Los lápices tuercen la historia

Hoy, 16 de septiembre del 2009, a treinta y tres años del secuestro de diez compañeros de la unión de estudiantes secundarios (UES), conocido popularmente como La noche de los Lápices por el testimonio de Pablo Díaz para el film con mismo nombre, me es inevitable pensar como militante de la Juventud Peronista qué sucedió en el transcurso de todo este tiempo, qué sucedió con los represores del batallón 601 con el general Camps a la cabeza, qué sucedió con la conciencia política de la juventud y qué pasó también con aquellos compañeros que sobrevivieron a uno de los más oscuros episodios de una larga lista desde la resistencia.

Pienso en los compañeros que hoy, con mucho esfuerzo reconstruyen la UES en distintos puntos del país, mucho hijos de militantes de la UES de aquel entonces, se dan la tarea de rehacer una conciencia política entre los mas jóvenes socavada por el neoliberalismo, chicos de entre 14 y 18 años que de la mano de la juventud peronista vuelven a levantar las banderas históricas que caracterizan al sector mas dinámico de nuestro movimiento. Y lo mejor es que cada vez son más, lo expresa el multitudinario acto que se realizó en La Plata frente a la facultad de Bellas Artes, donde se construyó la columna más importante de UES y JP desde la vuelta a la democracia en dicho lugar.

Por otro lado, la historia se repite y nos encontramos con la paradoja de que algunos de aquellos represores que conformaron el batallón 601, son parte tristemente de la policía Metropolitana de Mauricio Macri, formada para reprimir las manifestaciones sociales e instrumentar desalojos, para reprimir a jóvenes como nosotros, para quitarnos la calle. El general Camps murió en el ’94 de cáncer en el Hospital Militar sin haber cumplido un solo día de cárcel, beneficiado por las leyes de obediencia debida y punto final de Alfonsín, y los indultos de Menem. Yo recuerdo por ese entonces pensar con desazón «estos hijos de puta se están muriendo, y la historia no nos da tiempo de cambiar las cosas.» Pero para sorpresa de todos llegó Kirchner, y con su llegada renació un impulso militante entre la juventud sin precedente desde los ’70, que jamás hubiésemos proyectado pocos años antes.

Pudimos resignificar al peronismo, y mostrarle a los jóvenes que era otra cosa a lo que vieron en los ’90, que el peronismo es revolucionario, y que está bien arraigado en los corazones de los trabajadores. Se abrieron cientos de causas, y hoy están presos en cárcel común la primeras líneas de represores. Nunca voy olvidar cuando fui detenido en los ’90 en un escrache a Etchecolatz con la sensación de que era muy difícil cambiar la impunidad contra la que luchábamos. Sin embargo torcimos la historia, y para los más pequeños van a ser naturales las condenas a estos asesinos.

El lunes 14 pasado nos encontramos en el Centro Cultural Torcuato Tasso distintos responsables de JP junto a Emilse Moler, una de los tres sobrevivientes de los secuestros de aquel 16 de septiembre de 1976. Emilse pronunció un discurso muy preciso y conmovedor, donde remarcaba que para la juventud era natural la condena a los represores, pero que también a muchos les era natural caminar rodeados de miseria sin conmoverse un pelo. Quizás tenemos un largo trecho para seguir desarrollando la conciencia de los más jóvenes y su consecuente organización, pero el impulso que nos dio esta etapa desde el 2003 es enorme y significativo. Falta mucho por delante, pero hoy la JP y su frente secundario UES, no tienen techo.

Allende en su último discurso, sabiendo lo que se aproximaba, dijo que la historia está de nuestro lado. Un 11 de septiembre era muerto en la Casa de la Moneda, sin embargo sus palabras son muy ciertas. Combatimos la dictadura en los ’70, combatimos la impunidad en democracia y hoy, precisamente hoy 16 de septiembre, también combatimos las dictaduras mediáticas. En una fecha tan emblemática como esta, a la que el ex presidente Kirchner nombró como Día Nacional de la Juventud, ingresó a la Cámara de Diputados La Ley de Medios, la cual para nosotros expresa una revolución cultural en este proceso político, y socava profundamente uno de los bastiones jamás tocados de la pata civil del proceso militar.

Emilse nos comentaba lo difícil que fue superar su experiencia con apenas diecisiete años, y que la clave fue entender que nunca se sale para adelante en soledad. Estoy convencido que esa es la clave para dar un salto cualitativo en lo que corresponde a las organizaciones juveniles del campo nacional y popular: la comprensión de que sólo en una unidad va volver y de verdad la Juventud Peronista y todos sus frentes a tomar un rol protagónico en el mapa de la política argentina.

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