«Magdalena, el llanto y la mentira»

Presentada en los afiches de Radio Mitre como la periodista más creíble de la Argentina, la mediocre conductora de programas radiales volvió a lucirse en su especialidad: la justificación de la represión. Lo hizo en la dictadura, lo hace en la democracia.

Nota madre: Patti y Ernestina Herrera de Noble, dos símbolos de la misma impunidad y un debate abierto

El tema era la censura contra los programas del canal América. El lugar era El comedor de los hipócritas, al que algunos aún llaman «Los almuerzos de Mirtha Legrand». Ocurrió el jueves 18 de agosto. En la mesa, el director de noticias del canal Rolando Graña, agotado por los reproches de Magdalena y Morales Solá, hace otro intento por justificar la retirada de los programas TVR e Indomables y decide pasar al ataque:

– Rolando Graña: Magdalena, vos nunca dijiste nada sobre la huelga de Clarín porque trabajas en una radio. Nunca dijiste una sola noticia.

– Magdalena: ¿Cómo sabes?

– Graña: Porque lo recordamos.

– Magdalena: Hubo un motivo, no seeñor, incluso en una asamblea se examinaron caso por caso cómo se habían hecho los despidos, y por qué, y estaban dentro de la ley. Me acuerdo perfectamente.

La huelga de Clarín de la que habló Graña era la del año 2000. La empresa de la viuda de Noble (sospechada de apropiarse de dos hijos de desaparecidos) había despedido a 117 trabajadores y a toda la Comisión Interna Gremial que llevaba 3 meses de electa y estaba a punto de presentar un petitorio con todos los reclamos laborales.

El silencio de aquel momento de Magdalena, como el de tantos otros periodistas «famosos», fue similar al silencio que guardaban en los primeros años de la dictadura cuando, conocedores de la represión, las desapariciones, la tortura y los centros clandestinos, nada decían en sus programas llenos de rating.

Pero el silencio es doblemente silencio cuando va acompañado de la mentira. Magdalena jamás averiguó nada sobre causas de despidos. Esa asamblea de la que habla jamás existió. Y mucho menos ocurrió algún análisis «caso por caso».

Cuando Magdalena debió ocuparse del conflicto (ella estaba en la organización Periodistas, la que supuestamente se ocupada de defender la libertad de prensa) lo que hizo fue lavarse las manos y justificar que su patrona y el señor Magnetto despidiera a más de un centenar de trabajadores, gran parte de ellos militantes y activistas sindicales. Desde aquella represión del 2000, los periodistas de Clarín se encuentran silenciados, sin delegados gremiales y observados y perseguidos políticamente por una de las patronales más siniestras del país.

Un botón más que le hace a la gran botona

En la misma mesa del jueves se le reprochó a Magdalena que nunca se había ocupado de defender a su colega Liliana López Foresi cuando, durante la primera presidencia Menem, el gobierno le exigió a Clarín que silenciara a la periodista que conducía el noticiero de la noche.

Magdalena, frágil de memoria pero abundante de bolsillos, sostuvo, como forma de perdonar aquel olvido, que la censura de Liliana había ocurrido en «en el advenimiento de la democracia».

Siempre dispuesta a escapar de su responsabilidad, Magdalena Ruiz Guiñazú resulta, para los afiches y avisos de Radio Mitre, la periodista más creíble de la Argentina: es bueno saber algo de lo que dice su archivo:

– Integró el lote de 16 periodistas mujeres que se sentó a la mesa (siempre las mesas) de uno de los jefes de la represión de la dictadura, el ministro del interior Albano Harguindeguy en agosto de 1980. Durante el café que tomó en la Rosada de Videla, Magdalena casi le pidió disculpas al general al hablar de la censura: «No queremos que usted crea, señor ministro, que éstas son acusaciones en contra suyo. Son simplemente comentarios que le hacemos para que sepa qué es lo que se dice».

– Como integrante de la Conadep elaboró la teoría de los dos demonios. Su fanatismo por conseguir que se equiparara a militares con guerrilleros llegó a tal punto que, al declarar en el juicio a los Comandantes, se colocó en papel de víctima cuando contó que recibió una carta anónima con amenazas supuestamente firmado por Montoneros.

– Fue acusada por Osvaldo Papaleo, el ex secretario de informaciones del gobierno peronista de 1975, de ser amiga del ministro de la dictadura, José Martínez de Hoz, a quien cariñosamente llamaba Joe en sus programas de radio Continental.

Alguna vez Willy Brandt, el ex canciller alemán, señaló al hablar de los horrores del nazismo: «La capacidad de los hombres para cerrar los ojos es ilimitada».

La capacidad para mentir también.

No nos olvidemos de Magdalena. Convertida hoy en el ala progresista de la ultraderecha. Ya pronto pedirá cárcel a los cartoneros. Ya pronto».

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