Los fantasmas de Macri

El empresario cumplió su primer año al frente del Ejecutivo porteño estrechando la mano de Silvio Berlusconi en Italia. En la gestión, hace todo lo que le critica al gobierno nacional. Su segundo año aparece como un trayecto más complicado: una cosa es la sorpresa y otra, la repetición. Camino al 2009, el enfrentamiento entre su vicejefa Gabriela Michetti y su jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta agita las aguas en el PRO.

Hace pocas horas Mauricio Macri festejó su momento soñado: cumplió su primer aniversario al frente del gobierno porteño en Italia, la tierra de sus ancestros. Pero detrás del esplendor de la inauguración de la temporada lírica del famoso Teatro alla Scala de Milán, el balance de su primer año de gestión no es como muchos soñaron. Por ahora, se afirma en los errores de sus predecesores, pero no es suficiente. En el frente interno el enfrentamiento entre su vicejefa Gabriela Michetti y su jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta, aparece como un grueso error en el año de estreno de una presunta nueva forma de enfrentar los desafíos de los porteños.

Preocupación selectiva

El 9 de diciembre de 2007, un día antes de que Cristina Kirchner lo hiciera, el ex presidente de Boca relevaba de su cargo a Jorge Telerman con promesas que un año después aparecen bastante lejanas. Pero su aniversario llega con una dura pelea con la Casa Rosada, récord de paros en las escuelas, denuncias de falta de insumos en hospitales públicos y de achicamiento de las políticas sociales, picos de protestas callejeras, paralización de la construcción de subtes, viviendas e infraestructura y aumentos a repetición en impuestos y tasas. En la Ciudad que gobierna Mauricio Macri, donde realiza su primera experiencia en un cargo ejecutivo, hay unas 70 villas y asentamientos precarios, y alrededor de 500 mil porteños tienen graves problemas de vivienda.

Pero eso no importa, porque no es una preocupación de sus votantes, esos que precisamente aparecen en los sondeos macristas indicándole que las preocupaciones de esa clase media porteña es el costo de su prepaga, el valor de al escuela privada de los hijos y la seguridad. Así fue que si bien prometió no hacer muchas cosas que finalmente hizo, el discurso pre electoral de la gestión macrista se aferra y vende como éxitos su plan de bacheo, la reparación de escuelas, la nueva Policía Metropolitana y la renegociación del contrato de la basura, y una abyecta defensa del espacio público a cambio de echar a cualquiera que pueda usurparlo. Cualquiera: una persona sin techo, una marcha o una protesta.

Fieles a la máxima menemista que reza que el jefe nunca se equivoca, el gabinete de Macri asiente en silencio cada uno de los errores y los caprichos de su jefe. La muestra más clara de su manejo de poder es la fractura que tiene en ciernes con el enfrentamiento de sus dos principales sucesores. No hay autocríticas. La única que apareció es la de la vicejefa de gobierno, Gabriela Michetti, a cargo del Ejecutivo, que confirmó que no habrá el bonus prometido para los funcionarios que cumplieran los objetivos. Aunque aclaró que era por la crisis, lo cierto es que no iba a ser fácil defender el pago de un doble sueldo ante vecinos irritados por inundaciones e impuestazos.

¿Estilo Makri?

Macri hace todo lo que le critica al gobierno nacional. Algo que puede derivar en una dura respuesta en las próximas elecciones, ya que son las mismas reacciones que los porteños castigan a la Casa Rosada. El jefe de gobierno se negó en forma sistemática a recibir a piqueteros, gremialistas y docentes que estuvieran en conflicto, pero durante la crisis del campo exigió al gobierno nacional que reciba a los ruralistas rebeldes que cortaban las rutas. Le recriminó al kirchnerismo la falta de una política nacional de aliento a la inversión y al desarrollo, pero una de sus primeras medidas fue aumentar las tasas de interés del Banco Ciudad, la principal herramienta financiera de la administración comunal.

Acusó al matrimonio Kirchner de generar irritación, pero la que sufre su bloque en la Legislatura porteña ya le costó la pérdida de tres diputados.

El segundo año de gobierno aparece como un trayecto más complicado. Una cosa es la sorpresa, otra es la repetición. Y eso en vísperas de elecciones, puede resultar fatal.

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