Macri, ¿es o se hace?

Los empecinamientos, en apariencia absurdos, del jefe de gobierno se deben al propósito de avanzar sobre la realidad política de la Ciudad e insistir una y otra vez en el sondeo de la adhesión o rechazo de los ciudadanos a sus medidas de neto corte autoritario.

Desde el desembarco de Mauricio Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, abundan las reflexiones sobre los motivos de su éxito electoral y sobre el futuro de la esperanza blanca de la derecha autóctona.

Sin embargo, al análisis de aquel éxito se sumó rápidamente la sorpresa por la seguidilla de errores políticos que, por numerosos, no tienen proporción con el transcurso relativamente corto de su gestión de gobierno.

Por ello es difícil aceptar que no funcionó el juicio propio ni el consejo ajeno para no advertir el fracaso en cada medida.
Los electores que quisieron ver en la naturaleza empresarial de Macri virtudes de inteligencia, ejecutividad y pragmatismo, expresan a diario su creciente desilusión.

Lo afirmado tiene fundamento, en principio, en el resultado de las últimas elecciones parlamentarias que evidenciaron una significativa merma del PRO, comparando las elecciones de 20007. Pero a eso se agrega la opinión cotidiana de importantes sectores de la ciudadanía porteña que sufren las vicisitudes de las inundaciones, el tránsito, el transporte de pasajeros, el deterioro del espacio público y la infraestructura deficiente de escuelas y hospitales que el Gobierno de la Ciudad no resuelve y a veces agrava.

Sin embargo sería superficial e ingenuo adjudicar a simple impericia en la gestión, los males evidentes que padecemos los vecinos y quienes a diario transitan o trabajan en Buenos Aires. Creemos que hay algunas evidencias que pueden orientar la tarea de analizar la estrategia y objetivos políticos del macrismo.

Globos de ensayo

En primer lugar se trata de determinar el marco, dentro del cual se orientan los pasos políticos del ingeniero. Como es evidente, se trata de un proyecto de poder de alcance nacional y dispuesto a imponerse por cualquier medio.

Respecto de ese encuadre no es necesario abundar en las diarias arremetidas destituyentes de las que Macri participa como miembro destacado de la oposición. En cuanto a los supuestos errores, es nuestra opinión que su conducta en apariencia obcecada, se debería en realidad al propósito de lanzar reiterados globos de ensayo de naturaleza autoritaria, propios de la derecha neoliberal, con el objetivo de auscultar el grado de adhesión social a esa agresiva posición política del macrismo.

No se trata de descubrir conspiraciones todos los días, pero es inevitable sospechar que los empecinamientos, en apariencia absurdos, del jefe de gobierno se deben al propósito de avanzar sobre la realidad política de la Ciudad e insistir una y otra vez en el sondeo de la adhesión o rechazo de los ciudadanos a sus medidas de neto corte autoritario.

Si la adhesión del pueblo porteño se tradujera en la consolidación de una dominante cultura política autoritaria, excluyente y conservadora, el macrismo tendría las puertas abiertas para proponerse como la alternativa hegemónica de la derecha a nivel nacional.

Respecto de los referidos globos de ensayo, sirva como ejemplo la práctica de reincidir en nombramientos de funcionarios de perfil autoritario, más propios de la dictadura militar que de una república democrática, léase comisario Palacios, hoy detenido y procesado por integrar una asociación ilícita que espiaba a funcionarios y particulares, o Abel Posse, personaje filofacista, designado Ministro de Educación a pesar de considerar enemigos a los maestros, desviada a la juventud y poco menos que satánico al rock.

Además debe recordarse la insistente práctica de la represión a personas en situación de calle mediante violentas patotas nocturnas, que no solo convocan recuerdos de los grupos de tareas, sino que se hace inevitable la asociación con los métodos del intendente de la dictadura, Osvaldo Cacciatore, nacidos del odio y persecución a los pobres que no merecían vivir en Buenos Aires.

Macri tantea, evalúa y avanza o retrocede según la circunstancias. Como fracasó en los intentos reseñados, dio marcha atrás con las designaciones de impresentables, pero continuó con igual determinación en su empeño por construir las bases de una sociedad cada día más autoritaria y excluyente.

Insiste en todos los frentes en su empeño de restaurar las prácticas y valores políticos económicos y sociales que sufrimos en la dictadura, sin ocultar su identidad de derecha sin atenuantes. No son errores ni son excesos, son ensayos de retorno al paraíso neoliberal represivo mediante los votos. Algunas de las medidas de gobierno que actualmente lleva adelante, dan cuenta de aquel propósito.

Dos herramientas: el veto y el presupuesto

Es muy elocuente en este sentido, un informe del Centro de Estudios Porteños recientemente publicado. Aún contrariando a sus propios legisladores de la Ciudad, Macri lleva vetadas alrededor de cincuenta leyes, algunas aprobadas por unanimidad del Legislativo.

En el ámbito de los derechos humanos, se cuentan vetos a la Ley de creación del Comité de Prevención de la Tortura, del Registro de ex Presos Políticos, de los Foros de Seguridad para la participación comunitaria en el diseño de políticas de seguridad, la de creación de la Oficina contra la Trata de Personas, de la creación del Fondo para la Localización y Restitución de Niños y Niñas Secuestrados/as o Nacidos/as en Cautiverio en la Argentina.

Se insiste, todas estas leyes fueron votadas también por los legisladores PRO.

En materia de derecho sociales cayeron bajo la obsesiva y selectiva guillotina de Mauricio, la Ley de Emergencia Habitacional, la de creación de un laboratorio de producción de medicamentos genéricos de bajo costo, la ley de Becas para Educación Superior y la de obras públicas para facilitar los desplazamientos de ciudadanos con necesidades especiales, entre otras.

La fuerte determinación del ingeniero con aspiraciones presidenciales de llevar adelante una definida gestión de derecha con el propósito de generar una sólida cultura reaccionaria, individualista, autoritaria, socialmente discriminatoria y excluyente se evidencia también en el manejo de las cuentas presupuestarias.

En materia de deuda pública, fiel a su convencida adhesión al neoliberalismo de Martínez de Hoz, aprendida en su joven militancia en la UCD de los años ’80, impulsa el endeudamiento creciente de la Ciudad. Basta un ejemplo: en el proyecto de ley de presupuesto 2010 elevado por Macri a la Legislatura se informó que su gestión 2009 finalizaría con un déficit de $ 741 millones y que para cubrir el déficit de este año, estimado en $ 462 millones deberá endeudar a la Ciudad en $ 1.764 millones.

Este simple ejemplo grita a viva voz que Macri es un neoliberal consecuente, que no quiere liberar al Estado de las garras de la voracidad de los grandes grupos financieros y paga deuda con más deuda. Pero sin ruborizarse, hace pocos días le recordó con firmeza al Gobierno Nacional que “las deudas deben pagarse con superavit”.

Para abundar en la orientación reaccionaria del gasto público del Gobierno de la Ciudad agreguemos un último ejemplo: en 2010 el escaso presupuesto conjunto de educación y salud alcanza la suma de $376 millones, ampliamente superada por el monto previsto para espacio público —es decir asfalto, bacheo, veredas y espacios verdes— que contará con $482 millones. Por lo visto piensa seguir adornando Recoleta, Palermo y Belgrano mientras degrada, entre otras cosas, la salud y educación de los porteños.

Conclusión

Todo lo reseñado tiene como principal propósito invitar a la reflexión sobre la gestión gubernamental de Mauricio Macri y sus propósitos políticos, poniendo el acento en considerar a este personaje —más allá de si es torpe, haragán o mediocre— como un decidido dirigente conservador dispuesto a utilizar cualquier medio para imponer en nuestro país un gobierno que, retomando el camino diseñado por el Consenso de Washington, imponga la más regresiva distribución del ingreso que se tenga memoria y sofoque la resistencia popular mediante la represión sin escrúpulos. Conocer a nuestro enemigo y calibrar sus propósitos, es la condición ineludible para enfrentarlo con éxito.

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