Mensaje de las organizaciones campesinas a los candidatos de las presidenciales de 2008

Los abajo firmantes, Organizaciones Campesinas de todo Paraguay que representamos de forma directa o indirecta a 2.234.761 personas que viven en áreas rurales (el 43,28 por ciento de toda la población nacional, datos de 2002) y a cientos y cientos de miles de ciudadanos más que tienen sus orígenes y sus familias en áreas rurales (Asunción, por ejemplo, en 2002 tenía casi un 40 por ciento de la población no nacida en la ciudad), nos dirigimos a los candidatos de las Elecciones Presidenciales del 2008, sean quienes sean, para hacerles llegar nuestra voz. Lo hacemos con un año de antelación para que nuestro mensaje les llegue alto y claro. Absolutamente nítido.

Tenemos una sed y un hambre infinitas de justicia. Una sed de justicia que arrastramos desde hace siglos y que lo abraza todo: acceso a la tierra, la salud, las infraestructuras, la educación, el agua, el precio de nuestros productos, el trabajo, el guaraní.

Estamos cansados de robos, invisibilización, violencia, desprecio, engaños, represión, estafas, asesinatos, pauperización, de pasar hambre. Estamos desesperados de haber tenido que emigrar durante décadas y de tener que hacerlo todavía hoy por cientos de miles. Estamos hartos de tener un Estado corrompido, corrupto y corruptor que nos ha marginado, ignorado, reprimido, combatido, asesinado, pauperizado y analfabetizado. Sí, analfabetizado.

Nunca antes entendimos -porque nunca se nos educó ni se nos formó para ello, ni en la escuela ni por los medios de comunicación- qué papel jugaban en Paraguay las lenguas, el guaraní y el castellano, en el mantenimiento y perpetuación de nuestra situación de marginación, explotación, pauperización, engaño y violencia. Ahora, lentamente, lo empezamos a entender. Empezamos a abrir los ojos. Y lo que vemos nos llena el corazón de rabia e ira. Ira ante la colosal y brutal estafa de la cual hemos sido objeto durante tanto tiempo. Se destruyó, negando la igualdad y la justicia para el guaraní, a nuestros padres y a nuestros abuelos y a los padres de sus padres, se nos destruye a nosotros y se destruye a nuestros hijos e hijas.

En Paraguay, 3.946.904 personas sobre 5.163.198 habitantes que tenía el país en 2002, hablaban guaraní (el 76 por ciento de la población). Casi el 30 por ciento de toda la población nacional sólo hablaba, como única lengua, el guaraní. El 60 por ciento de todos los hogares paraguayos eran de lengua guaraní, cifra que ascendía al 82,5 por ciento en áreas rurales (por sólo 8,5 por ciento de lengua castellana) y se mantenía en 42,6 por ciento de hogares de lengua guaraní en las áreas urbanas.

En Paraguay ha existido por doscientos años (1811-2007) un régimen de “apartheid lingüístico” contra el guaraní, contra nosotros, que ha marginado a la población de lengua única guaraní, básicamente campesinos. Paraguay ha sido y es, todavía hoy, un país de campesinos y campesinas. Todos tenemos, además, raíces campesinas. Se ha construido un Estado opresor contra el guaraní donde todo se ha hecho en castellano y nada en guaraní. El guaraní sólo ha sido bueno para morir para defender la Patria. Entre las clases dirigentes paraguayas hay miles de personas que únicamente hablan castellano (o alemán y castellano o inglés y castellano o portugués y castellano o incluso castellano y guaraní), pero no hay ni una persona en todo el país, entre esas clases, que sólo hable guaraní. Ni una sola. ¿Por qué? ¿No es el guaraní la lengua primera, autóctona y mayoritaria de Paraguay? ¿No lo ha sido siempre? Los hablantes de guaraní, peleando en guaraní, usando incluso el guaraní como “arma de defensa nacional”, ¿no morimos por miles en la Guerra de la Triple Alianza y en la Guerra del Chaco? ¿O estamos todavía en el modelo colonial de amos y siervos, en vez de seres humanos iguales? ¿Todavía debe ser el castellano “karai ñe’ê”, la “lengua del señor”, del amo, del explotador, del terrateniente? ¿Debe ser el castellano, o el alemán del menonita, el portugués del brasileño, “karai ñe’ê”? ¿Y nosotros qué somos, y qué es nuestra lengua? ¿Acaso no somos nosotros los amos del país? El pacto “hispanoguaraní” que tanto ha ensalzado y aullado la jauría bien alimentada del “nacionalismo aullador”, ¿era esto: matar el guaraní, marginar y pauperizar a sus hablantes, darlo todo al castellano? ¿Por qué un ciudadano que sólo habla castellano puede ser funcionario público, teniendo que atender y trabajar para una población mayoritaria de lengua guaraní, y en cambio no hay funcionarios -que podrían ser nuestros propios hijos- que sólo hablen guaraní?

El Estado Paraguayo, en su política implícita de “apartheid lingüístico”, acompañada de prohibiciones contra el guaraní durante largos períodos de nuestra historia, nos ha analfabetizado. Nunca, desde 1811, se ha alfabetizado a los paraguayos y paraguayas en guaraní. Nunca. Pero tampoco se alfabetizó de forma adecuada, eficiente y apropiada a toda la población, y mucho menos al campesinado, en castellano. Nunca fue esto una prioridad nacional. El resultado, en un contexto de “apartheid lingüístico” contra el guaraní, ha sido que durante dos siglos millones de paraguayos y paraguayas, millones de campesinos y campesinas, no hemos podido participar de forma plena en la vida social, cultural, económica e intelectual de la Nación. No pudimos participar con nuestra lengua primera, el guaraní. Y no se nos dio, de forma adecuada, el castellano. Hemos sido engañados y marginados de forma consciente -y esto es lo peor y más grave, y condenable en cualquier tribunal de derechos humanos- por parte de las clases dirigentes de Paraguay para sacar provecho de nuestra situación de postergación, humillación y desprotección. No lo olvidamos. No lo olvidaremos. ¡Un país donde los hablantes monolingües de castellano deben aprender guaraní, a regañadientes, cuando empiezan a trabajar o vivir en el interior del país, y donde, a pesar de ello, el Estado Paraguayo nunca ha funcionado en guaraní, no es un país justo ni normal! Paraguay es un Estado anormal que sería severamente sancionado por grave violación de derechos humanos y derechos lingüísticos de formar parte de la Unión Europea.

Durante décadas, los políticos, en vísperas electorales, nos han sermoneado y arengado en guaraní. Nos han hecho miles de promesas en guaraní. Todos incumplidas. Pero nunca nos han prometido nada para el guaraní. Y nunca han hecho nada por el guaraní. Han ladrado sus promesas y se han vuelto a Asunción sin hacer nada para que pudiésemos participar, dando formación e información en guaraní, con normalidad y en plenitud en la vida nacional y pudiésemos fiscalizar su actividad. Incluso los mismos que nos han ladrado en guaraní sus falsas promesas no han transmitido el guaraní a sus hijos y nietos, para los cuales han querido una educación “bilingüe” en castellano e inglés u otra lengua, y a ser posible en Estados Unidos o en Europa. El guaraní ha sido usado para someternos, manipularnos, engañarnos. No se ha usado para que avanzásemos en nuestra promoción económica, cultural y social de forma colectiva e individual.

Queremos que todos nosotros y nuestros hijos e hijas sepan castellano. Entendemos la importancia global del castellano. Y también queremos que nuestros hijos e hijas sepan otras lenguas, tantas como puedan. Pero queremos preservar nuestra lengua; queremos justicia, verdad, equidad y prosperidad en guaraní; queremos preservar nuestra identidad cultural, porque no somos ni nunca fuimos españoles ni brasileños ni argentinos ni italianos ni alemanes: somos paraguayos, simplemente paraguayos, corra la sangre que corra por nuestra venas, y nuestra lengua primera es el guaraní. Queremos mantener, en un mundo cada vez más globalizado y homogéneo, nuestra identidad. Justicia social e identidad, y ambas en guaraní. Lo que nos singulariza en el mundo es nuestra identidad lingüística y cultural. Hemos visto que los campesinos daneses y todos los daneses quieren vivir en danés y saber inglés y otras lenguas. Hemos visto que los campesinos holandeses y todos los holandeses quieren vivir en neerlandés y saber inglés y otras lenguas. Hemos visto que los campesinos catalanes y todos los catalanes quieren vivir en catalán y saber castellano y otras lenguas. Nosotros queremos poder vivir en guaraní, saber castellano y saber otras lenguas.

Mientras redactamos esta carta abierta, sale a la luz un Anteproyecto de Ley de Lenguas de Paraguay. Aplaudimos la iniciativa. Esperamos que sea aprobada y entre en vigor. Y que tenga presupuesto suficiente y un calendario claro para su implementación. Pero ya no vamos a creer más en falsas promesas o en leyes que son papel mojado. No. Ahora vamos a creer en nosotros mismos y en lo que hacemos. Y vamos a usar el guaraní de forma sistemática y vamos a denunciar por todo el mundo la situación de “apartheid lingüístico” que se ha dado y se da en Paraguay. Además, la ley debe contemplar sin ningún tipo de duda ni vacilación, so pena de ser otro engaño y otra mentira, que todos los paraguayos y todas las paraguayas, sin ninguna excepción, aprendan adecuadamente en la escuela guaraní, castellano y una tercera lengua, y que los hablantes de otras lenguas paraguayas puedan mantener las suyas. Esta es la condición mínima, irrenunciable, para la igualdad entre paraguayos.

Tenemos la experiencia del fracaso de la Reforma Educativa, provocado por el propio Gobierno y jaleado por los medios de comunicación favorables al “apartheid lingüístico” paraguayo. La Reforma, sin que fuese abolido el régimen de “apartheid lingüístico” implícito y sin que se variase la imagen social difundida por los medios de comunicación sobre el guaraní, no ha conseguido nada de lo que pretendía: que todos los escolares paraguayos aprendieran guaraní y castellano y una tercera lengua. Y no sólo eso. Ha hecho algo peor. Los mismos padres y madres campesinas que hablamos como lengua única o primera guaraní pedimos en muchos caso que nuestros hijos no fuesen escolarizados en guaraní porque vimos que nada había cambiado en el régimen de “apartheid lingüístico”. ¿En qué país normal del mundo pasaría esto? Y los escolares de lengua única castellana no han aprendido el guaraní, que ha quedado encerrado en la escuela sin estar presente en la televisión, la radio, la prensa, la música, etc. de forma normal y constante.

Señores candidatos, señoras candidatas: ¿Dónde está su programa para la lengua guaraní? ¿Dónde está su programa para la justicia lingüística en Paraguay? ¿Dónde está? Lo queremos conocer. Queremos que lo difundan por toda la Nación. Queremos que lo expliquen a toda la Nación. Y señoras candidatas y señores candidatos: hablen, mucho, en guaraní en Asunción, para recordarles a los “apartheidistas” que el guaraní es la lengua primera de la Nación y para reblandecerles el corazón por su impiedad, su injusticia y su falta de humanidad hacia millones de paraguayos y paraguayas por doscientos años.

Firmado:

MCNOC – Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas, Luis Aguayo, mcnoc@conexion.com.py
OÑP – Okaraygua Ñemongu’e Paraguáipe- MCP Movimiento Campesino Paraguayo, Fermín Bobadilla, mcp@highway.com.py
OLT – Organización de Lucha por la Tierra, Narciso Ruiz Díaz, oltparaguay@gmail.com
ONAI – Organización Nacional de Aborígenes Independientes, Mario Rivarola
UCN – Unión Campesina Nacional, Daniel Duarte
CNSL – Coordinadora Nacional Sebastián Larrosa, Mercedes Fleitas
OCN – Organización Campesina del Norte, Asunción Duarte, ocnpy@hotmail.com
OCM – Organización Campesina de Misiones, Mario Talavera
OCP – Organización Campesina de Paraguarí, Sergio Orsuza
ACMD – Itapúa
CONAMURI – Coordinadora Nacional de Organización de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas, Julia Franco, conamuri@rieder.net.py
FNC – Federación Nacional Campesina, Odilón Espínola, fncparaguay@gmail.com
ONAC – Organización Nacional Campesina, Angel Giménez, onac@telesurf.com.py
CNUCIP – Coordinadora Nacional de Unidad Campesina, Indígena y Popular, Tomás Zayas, tomaszayas@yahoo.es
OCRC – Organización Campesina Regional de Concepción, Edilberto Saucedo, ocrc1995@yahoo.com
ACADEI– San Pedro
MAP – Movimiento Agrario Popular, Jorge Galeano, agrariopopular@yahoo.es

Carta abierta (16). Campaña “Guaraní, lengua oficial y de trabajo del Mercosur y lengua oficial plena de Paraguay”. Organizaciones campesinas.

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