos fumamos en pipa el petróleo, los trenes, agua y energía, gas del estado, aerolíneas, etcétera etcétera. Por más que les pese a las señoras copetudas, ya no es posible repetir la experiencia.

En síntesis, que si los productores agrarios quieren suicidarse, que por favor, elijan otra forma de hacerlo, no ésta, que equivale a tomar los mandos del avión en que viajamos todos y estrellarlo contra una montaña.

Que se suiciden solos, a la japonesa y no al modo de los fundamentalistas islámicos.

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