“Magdalena formó parte de una lamentable generación de periodistas que no acepta debatir sobre el rol de la prensa en la dictadura”

Pablo Llonto es periodista y abogado de la familia del ex diputado peronista Diego Muñiz Barreto, el caso que determinó la detención del ex subcomisario Luis Abelardo Patti, por delitos de lesa humanidad. En diálogo con Causa Popular, el autor del libro La Noble Ernestina (que revela la historia de la directora del diario Clarín) analizó el caso Patti, su altercado mediático con Magdalena Ruiz Guiñazú y un debate pendiente: “Yo estoy convencido de que si un solo medio, de los que había en ese momento, se hubiera plantado a la dictadura, la cuestión hubiese sido diferente. De hecho, cuando fuimos a buscar el texto del que Magdalena Ruiz Guiñazú se jacta sobre su pasado, comprobamos que la pregunta que le hace al por entonces ministro del Interior Albano Harguindeguy dice: “Pero bueno general esta pasando esto y no es que se lo queramos adjudicar a ustedes”. “Es como tener una entrevista con Videla y decirle acá hay censura, tortura y no es que queramos decir que usted lo hace, pero evidentemente algo esta pasando”, razona el entrevistado.

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– ¿Cuál es el estado de la causa Patti?

– Tienen que definir el procesamiento de Patti y de otros imputados en la causa. En el delito son siete secuestros y allí hay un montón de imputados. Patti no actuó solo.
Está él, el comisario de Escobar, el jefe y sub jefe de Campo de Mayo y el jefe del área. Porque habían dividido toda la zona norte en áreas: San Isidro, Escobar, etc. Está toda esa cadena de mandos, además de la Comisaría. Esto se debe porque el trayecto del secuestro de Muñiz Barreto es: de la Comisaría de Escobar, a la Comisaría de Tigre y de ahí lo llevan a Campo de Mayo y después lo matan. La imputación es a los responsables de Tigre, Escobar y Campo de Mayo.

En el caso de Muñiz Barreto tenemos pruebas de que fue Patti el que lo secuestró, lo que también está probado en los otros casos. Ahora se tiene que decidir el procesamiento. Seguramente Patti va apelar la semana que viene o la otra y va a ir a la Cámara de Apelaciones de San Martín. Allí se va a resolver si continúa detenido mientras dura el juicio o queda en libertad durante el proceso. Nosotros vamos a seguir presentando pruebas, hasta marzo del año que viene, contra Patti y contra otros. Y el juicio oral se hará a mediados o fines del 2008. Esos son los plazos de la causa.

– ¿Vos dijiste que las pruebas contra Patti son contundentes, ¿son suficientes para que el esté preso?

– Sí, hay testimonios directos. Son siete casos de secuestros, cada uno tienen sus pruebas. Si bien hay algunos que se relacionan, no es que se llevaron los siete de un solo saque. A Gastón Roberto José Goncalvez se lo llevan un día, a Muñiz Barreto en otro junto a Juan José Fernández, y a Carlos Daniel Souto, Guillermo D’Amico, Luis D’Amico y Osvaldo Tomás Arriosti en distintos momentos. Cada uno de esos casos tiene sus pruebas contra Patti, por eso se lo detuvo por los siete. Después lo tienen imputado por otros secuestros por los que no fue llamado a declaración indagatoria.

Entonces hay pruebas contundentes que van desde cuestiones documentales hasta testimonios directos, por ejemplo Arriosti, que es un secuestrado, que lo ve directamente a Patti y lo reconoce porque trabajaba en la cooperadora policial de la Comisaría de Escobar. A él lo suben a un Ford Falcon celeste, lo secuestran por unos días y luego lo liberan. Cuando declara, dice: “a mí me secuestro Patti” y en el 86 el ex comisario no era conocido. Dice “a mí me secuestro un oficial llamado Patti y un oficial llamado Domínguez”, y eso es porque conocía a los dos, ya que era miembro de la Cooperadora policial de Escobar. Se trata de testimonios directos y además están los documentales, como en el caso Muñiz Barreto. Las pruebas documentales son: El diario Buenos Aires Herald de febrero del 77, donde ya se dice con una denuncia, que hizo la familia que Muñiz Barreto, que el diputado del peronismo fue secuestrado por un oficial de apellido Patti. Y esta publicado en la tapa del Buenos Aires Herald en una nota chica.

Esta el documento de la Nunciatura Apostólica, la embajada del Vaticano en la Argentina, a donde fue la ex esposa de Muñiz Barreto a denunciar al Nuncio Apostólico que su ex esposo había sido secuestrado por un oficial llamado Patti. Todavía en la Nunciatura, a Patti lo ponen entre comillas, creyendo que era un apodo por la hamburguesa y no se anotó como apellido. Y después está el Hábeas Corpus de febrero del 77 que presentan por él, donde un familiar menciona el nombre Patti y pone: “a Muñiz Barreto y mi hermano Juan José Fernández fueron secuestrados por un oficial Patti”. ¿Como sabían que era Patti? Pues porque cuando Diego Muñiz Barreto es secuestrado lo llevan a la Comisaría de Escobar y ahí sacó un papelito por intermedio del familiar de un preso común y le pidió que lo llevara a la empresa pesquera de la que él era dueño.

Este familiar lo lleva y el papelito decía: “Jovita (que era el nombre su hermana, que ya murió) movete rápido, estoy en Escobar, me secuestro el oficial Luis A. Patti, avisale a Joe”, que era Martínez de Hoz. Su familia era de clase alta y tenía relaciones con los Martínez de Hoz. Ese hecho que ocurre en febrero de 1977 y esa identificación de Patti, permite que los familiares hagan la denuncia en el 77 con el nombre Patti y todo eso aparece ahora 30 años después, donde también se revela el papel de la Nunciatura. Hay más pruebas, pero son para mostrarte de que nivel son.

– También esta la declaración del secretario Juan José Fernández.

– Él es un sobreviviente. Hace un relato de todo lo que pasó y después se exilia. En el exterior, cuando hace las denuncias en los organismos de derechos humanos, también entrega en 1977 y 1978 el nombre de Patti. Lo aporta como un dato más, pero en su declaración también hay otros nombres. Esta persona denuncia al capitán Rodríguez, como integrante de los equipos de tortura en Campo de Mayo. Juan José Fernández, que sobrevivió, va al escribano, da su testimonio y se va del país.

Y en el testimonio ante escribano, que lo conseguimos recién ahora porque estuvo muchos años guardado, hay un relato pormenorizado de todo lo que pasó y da nombres. Dice: “yo escuchaba cómo el capitán Rodríguez lo torturaba a Muñiz Barreto” y explica: “escuché un conversación telefónica en la que decía: Teniente Coronel Zambrano habla el capitán Rodríguez”. Todo esto lo vuelca en su testimonio ante el escribano. Pruebas son lo que sobran.

– ¿Qué impresión te dejó el altercado que tuviste con Magdalena Ruiz Guiñazú la semana pasada?

– Los choques son viejos con ella. Yo recuerdo dos episodios más: cuando sucedieron los despidos en el diario Clarín en el 2000, ella integraba una asociación que se llamaba Periodistas, que estaba integrada por varios periodistas de renombre. Allí hubo un cruce fuerte porque le exigíamos a Periodistas que se pronunciara en defensa de los 117 periodistas despedidos en Clarín, incluida toda la comisión interna. Y ahí se divide la asociación Periodistas.

Te lo sintetizo: después de larguísimas discusiones, emails y acusaciones decían que Periodistas no era una entidad gremial, Magdalena tomo posición a favor de Clarín. Después, creo que fue en el año 2005, con algunos compañeros fuimos a denunciarla, cara a cara, en el Centro Cultural San Martín, cuando se hacía una mesa sobre un tema de periodismo. Entonces nosotros fuimos a denunciarla con ex despedidos de Clarín. Ella había dicho algo en un programa de Mirta Legrand en el que Rolando Graña le había sacado este tema de Clarín.

Ahí, ella atacaba a Graña por un tema de censura y éste para defenderse le dijo: “bueno vos que hablas que cuando fueron los despidos en Clarín nunca abriste la boca” y Magdalena le contesta: “no, yo con el tema de los despidos de Clarín me tomé el trabajo de ver los legajos de los despedidos y estos estaban bien hechos por la empresa”. Cosa que es falsa, nadie puede traerle a Magdalena los legajos para verlos, porque los habían despedido. Además, si los despidieron por cuestiones gremiales, es evidente que eso se le ocurrió sólo por boquear. Fuimos a denunciarla y se armó un pequeño escándalo en Centro Cultural San Martín. Pero esta vez se le pueden haber confundido los tantos, y no relacionó el tema del abogado de Muñiz Barreto, con lo que ya conocía de mi papel en Clarín.

Yo creo que lo que la hizo brotar fue la mención de Ernestina, a la que ella evidentemente responde, pese a que no esta directamente involucrada con el grupo Clarín ahora. Sin embargo, todos los años que ha pasado en Clarín, más la claridad de su pensamiento anti laburante y anti organizaciones sindicales, hizo el resto. Nunca la hemos visto a Magdalena en una marcha en defensa de los trabajadores y esto hace que esta mujer se juegue a favor de las empresas. Con lo de la Noble se brotó y a partir de allí salió un tema, que es el rol del periodismo en la dictadura, tema que a ella se le escapa. No acepta debatir sobre una cuestión que es clara y contundente: el rol triste que cumplió la prensa en la dictadura y sobre el que ella debe rendir cuentas. En realidad, todos tenemos que rendir cuentas y hay niveles de responsabilidades. Pero seguramente ella, que tuvo un espacio político importante en la dictadura, es una de las que más debe rendir cuentas. A ver qué hizo, qué es lo que no hizo, si habló o si no habló. Ella, para jactarse que hizo cosas contra de los militares, siempre cita la entrevista a Albano Harguindeguy, que era Ministro del Interior de la primera época de la dictadura, que convoca a mujeres periodistas para tener una charla.

Ella se jacta de haberse plantado a Harguindeguy en esa charla. Cuando fuimos a buscar el texto de lo que había sido ese encuentro, la pregunta que le hace a Harguindeguy dice: “pero bueno general esta pasando esto y no es que se lo queramos adjudicar a ustedes”. Trata como de separar la responsabilidad a quien era uno de los máximos responsables. Es como tener una entrevista con Videla y decirle acá hay censura, tortura y no es que queramos decir que usted lo hace, pero evidentemente algo esta pasando. Harguindeguy era el tipo que ordenaba el rechazo de todos los Hábeas Corpus y era la persona que se jactaba de tener las listas de los desaparecidos.

Creo que no es Magdalena sola para no hacer eje en ella. Magdalena formó parte de una generación de periodistas lamentables, que tienen que hacer la autocrítica para que resulten un poco más creíbles. Mientras que no la hagan, siguen poniéndose la careta de que fueron combativos, peleadores cuando no lo fueron. Por eso ella saca el tema del miedo. “Hay que entender el miedo”, dice, pero para entenderlo primero hay que contarlo y decir “yo tuve miedo”.

– … hacerse cargo, hacer su autocrítica.

– Yo en mi vida tuve miedo y no me pongo como ejemplo en la dictadura. Al revés, en esa época fui un idiota que se creyó todo lo que salía, hasta que tomé conciencia en el 82. Antes leía los diarios, además de Gente, y me creía todo. Todos estos: Joaquín Morales Solá, Magdalena, los dueños de los medios: Fontevecchia, Ernestina de Noble, los de La Nación, los de La Prensa, cero autocrítica. Ni hablar de Editorial Atlántida con todas las barbaridades que hizo. No solo es pedir disculpas, sino contar lo que hicieron para que lo sepamos todos y después, precisamente porque lo hicieron, sería bueno que reconozcan: “Quizás yo estuve confundido, pensé que esta dictadura era buena.” Hasta la gente común hizo su autocrítica de su papel durante la dictadura.

Ellos tienen una enorme cuota de responsabilidad de que la masacre no se hubiera detenido. Yo estoy convencido de que si un solo medio, de los que había en ese momento, se hubiera plantado a la dictadura la cuestión hubiese sido diferente. Pero allí sale el tema del miedo y se dice que si lo hacían los hubieran secuestrado y matado. Bueno son los riesgos de esta profesión, hay muchos casos en el mundo de periodistas que se la pasan denunciando y son secuestrados y muertos. México tiene cuatro o cinco periodistas asesinados por los carteles de la droga o por el poder policial y siguen adelante. Son más ejemplo los mexicanos, que los argentinos.

– ¿En qué quedó el caso Noble?

– La Cámara de Casación falló otra vez a favor de ellos. Es decir, la corte en julio había dicho ni, pero cuando llegó el caso Noble a la Corte no resolvió ni sí, ni no, mandó la causa a Casación Penal para que la Cámara resuelva el planteo que han hecho Marcela Noble Herrera y Felipe Noble Herrera. La cuestión consiste en que ellos no quieren sacarse sangre y que vaya al Banco Nacional de Datos Genéticos, donde están las muestras de los familiares de desaparecidos.

Ellos sólo quieren cruzar los datos con sólo dos familias y obviamente la Cámara de Casación le dio la razón a ellos. Este fallo muestra claramente el tema del privilegio, porque una familia común hace el mismo planteo y ahora le dicen que no. Y van los Noble y le dicen sí. Esta aberración ahora hay que apelarla y eso lo va a hacer Alcira Ríos, abogada de la familia Miranda. Y así va a ir a la Corte y vamos a ver que resuelve la Corte de nuevo. Es increíble.

– Es chicana tras chicana…

– Con el agregado que ahora fue la Cámara de Casación. Juan Fegoli, Gustavo Mitchell y Pedro David fueron los jueces que fallaron a favor de la Noble y sus hijos. Era previsible que fallaran así.

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