Malos aires, Buenos Aires

Frente al barrio de La Boca, Riachuelo de por medio y en el partido de Avellaneda, se levanta el Polo Petroquímico de Dock Sur. Cuando las condiciones atmosféricas son desfavorables (baja presión, viento NE o SE), las petroquímicas y el sur de la ciudad se cubren de una sospechosa neblina coloreada que David Mulford denominaría «paleotécnica». Así como en la América colonial hubo discusiones académicas sobre la improbable condición humana de aborígenes y esclavos, Mulford señala que durante la era victoriana, los apologistas del Progreso quedaron estupefactos cuando un médico logró demostrar que la luz solar era esencial para el crecimiento de los niños y en general, para la vida humana.

En el aire

Unas 50 multinacionales ocupan las 261 hectáreas de la desembocadura del Riachuelo, como Repsol, Shell, EG3, Indupa, Union Carbide, Trieco. Alrededor, se levantan villas miseria y monobloques sobre terrenos ganados al río con desechos industriales y basura domiciliaria.

Casi es imposible concebir un lugar más inhóspito que «Villa Inflamable»: separada del Polo Petroquímico por un paredón, fue construida sobre una montaña de restos de craqueo, asfaltos y otras escorias petrolíferas. A pocos metros de sus límites, una línea de transmisión aérea de 132 mil voltios abastece a las refinerías.

En sus cercanías se incendió, en 1984, el buque-tanque Perito Moreno de YPF, que ardería durante once días quemando 19 mil toneladas de crudo. Los bomberos se limitaron al circunscribir el foco y luego concentraron sus mangueras sobre veintisiete enormes globos metálicos en los que, a metros de la autopista Buenos Aires-La Plata, se deposita el gas natural utilizado por las petroquímicas. El poliducto que las alimenta pasa bajo las viviendas.

En 1955, el almirante Rojas amenazó con bombardear las destilerías de Dock Sud luego de haber probado puntería contra la de Mar del Plata. Pudo ser un desastre. En aquellos años, había apenas dos plantas donde se producían naftas calentado petróleo y agregándole catalizadores. Hoy son medio centenar.

La planta de craqueo retardado que Shell utiliza en Dock Sud había funcionado en Holanda hasta que las nuevas leyes de la Comunidad Europea sobre medio ambiente y las protestas de los habitantes de ese país forzaron su cierre. La multinacional la trajo desarmada y la reinstaló durante 1992 en un país permisivo.

En 1996, el juez Llermanos -siguiendo el “modelo Piotti”- desplegó cámaras de televisión apuntadas contra la destilería y la clausuró preventivamente. Meses más tarde, levantó la clausura y en su sentencia atribuyó la polución atmosférica al tránsito vehicular y al parque industrial de los alrededores. Luego renunció y armó una fundación.

Una empresa especializada en la incineración de residuos hospitalarios arroja al aire dioxinas y metales como níquel, zinc, cromo, plomo y mercurio. Estudios serios denuncian que además de tolueno y benceno, en la atmósfera de Dock Sur hay concentraciones de N-Pentano, N-Heptano, metacrilato de metilo, dióxido de azufre, N-Hexano, acetato de etilo, plomo y cromo.

A un costado de la Isla Maciel, Union Carbide levanta un establecimiento similar al que en 1984 acabó con la vida de 30 mil personas en Bophal, India. Nada indica que el letal isocianato metílico no se deposite en la planta, ya que ningún funcionario estatal se ha acercado para verificarlo.

La historia clínica 24.337/2 correspondiente a Camila Brite archivada en el Hospital Fiorito describe «sufrimiento fetal crónico, intoxicación por inhalación de ácido». Hay cientos de casos calcados.
En 1993 un escape de gas cianhídrico, similar al que se produjo en República Cromañón, se coló por los desagües cloacales y mató a siete personas.

… y en el agua

La contaminación atmosférica de Dock Sud es sólo una parte de lo que sucede en la cuenca Riachuelo-La Matanza. Con una longitud de 60 Km y una superficie de 2200 Km², atraviesa la ciudad de Buenos Aires y los municipios de Almirante Brown, Avellaneda, Cañuelas, Esteban Echeverría, General Las Heras, La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora, Marcos Paz, Merlo y San Vicente, donde viven 4,6 millones de habitantes. En 1990, el 99% de las 662 industrias registradas en la cuenca descargaban sus efluentes sobre cursos de agua superficiales directamente o a través de sistemas pluviales. El 1% restante disponía los efluentes en el suelo, contaminando las napas subterráneas. El 30,6% eran industrias cárnicas y lácteas; el 23,2%, químicas, farmacéuticas y petroquímicas; un 19,2%, alimenticias y de bebidas; el 9,2%, papeleras y textiles.

Existen entre cien y ciento treinta basurales ilegales en la provincia de Buenos Aires y diez en la ciudad de Buenos Aires, que también contaminan las napas freáticas.
Las napas de Dock Sud están a 15 cms de profundidad y contienen altas concentraciones de plomo.

Al desembocar en el Río de la Plata, esto se convierte en 125 mil mts³ diarios de efluentes industriales venenosos y 375 mil mts³ de aguas servidas por día.

Pasaron quince años desde ese informe, y la situación se agravó.

No fue casualidad

No llegamos a esto casualmente. Tuvimos los mil días de María Julia y se gastaron 160 millones de dólares (de un préstamo de 250 otorgado por el BID) en saneamiento, pero la contaminación aumentó en forma exponencial
Además de los municipios mencionados, sobre los cursos de agua y la calidad de los efluentes líquidos tienen competencia la Secretaría de Recursos Naturales, la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables, la Dirección Nacional de Construcciones Portuarias, la Administración del Puerto de Buenos Aires, la Prefectura Naval Argentina, la Dirección Provincial de Hidráulica, los Ministerios de Salud provincial, nacional y de la ciudad, el Consejo Federal del Medio Ambiente, y etc., etc.
No faltan marcos legales además de oficinas estatales, pero aquellos no se cumplen y nadie los hace cumplir.
Además de la Constitución Nacional (art. 41, 42, 43) y la de la ciudad de Buenos Aires (art. 8, 20, 26, 27, 28, 29, 30), el Congreso ha dictado las leyes nacionales 20.284 sobre preservación de los recursos del aire, 24.051 de residuos peligrosos, y la 25.675. Esta última, de 2002, reformó el Código Civil al agregar el daño ambiental a la tutela tradicional de personas y patrimonios, pero no está reglamentada.

Un gran paso adelante

Una presentación colectiva (a los 140 denunciantes originales se sumaron otros hasta totalizar unos 600) llevó a la Corte Suprema, en un fallo unánime, a ordenar a las jurisdicciones nacional, provincial y de la ciudad de Buenos Aires que presenten en treinta días un Plan de Saneamiento para la cuenca. Ordenó también que 44 empresas le entreguen estudios de impacto ambiental en el mismo lapso.

No se declaró competente para resolver demandas individuales, lo que representa un avance en el imaginario mezquino del pensamiento único, según el cual cada individuo es una suerte de “usuario” de su época, y debe enfrentarse solitariamente a las arbitrariedades de los poderes.

Aunque el trámite tardó dos años, es un gran avance, y podrá cambiar la historia. No es casual que aparezca conjuntamente con las instancias de La Haya sobre las pasteras del río Uruguay.

Pero también podemos imaginar qué hubiera pasado con un Nazareno en el edificio de Tribunales.

Datos aterradores

Aunque la tradición oral culpa exclusivamente a las curtiembres de la contaminación del Riachuelo, éstas sólo arrojan el 2,9% de los contaminantes, pero el cromo que utilizan para lavar los cueros es muy nocivo, y su concentración en el Riachuelo es cincuenta veces superior a la permitida por la OMS.

Las metalúrgicas arrojan 8.500 toneladas anuales de hierro y chatarra.

Los barros con metales pesados en el lecho del Riachuelo tienen siete metros de profundidad.
Bajo el puente La Noria hay 4 millones de metros cúbicos de barro contaminado.

Además del Riachuelo y el río La Matanza, hay grave contaminación en los arroyos Cildáñez, del Rey, Santa Catalina, Medrano, Cañuelas, Ortega, Cañada Pantanosa, Morales y Navarrete.

Algunas de las empresas conminadas por la Corte Suprema de Justicia para que informen sobre el tratamiento que efectúan a los efluentes y si están aseguradas por daño ambiental, son: AySA (sucesora de Aguas Argentinas), Bieckert, Central Dock Sud (Edesur-Endesa), Coto, Curtiembre Gaita, Curtiembre Giordano, Curtiembre Urcivoli, Danone SA, Dapsa, Embotelladora Buenos Aires, Frigorífico Las Heras, Indupa, Meranol, Mercedes Benz, Molinos Río de la Plata, Orvol, Petro Río Sea Tank, Petrobras, Química True, Repsol, Sadesa, Sea Tank Costal Petroleum, Shell, Sol Petróleo, Sorialco, Sulfargen, Tagsa, Tenanco, Textil Lugano, Trieco, Union Carbide, Vitorio de Bernardi.

Otros reclamos en la Justicia

Una causa presentada por vecinos de Constitución contra AUSA, la concesionaria de las autopistas de la ciudad de Buenos Aires, ya falló a favor de los denunciantes y está en segunda instancia, en el período de pruebas.

Aunque el daño urbano producido por las autopistas no está limitado a la contaminación sonora, éste fue el eje de la demanda. Mientras se construían, Cacciatore también promulgó una ordenanza que establecía un techo de 70 decibeles para los ruidos molestos, según lo establecido por la OMS. Ese límite se supera ampliamente en las cercanías de las autopistas, pero también en distintas actividades que nadie controla, como las discotecas.
Sólo los vecinos del boliche Amerika-Abbadia en la calle Gascón 1040 pudieron lograr que un juez oyera sus reclamos, porque la vida en el barrio se hizo insoportable desde la inauguración del local.

Un juez de Catamarca, entretanto, ordenó a la canadiense Minera La Alumbrera, dependiente de Barrick Gold, que modificara el trazado de una cinta transportadora de concentrados metálicos (cobre, plata y oro) que corre sobre la cuenca del río Vis Vis y lleva la producción a la provincia de Tucumán.

El magistrado constató dos roturas en su trazado, y también el desinterés empresario en su mantenimiento.
Las filtraciones habrían provocado, dicen los vecinos, contaminación en el río y en las napas subterráneas.

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