Los purpurados tienen sus tiempos

Tuvieron que pasar 70 años para que la Iglesia española solicitara su perdón por su pasado franquista. Hace poco el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, pidió perdón por la actuación de los miembros de la iglesia durante la Guerra Civil, postura que revisa el tradicional apoyo del catolicismo al franquismo. «En muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron, y en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos», argumentó el obispo Blázquez.

Este mensaje fue pronunciado en la Asamblea Plenaria de la CEE como despedida de su cargo como jefe del episcopado español, el mensaje constituye una notoria corrección de la posición histórica de la iglesia católica española que siempre se consideró víctima de la II República (1931-1936) y de la Guerra Civil (1936-1939), en la cual se encolumnó mayoritariamente junto al general Francisco Franco.

En este sentido, Blázquez explicó que la Iglesia «desea que se haga plena luz sobre el pasado: Qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió y qué consecuencias trajo».

Este mea culpa del referente católico español contrasta con la política de Benedicto XVI, ya que hace poco el Vaticano beatificó a 498 «mártires» católicos de la Guerra Civil española, entre ellos dos obispos, varios sacerdotes y numerosos religiosos, pero excluyó a los religiosos del bando republicano que fueron asesinados o perseguidos.

Sobre esta cuestión, Blázquez intento despegarse y aclaro que «aunque nosotros nos referimos a los mártires cristianos, mostramos nuestro respeto a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta afrontar las últimas consecuencias».

No sorprende que la Iglesia española haya tardado tanto tiempo en reconocer sus culpas, ya que se trata de una institución que es rápida en reflejos para juzgar los actos de los demás pero lenta en revisar los propios. Y esto no es una exclusividad de los purpurados ibéricos, sino que sobran ejemplos en el Vaticano y en sus sucursales en otras partes del mundo.

Un ejemplo claro de esta sintonía es la Iglesia Católica Argentina y su actuación durante la última dictadura militar. Un tema que estuvo presente en el juicio que condenó a prisión perpetua al ex capellán de la Policía bonaerense, Christian Von Wernich. La lentitud y la tibieza con que se expidió la Iglesia en este caso fue exasperante, solo cuando se conoció la condena dio un comunicado más parecido al “acá no pasó nada” que a una verdadera autocrítica.

Recién el pasado 9 de noviembre, el cardenal Jorge Bergoglio oficializó que la Iglesia le iniciará un juicio canónico a Von Wernich por su accionar durante la última dictadura militar.

El anuncio fue realizado en la homilía que cerró formalmente la Conferencia Episcopal Argentina y en la que estuvo como principal invitado el cardenal Tarciso Bertone, el número dos del Vaticano.

Increíblemente a pesar del juicio canónico, Von Wernich no perderá la condición de sacerdote. Y el argumento es que «no se puede perder, pero sí se pueden aplicar sanciones que impliquen una limitación en el ejercicio de su ministerio». Este juicio se llevará adelante, luego de que se esperara en vano un arrepentimiento público del represor.

Aunque no hay que poner a todos en la misma bolsa, ya que cuando se realizaba el juicio al cura torturador el obispado de Neuquén hizo una autocrítica acerca del papel cumplido por la jerarquía de la Iglesia Católica durante la dictadura a través de un documento.

El escrito fue elaborado por el equipo de la Pastoral Social del obispado de Neuquén, que está coordinado por el padre Rubén Omar Capitanio, y distribuido en todas las parroquias de la provincia. Allí se explica que «con dolor no podemos dejar de reconocer que, si bien no toda la jerarquía fue sorda al sufrimiento de tantos hermanos, no toda la Iglesia asumió esta actitud imprescindible para ser coherentes con lo que creemos y predicamos».

«Demasiado silencio, falta de participación pública en las demandas de los familiares de los desaparecidos, hacer oídos sordos al reclamo de justicia, demasiada debilidad para llamar al mal provocaron que apareciéramos como cercanos a los dictadores de la muerte, mientras debíamos ser apóstoles de la vida», se explayó este documento que critica el silencio y la falta de compromiso de parte de la cúpula de la Iglesia Católica.

La autoridad eclesiástica neuquina recordó también la acción humanitaria durante el régimen de obispos como Jaime De Nevares, Jorge Novak, y Miguel Hesayne. Y evocó a los obispos Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León, opuestos ambos al régimen y muertos durante la dictadura en sospechosos accidentes, que la justicia presume fueron asesinatos.

Distintas variables para una institución tan sinuosa como la Iglesia Católica, por eso no hay que apurarse y quizá para el 2046 o 2047 llegará su tan anhelada autocrítica por su actuación en la dictadura genocida de Videla, Massera y compañía.

COMPARTÍ ESTE ARTÍCULO

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Recibí nuestras novedades

Puede darse de baja en cualquier momento. Al registrarse, acepta nuestros Términos de servicio y Política de privacidad.

Últimos artículos

Analizamos el federalismo argentino, centralizándonos en el AMBA y su funcionamiento. ¿Cómo se hace para gobernar una región en la que se deben coordinar asuntos con dos gobernadores y cuarenta intendentes?
Proponemos recuperar el rol de las mujeres en las organizaciones político–militares de izquierda surgidas en la década de 1970 en Argentina, como también la militancia en las organizaciones de base.
Repasamos la medida del “dólar soja” y los altibajos de la economía nacional, junto a la inflación en los diferentes sectores de consumo