Los que vuelven

En las elecciones del 28 de junio de 2009 en algunos distritos de la Provincia de Buenos Aires se sospechó del corte de boleta, y el movimiento y las reuniones tras el revés electoral del kirchnerismo de varios Intendentes aumentaron la desconfianza.

Jorge Asís, uno de los pronosticadores más errantes del periodismo político en la Argentina, tiene dos problemas, que se retroalimentan uno al otro: pifia demasiado, pero como tiene mucha que le cree, sigue pifiando.

“Hay gente que se merece que le mientan”, solía decirme un amigo cuando mirábamos algunas publicidades en la televisión.

Sin embargo, hay que reconocerle a Asís que fue uno los primeros en empezar a vaticinar el fin del kirchnerismo, una práctica que se convirtió en el vicio de muchos, sobre todo luego de la derrota electoral de junio del año pasado.

Lamentablemente, para todos ellos, las cosas no eran como parecían (o no parecían lo que realmente eran).

Que algunos formadores de opinión hayan cometido semejante dislate (lo digo por esto de andar subestimando a un Movimiento político que hasta entonces llevaba seis años conduciendo los destinos del país, casi sin despeinarse), vaya y pase: al fin y al cabo, trabajan de esto, y se la han pasado estos últimos años, pronosticando cosas que después jamás ocurren.

Lo que llamó la atención, entonces, fue que algunos dirigentes peronistas, tan ávidos de poder como de cobrarse viejas deudas, creyeran, que “el kirchnerismo huele a calas y a pinotea”. Error de cálculo. Y feo.

Parece que hubiera trascurrido una eternidad desde aquel febrero en el que Pablo Bruera (Intendente de La Plata) parecía decidido a lanzarse a la conquista de Roma. Ayudado por sus aliados políticos circunstanciales, y por periodistas amigos, Bruera estuvo durante buena parte de la temporada política estival mostrándose en los medios de comunicación como un político joven, eficiente en la gestión y díscolo del kirchnerismo.

Pero como pasa con el Teatro de Revista, una cosa es lo que ocurre durante el verano con Mar del Plata y Carlos Paz, y otra muy distinta, lo que ocurre durante el año en Buenos Aires.

En medio de la discusión por el uso de las reservas del Banco Central, y de la crisis “FX” que generaron los medios de comunicación a partir de la histeria de Martín Redrado por no querer abandonar la presidencia de la institución, parecía que al kirchnerismo se le abrían frentes de conflicto por todos lados, y hubo algunos pícaros que quisieron aprovechar esas grietas.

Claro que no todos buscaban lo mismo. Tal vez, el citado caso de Bruera haya sido el más osado. Pero también hubo otros Intendentes, del conurbano y la Provincia, que pretendieron hacer negocio con el mal pasar veraniego del kirchnerismo.

Massa

Sergio Massa, tal vez el dirigente político con mayor proyección dentro del peronismo, fue uno de los que le puso más fichas al Intendente Bruera (después de su hermano Gabriel, claro está) para que lanzara su propia corriente política durante el verano. Fue él, y no Bruera como salió publicado en los medios, quien en realidad armó la reunión de Intendentes en Pinamar, donde estuvieron presentes Ricardo Ivoskus, Enrique “el Japonés” García, Darío Giustozzi, Ricardo Curuchet y José Eseverri, entre otros.

Massa pretendió operar aquella reunión como un lanzamiento de una agrupación de Intendentes vecinalistas con buena relación con el kirchnerismo, aunque autónomos de las decisiones de Néstor Kirchner. Y la verdad que muy bien no le fue.

Si bien el Municipio de Tigre cuenta con ingresos propios notables, el atraso de varias décadas en materia de infraestructura obliga a las autoridades locales a depender de los fondos provinciales y nacionales para sostener la mayoría de las obras comprometidas. A dos años y medio de haber asumido la Intendencia, a Massa se le acabó la plata. Ese, y no otro, fue el motivo por el cual el cordobés Santiago Montoya (ex titular de Rentas de la Provincia y creador de ARBA) desembarcó en el gabinete municipal. Massa se veía venir los problemas financieros que iba a tener este año, y por eso convocó al recaudador de impuestos más mediático que hay en nuestro país. Desocupado, luego de haber sido cesanteado por Daniel Scioli, Montoya aceptó gustoso el cargo. Pero los resultados obtenidos no fueron los esperados, y desde hace varios meses, el Intendente de Tigre volvió a tender puentes con el propio Néstor Kirchner.

Hace quince días, Néstor Kirchner recibió a Massa y a Montoya en la Quinta Presidencial de Olivos. Pocos medios se ocuparon del tema, pero como hace casi siempre, Massa salió a vender la reunión como cualquier otra cosa. Y los medios compraron: en los pocos medios que se ocuparon del tema, salió publicado que se trató de una reunión política, con vistas a empezar a conversar la interna partidaria, y la situación particular de algunos dirigentes (como el caso de Pablo Bruera).

Si hubiera que creer en la versión de Massa, entonces no se explica que hacía Santiago Montoya en esa reunión.

La realidad es que Montoya acompañó a Massa para afinar el lápiz y, con los números en la mano, exponerle a Néstor Kirchner cuál es la situación actual (preocupante, por cierto) de las arcas Municipales de Tigre.

No se sabe qué tipo de respuesta obtuvieron por parte del actual diputado y presidente de la UNSAUR.

Para completar el panorama e intentar armar el rompecabezas que se cierne sobre la figura de Massa, este cronista consultó a dos diputados provinciales que forman parte del bloque del Frente para la Victoria, aunque con opiniones distintas respecto del Intendente de Tigre.

La pregunta hacia ambos fue ¿Cuál es la relación actual de Massa con el kirchnerismo?
El diputado que tiene una visión, digamos, “negativa” de Massa, opina que el ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández hace cosas incomprensibles, como “eso de ir y sacarse una foto con Redrado, cinco días después de pedirle plata a Kirchner, la verdad que no se entiende. No se puede explicar cuál es la relación con este muchacho, porque creo que ni él sabe lo que quiere”.

Mientras que para el diputado que mantiene una buena relación con el Intendente de Tigre, “Massa está adentro”, porque nunca se fue. Y completa, con cierto exceso de negación, diciendo que “han sido muy injustos con Sergio (Massa). Achacarle el corte de boleta en Tigre, un Partido donde gobernó el vecinalismo durante 20 años, es querer buscarle el pelo al huevo. Nadie mandó a cortar boleta. Massa es un tipo leal”.

Lo cierto es que muchos coinciden con que, además de los problemas financieros de su administración, lo que más atormenta a Massa son las encuestas: todas coinciden en que hoy por hoy se encuentra varios puntos por debajo de Francisco De Narváez y de Daniel Scioli (los dos hombres que encabezan la intención de voto de los bonaerenses), en una tendencia que aparentemente no tiene retorno.

Mussi

Juan José Mussi, barón de Berazategui. Buen administrador y eficiente operador (Ojo: porque es doctor, no vayan a pensar mal, eh), quiso cobrarse algunas deudas que le habían quedado pendientes con un par de miembros del gabinete nacional, que en junio de 2009 lo habían señalado como uno del “traidores” del conurbano, que habían impulsado el corte de boleta en su distrito.

Mussi quedó muy herido desde aquella oportunidad, y se la juró, en privado, a estos dos Ministros del gobierno de Cristina Fernández, dejando entrever que en cuanto pudiera ocasionarles un dolor de cabeza, lo haría.

Al final, Mussi, apoyó tibiamente la movida que encabezaron Pablo Bruera y Sergio Massa, y su protagonismo en este armado incipiente no se hizo notar demasiado.

Probablemente, quien haya incidido en la marcha atrás del “el petiso”, es otro de los Ministros más importantes que tiene el gabinete nacional, Julio De Vido, de muy buena relación con el Intendente de Berazategui.

Giustozzi

Otro de los que volvió al redil (aunque él dice que nunca se fue) es Darío Giustozzi, el Intendente de Almirante Brown que en 2007 desbancó a Jorge Villaverde, un duhaldista soft, que sin embargo acompañó al ex bañero de Lomas durante casi toda su trayectoria política.

Giustozzi irrumpió en la escena política del peronismo bonaerense como uno de los exponentes más progresistas que el aluvión de votos kirchneristas de 2007 había traído a la política. De hecho, para un distrito como Almirante Brown, después de veinte años de villaverdismo, a Giustozzi sólo le faltaba la barba para imaginárselo bajando de la Sierra Maestra.

Después de dos años de una gestión con los vaivenes de cualquier administración en el Gran Buenos Aires, Giustozzi creyó ver en si mismo (o le dijeron, vaya uno a saber), la posibilidad de un desarrollo político propio. Había un porcentaje de votos propios, corte de boleta mediante, que sustentaba sus aspiraciones.
Por eso no tuvo mejor idea que, después de las elecciones de junio del año pasado, anunciar la llegada de un hombre del riñón de Sergio Massa a su propio gabinete. Se trata de Julio Casavelos, quien acompañó al Intendente de Tigre en su paso por la ANSES y la Jefatura de Gabinete.

Giustozzi nombró Casavelos como Secretario de Gobierno, confirmando además su tendencia de nombrar funcionarios que no viven en el Partido (N. del A: Giustozzi tiene en su gabinete a gente oriunda de Lomas de Zamora y Capital Federal, entre otros distritos).

A partir de allí, Giustozzi continuó con una serie de “gestos” que cada vez lo acercaban más al tándem Massa-Bruera, aunque a diferencia de estos dos, Giustozzi nunca renegó de su kirchnerismo.

Quienes desconfían del Intendente de Almirante Brown, sostienen que en realidad a Giustozzi se le han permitido cosas que si las hubiese hecho otro, hubiese sido excomulgado sin más. Pero Giustozzi, dicen sus detractores, corre con el caballo del comisario: su amistad con Florencio Randazzo, y la muy buena relación que tiene con Julio Pereyra, lo han blindado contra toda sospecha de traición.

La verdad, a Giustozzi nunca dejaron de atenderle el teléfono.

Cariglino

Los funcionarios nacionales de segunda y tercera línea que acostumbran, por su trabajo, a tratar con los Intendentes del Gran Buenos Aires, coinciden en afirmar, sobre Jesús Cariglino, que es un hombre muy serio, que cumple a rajatabla con todos los requisitos necesarios para llevar a cabo las obras que necesita su Municipio. Y también coinciden con otra definición: Cariglino es raro. No hay que leer en sus movimientos lo que uno leería en los demás dirigentes políticos. El “planeta Cariglino”, dicen, tiene una lógica de funcionamiento completamente distinta de la del resto.

No conozco personalmente a Jesús Cariglino, pero creo entender a qué se refieren estos funcionarios, porque cuando hace unos meses, Francisco De Narváez visitó Malvinas Argentinas, y se entrevistó con el Intendente Cariglino, la respuesta que obtuve cuando consulté a su Jefe de Prensa sobre el por qué de la reunión fue “¿Y por qué no? Es un diputado que representa a los habitantes de la Provincia ¿no?”

La realidad es que desde hace mucho tiempo, Cariglino y Massa vienen conversando sobre la posibilidad de trabajar juntos en algún armado político que proyecte a ambos hacia afuera de sus distritos, aunque se supone que el Intendente de Malvinas Argentinas es lo suficientemente experimentado como para saber que jamás podría gobernar su distrito, estando enfrentado a los gobiernos provinciales y nacionales. Massa recién lo está entendiendo ahora.

Bruerita

Para el final, volvemos al principio, y nos ocupamos de quien le ha tocado quedarse con el ingrato papel de ser “el malo de la película”: Pablo Bruera.

En un encuentro que luego se filtró en algunos medios locales, cuando su gurú político, el consultor Jorge Giacobbe, le cuestionó la idea de volver al kirchnerismo, el Intendente de La Plata le contestó de manera frontal “El que pone la cara en la calle soy yo; yo soy el que está con la gente; me piden obras y no puedo responder porque no tengo plata; esto así no va más”.

En esa reunión, Bruera ordenó recomponer los lazos con el kirchnerismo, aunque sin renunciar a construir su “Frente Renovador Peronista”. De hecho, hay un acto pautado para el 24 de agosto en el Estadio Luna Park de Buenos Aires, que todavía sigue en pie.

La idea de Bruera, antes de claudicar definitivamente, es demostrar que fue “mal interpretado”, que él jamás dijo que Kirchner era un loco malo, sino que planteó algunas diferencias en la conducción.

¿Alguien le creerá?

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