Los avatares de la Madre Teresa

Gabriela Michetti lidera las encuestas de intención de voto en Capital Federal. Sin embargo, la merma de votos en comparación con la performance macrista de 2007 comienza a poner en duda el blindaje de una dirigente cuyo rostro presuntamente humano cada vez esconde menos los desaguisados del gobierno PRO en la ciudad de Buenos Aires.

La tía Matilde quedó viuda hace unos años y siempre me persigue telefónicamente para que vaya a almorzar con ella. Es difícil resistirse a los niños envueltos, las lajmayin, las kipes, las sembuzak (empanaditas de queso), el hummus (garbanzo pisado) con panes calentitos recién horneados. Además de la irresistible seducción culinaria árabe, la tía me “ilumina” con algunos de sus pensamientos. El supuesto sentido común de la doña Rosa de Neustadt o de “La Nelly” de Langer en la contratapa de Clarín. Ante mi pregunta de a quién votó en las elecciones pasadas en la ciudad fue contundente: “la voté a Gabriela Michetti”. Y sin mediar otra palabra me apuró: “no ves que ella está en una silla de ruedas, pobre… Mirá cómo la pelea, “no sabés cómo la lucha para salir adelante y encima se dedica a la política para trabajar por todos nosotros…”

En el imaginario popular, la silla de ruedas pesa: el efecto piedad, el efecto lástima, la creencia de que el discapacitado en forma automática, por el solo hecho de serlo, es “bueno”.

A Mauricio Macri le vino de rechupete: qué mejor para una fuerza política de derecha que haber encontrado una mujer que comenzó a militar con el progresista demócrata-cristiano Carlos Auyero, católica militante, con un discurso que para la mayoría de los medios suena articulado, supuestamente sólido e informado, en el que aparece permanentemente la necesidad del rol del Estado, el respeto por los derechos humanos… Justamente el rostro humano que le faltaba a Macri para balancear su ideología. El es “la hamburguesa” y “Gaby” representa “las papas fritas”. Un combo ideal. La cajita feliz.

Entrevistada por ZOOM, la psicóloga Liliana Mizrahi, autora de Mujeres en plena revuelta, afirmó: “veo a Gabriela Michetti y lo primero que salta a la vista, es su silla de ruedas. Su estatura queda reducida a la mitad. Mujer sentada, plegada, carapálida, con el cabello atado así nomás. Michetti es una discapacitada, despierta sentimientos condicionados por ‘la buena educación’. Sentimientos casi automáticos: empatía, compasión, ‘sabemos que conoce el dolor’. Restringida de por vida, promueve simpatía, deseo de ayudarla, apoyarla, repararla… Muchas veces se homologa discapacidad con inocencia, bondad, generosidad, entrega y renuncia…”

La silla eléctrica

Jorge Baletto es docente de Ciencias de la Comunicación de la UBA. Consultado por esta revista, provocativamente declaró: “en una de sus últimas salidas con Macri, Gabriela Michetti anuncia que va a comprar una silla moderna, con control remoto, abandonando la silla manual que la acercaba a los pobres de Lugano y zona sur de Capital Federal y Conurbano. ¿Por qué tardó tanto en cambiar el sujeto silla de ruedas por otro tecnificado con controles?; y surge la pregunta dado que a Gabriela y Mauricio no les faltaba dinero para comprar una nueva silla modernamente tecnificada. ¿Por qué tardó tanto en hacer ese cambio? ¿No será que el escenario ya había cambiado y que ya no era necesario mantener la imagen del voluntarismo, del esfuerzo y ‘de la piedad’? Ya habían concretado con el triunfo de Macri y de ella en 2007 hasta la actualidad, la propaganda del dolor y el esfuerzo. Eso ya estaba logrado, no aparecían las propuestas ni las ideas, pero sí se concretaban los negocios inmobiliarios, de la basura, quitando plata a hospitales devastados, maestros empobrecidos y subtes sin construir”.

Discapacitada y ABC 1

¿Por qué esa imagen de la ex-vicejefa de gobierno, hoy candidata a diputada, penetró fuerte en determinados sectores sociales? El politólogo José Natanson ensaya una hipótesis: “Su accidente alude a una cuestión delicada pero no menor: el hecho de haber logrado trascender una tragedia de esa naturaleza subraya en ella la línea de superación en base a la voluntad individual, condición supravalorada por quienes, desde el liberalismo individualista, consideran al esfuerzo como el motor del progreso. Pese a su condición de católica practicante, hay un fondo protestante en la carrera de Gabriela. Y no es raro. La proliferación de líderes de derecha ‘exitosos’, empresarios y deportistas (en deportes individuales más que en deportes de equipo) contrasta con una izquierda históricamente inclinada a las construcciones colectivas, cuyos candidatos provenían de organizaciones como sindicatos, asambleas universitarias o movimientos sociales…”

¿Se pincha el globo?

“Ésta, ¿qué se cree? ¿La madre Teresa de Calcuta?”. Lo dijo el propio Mauricio Macri refieréndose a su jugadora estrella. La frase fue emblemática: la Maradona del macrismo empezaba a declinar. Cuando llegaron al gobierno y derrotaron a la fórmula Filmus-Heller, en la primera vuelta sacaron el 45% de los votos. Hoy no hay ninguna encuesta que le dé más de 32%.

Evidentemente, un sector de la ciudadanía que había optado por “la eficiencia”, el discurso apolítico, “la gestión” a secas, la seguridad, se viene desilusionando frente a la realidad macrista. Y a esto se le suma que a muchos ya no le convence “el efecto piedad o lástima”. La cara amable del PRO, la estrella de la última elección, mimadísima de los medios, la Gabriela “mujer”, “discapacitada”, “ABC 1” termina derrapando, por lo menos en una parte de sus votantes que le puso todas las fichas.

ZOOM consultó, a propósito de esta temática, a Carlos Heller, el candidato oficialista en la ciudad de Buenos Aires. “Más allá de la discapacidad, sobre la cual quiero tener el mayor de los respetos, el macrismo tendrá muchos menos votos que en el 2007. Gabriela Michetti le puso un rostro humano a un proyecto inhumano.”

Los países, los partidos políticos, los equipos de fútbol, necesitan tener un bueno: un ser impoluto, un modelo, alguien que les muestre que no todo está perdido, que se puede luchar desde la peor dificultad. En el imaginario popular, la silla de ruedas de “Gaby” le jugaba a favor. Hoy, gobierno mediante, por lo menos para algunos, el “efecto piedad” se viene pinchando.

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