McCain y Obama nos oxigenan con su indiferencia

La proximidad de la elección presidencial estadounidense inició un previsible debate acerca de si es la victoria del candidato republicano o la del demócrata lo más conveniente para la Argentina y América del Sur.

Las posiciones que más se repiten en el marco de este debate suelen identificar atención con conveniencia. Más claramente, existe un sentido común que reza que tanto a nuestro país como a nuestros vecinos nos resultará favorable que se corone Presidente de los Estados Unidos aquel candidato que tenga a la región entre sus prioridades de política exterior.

A los efectos de sumar una postura adicional, afirmamos con convicción que el mejor candidato para América del Sur es aquel para quien la región le resulte irrelevante. Puesto así, puede resultar exagerado. Pero si consideramos que desde los atentados del 11/9, las prioridades de la política exterior estadounidense han sido combatir dos amenazas fundamentales, personificadas en el terrorismo transnacional de alcance global y los tiranos con armas de destrucción masiva, y una amenaza periférica, constituida por los espacios sin gobierno, las áreas sin soberanía y los Estados fallidos, no caben dudas de que lo mejor para nuestra paz y seguridad es que los Estados Unidos no pongan un ojo en nuestra región.

Los push factors que atraen la atención de esta superpotencia son la existencia de recursos estratégicos claves para su funcionamiento y las denominadas fronteras turbulentas. Es decir, que se va a desplazar hacia aquellas regiones en las que existan recursos que considera vitales para el sostenimiento y aumento de su poder y hacia aquellos países que se encuentren políticamente desestabilizados y que, en consecuencia, representen un riesgo para su seguridad.

En el escenario surgido desde el 11/9, la irrelevancia relativa de América del Sur para los Estados Unidos es nuestra principal fortaleza. Nuestra región, no posee ningún recurso de poder que nos haga necesarios para ese país, así como tampoco representa una amenaza para su seguridad. Asimismo, a pesar de las enormes dificultades sociales, económicas y políticas, América del Sur es una región que contribuye decisivamente a la paz y a la seguridad en el mundo.

La agenda exterior de los candidatos

Consideramos que por el momento podemos dormir tranquilos ya que América Latina apenas es mencionada en las prioridades de las propuestas de política exterior de Barack Obama y John McCain. El candidato demócrata ha identificado como principales ejes de su política exterior poner fin a la guerra en Irak, enfrentar diplomáticamente la amenaza que representa Irán y obtener progresos en el conflicto Palestino-Israelí teniendo como objetivo la consolidación de dos Estados nacionales, entre otros.

Por su parte, el candidato republicano también ha hecho lo propio mencionando en el tope de su agenda exterior ganar la guerra contra el terrorismo identificando al extremismo islámico como el principal desafío a la seguridad nacional estadounidense y el principal campo de batalla en Irak; defender el territorio nacional incrementando el presupuesto de defensa a los efectos de aumentar el tamaño de la armada y de la marina y de modernizar el equipamiento militar.

No obstante, incorrecto sería afirmar que no ha habido apelaciones relativas a América Latina por parte de ambos candidatos presidenciales. Obama ha manifestado la necesidad de dotar de fluidez a las relaciones con nuestra región, para lo cual designará un “Enviado Especial” que dependerá directamente del presidente. Asimismo, McCain ordenó a sus principales asesores de política internacional que prioricen la relación con América Latina.

Respecto a esto, Obama ha manifestado que bajo el principio “what’s good for the people of the Americas is good for the United States” resulta importante consolidar una agenda que genere progresos en las democracias, la seguridad y las oportunidades de todo el continente. Mientras que McCain, ha dicho que los países latinoamericanos son socios naturales, pero la falta de atención ha lesionado las relaciones. Sin embargo, parece que para mejorarlas el candidato republicano supone apropiado trabajar con México para controlar la inmigración ilegal y derrotar a los carteles de drogas y con Brasil para garantizar la seguridad regional en países como Haití. Adicionalmente, ha afirmado que debemos rechazar a demagogos que amenazan la seguridad y prosperidad del continente como Hugo Chávez. Sin duda, esta caracterización no parece una forma muy positiva ni deseable de entrar en la agenda norteamericana.

Las afirmaciones de McCain deberían generar cierta preocupación, mientras que las de Obama son lo suficientemente vagas como para suponer que ocupará demasiado tiempo en nuestros asuntos. En cualquier caso, es importante reiterar las escasas menciones de ambos candidatos respecto a Latinoamérica y su ausencia entre sus prioridades de política exterior.

La crisis económica se impone en la agenda

La crisis financiera internacional cuyo epicentro se encuentra en los Estados Unidos podría tornar abstractas no sólo éstas, sino cualquier otra manifestación que los candidatos presidenciales realicen respecto a sus convicciones y posibles acciones en materia de política exterior.

Esta crisis que parece no tocar fondo y cuyo impacto sobre la economía real estadounidense y mundial está lejos de ser clara, va a obligar a que el Presidente que sea electo en el mes de Noviembre concentre sus esfuerzos en cuestiones de economía doméstica.

Más allá de quién se erija finalmente como Presidente, la indiferencia con la que nos tratan ambos candidatos y la prioridad en asuntos internos que la realidad estadounidense le impone a sus agendas, lejos de matarnos, nos oxigena. La ausencia de Argentina y del Cono Sur en la agenda norteamericana nos dota de importantes márgenes de libertad y autonomía para establecer posiciones y alianzas en la arena internacional. En el marco de esta oportunidad, se torna imprescindible que nuestro país defina una estrategia de política exterior para relacionarse con los Estados Unidos y la comunidad internacional.

Si bien esto es materia de extenso debate, consideramos que la clave de esta estrategia se encuentra en que los países desarrollados comprendan que el desarrollo económico, el fortalecimiento de la democracia y el crecimiento de la autonomía de los países de una región como América del Sur son funcionales a la paz, la seguridad y la prosperidad del mundo.

El autor es Licenciado en Ciencia Política (UBA) y Máster en Relaciones y Negociaciones Internacionales (UdeSA/FLACSO).

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