Luego de golpear Nueva York y Madrid, la negra sombra de la guerra en medio oriente llegó a Londres

Por Causa Popular.- El cuarto atentado terrorista desde que Estados Unidos desencadenó la guerra por el petróleo, finalmente se produjo. En esta oportunidad el blanco fue Londres, capital del país aliado incondicional de Bush, en su invasión imperial al pueblo de Irak para apoderarse de la segunda reserva mundial de “oro negro”. Las explosiones fueron entre cuatro y siete, y afectaron los nudos de la metrópolis, como King’s Cross, Liverpool Station y Russell Square. Como en Nueva York, el 11 de setiembre de 2001, y en Madrid, el 11 de marzo de 2004, la hora temprana de los atentados provocó que la mayoría de las víctimas fueran trabajadores. Como en cada una de esas oportunidades el día elegido lejos estuvo de ser casual. Mientras los servicios de inteligencia ingleses y las fuerzas de seguridad abocaban todo su esfuerzo a cuidar la cumbre de los gobiernos más poderosos del mundo, una acción coordinada y minuciosamente planificada ponía nuevamente en el centro del escenario mundial la “guerra” contra el “terrorismo”.

La agenda del Grupo de los 8 países más industrializados del planeta -Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Gran Bretaña, Japón y Rusia -, que incluía la pobreza en el mundo y el cambio climático, es muy probable que deba esperar una vez más un incierto turno, el mismo que espera detrás de la muerte la población iraquí que es masacrada diariamente por las tropas comandadas por la coalición anglonorteamericana.

La población mundial parece estar acostumbrada a una reunión anual de los siete mandatarios-ahora con un octavo integrante, Rusia-, representantes de las grandes potencias económicas que manejan el mundo: el G8. Este grupo ha ido convirtiéndose en forma paulatina desde la caída del muro de Berlín, en un virtual gobierno planetario, fijando líneas para toda la población mundial, aunque formalmente pretenda presentarse de otra forma.

Con apenas el 10 % de la población global total, los países que componen el G8 concentran el 60 % de la riqueza total de lo producido a escala mundial. Albergan a la gran mayoría del 1% de las personas más ricos del mundo (apenas 50 millones de personas) que tienen ingresos equivalentes a los del 42 % de los más pobres (unos 2 mil 700 millones de seres humanos).

Además, el G8 controla el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el derecho de veto de cuatro de los cinco miembros permanentes; tiene poder mayoritario de decisión en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial y reúne, en conjunto, el aparato militar más desarrollado y sofisticado de la tierra.

No parece ser nada casual la fecha elegida para perpetrar los atentados en Londres. Las bombas en Londres dejan al descubierto las mismas atrocidades sobre la población civil no beligerante que diariamente producen en los países invadidos las potencias invasoras, con la anuencia del G8. Es evidente que la muerte nunca puede ser una buena noticia, en absoluto.

La guerra asimétrica en la mira de la propaganda

Semejante poder ostentado por los países más ricos del planeta, obliga a la población y sus dirigentes de los pequeños países invadidos a desplegar en su legítima defensa todos los medios necesarios, propios de una guerra cada día más asimétrica.

Una de las armas fundamentales en este enfrentamiento es la guerra de guerrilla, en la que los actos “terroristas” son una táctica de combate propia de este tipo de enfrentamiento en áreas urbanas.

Pero en necesario diferenciar que no es lo mismo volar un comboy militar en las afueras de Bagdad -el ejercito estadounidense ya cuenta con más de 13 mil soldados heridos-, o un coche bomba en la cola donde cientos de iraquíes se reclutan para sumarse a las fuerzas invasoras, que hacerlo en una estación de trenes, a la hora en que viajan miles de trabajadores -incluso mucho de ellos inmigrantes- como pasara en Atocha, o en el subte londinense alcanzando la misma clase de víctimas que en España.

Pero esta distinción, no la realizan las grandes cadenas informativas. No en forma inocente todo hecho perpetrado contra una potencia, cualquiera sea su objetivo, es analizado con la misma tabla de valores.

No es para nada casual que las grandes cadenas de televisión machaquen cotidianamente sobre el terrorismo internacional, confundiendo cualquier acto de legítima defensa de un pueblo que se defiende de una invasión imperialista, con atentados como los perpetrados en Nueva York, Madrid, Bali y Londres.

Cada uno de estos cuatro últimos hechos, fueron comida suficiente para alimentar horas y horas de radio y televisión en contra de los enemigos del bien y mensajeros de mal con base en Afganistán e Irak.

En uno de los pocos textos que expresaron una mirada distinta de los atentados perpetrados en Londres, Marcelo Colussi culmina su reflexión publicada en rebelion.org: “Como esto no es una noticia sobre los bombazos sino una pregunta sobre ellos, no podríamos menos que cerrar el escrito con un comentario más que adecuado: «¿A quién debe dirigirse la propaganda? ¿A los intelectuales o a la masa menos instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (…)

La tarea de la propaganda no consiste en instruir científicamente al individuo aislado, sino en atraer la atención de las masas sobre hechos y necesidades. (…) Toda propaganda debe ser popular, y situar su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige. (…)

La facultad de asimilación de la masa es muy restringida, su entendimiento limitado; por el contrario, su falta de memoria es muy grande. Por lo tanto, toda propaganda eficaz debe limitarse a algunos puntos fuertes poco numerosos, e imponerlos a fuerza de fórmulas repetidas, por tanto tiempo como sea necesario, para que el último de los oyentes sea también capaz de captar la idea.” Adolf Hitler, “Mi lucha”.

Las potencias mundiales deberán continuar con su política imperial si pretenden seguir siendo dueñas del planeta, así lo demuestra la historia misma de la humanidad.

Cada uno de los hechos como los de Londres, les entrega un campo fértil para sembrar la propaganda necesaria con el objetivo de continuar legitimando sus nuevas cruzadas contra el mal.

En el corto plazo, Irak continúa siendo la primera en la lista, pero ¿qué pasará mientras las grandes potencias occidentales blindan su democracia por el miedo y mientras tanto siguen apoyando medidas bélicas que generan mas temor?.

Venezuela, Bolivia e Irán, ya están en la mira y la Casa Blanca lo confirma cada vez que puede.

La pesadilla aún no ha terminado.

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