Los afanes de Mr. Shannon

Desde que el presidente de Cuba Fidel Castro delegó el poder en su hermano, el secretario de Estado adjunto para América Latina del gobierno de George W. Bush, Tom Shannon, ha multiplicado sus “recomendaciones” para presionar al continente sobre su relación con la isla. El discurso de la Casa Blanca en boca de Shannon pretende aparecer como un inocente espectador de la escena internacional, pero su conducta es la más clara prueba del papel conspirador que Estados Unidos tiene contra el orden institucional cubano.

Agosto de 2006 fue un mes cargado de versiones sobre la salud de Fidel Castro. Pero ya disipadas las primeras preocupaciones ante la recuperación del mandatario, se puede apreciar con más claridad la estrategia ofensiva que desató la Casa Blanca luego del 31 de julio, cuando Raúl Castro asumió la presidencia de Cuba.

Para esa tarea, nadie mejor que Tomas Shannon, un diplomático de carrera con experiencia en América Latina que es el principal portador que ha escogido la administración Bush para instigar las acciones anticubanas por el mundo.

Apoyado en su “pedigree” de diplomático entre 1984 y 1986 en Nicaragua, durante el pleno apogeo del narcotráfico y el conflicto Irán-Contras, tuvo por vecino a John Negroponte en Honduras, y más recientemente como responsable en Washington de las relaciones con Venezuela preparó un viaje del conocido Otto Reich a ese país en el 2002, donde desarrolló amplios vínculos con la Coordinadora Democrática, el conocido movimiento opositor venezolano con los que aún mantiene vínculos.

Con estos antecedentes nadie puede esperar una actitud intempestiva de Shannon. Es el típico operador experimentado que sabe que las acciones contra América Latina deben ser prolongadas y sostenidas en el tiempo. Quizás por eso, la escalada de declaraciones contra Cuba que comenzó a desperdigar por el continente por medio de tele conferencias en las embajadas norteamericanas en Brasilia y Buenos Aires, se incrementaron en agosto pero comenzaron a principios de año.

El 17 de enero de 2006, según la agencia de noticias AP, antes de viajar a la toma de posesión del presidente boliviano Evo Morales, Thomas Shannon declaró que el gobierno del presidente cubano Fidel Castro se acercó a Venezuela y Bolivia en un intento de «contrarrestar» las presiones que apuntan a un fin de su sistema.

El funcionario indicó que «sin importar el grado de amistad que pueda tener Cuba con Venezuela o cualquier otro gobierno de la región, una de las cosas en la que está centrado el gobierno de los Estados Unidos es en la forma de facilitar el cambio de régimen en Cuba».

Eso, según la confesión, se está «trabajando con los países de la región y el mundo». El trabajo consiste en «empezar a solventar un consenso o entendimiento sobre cómo haría una Cuba democrática y cómo otros países del mundo pueden ayudar a que ocurra esa transición». Estados Unidos «continuará concentrándose en la promoción de esa transición como parte de nuestra diplomacia en la región y otras partes del mundo, donde tenemos países ya preparados a trabajar con nosotros».

Pocos días después, el 3 de febrero, de gira por los países europeos, Shannon declaró que Estados Unidos busca el apoyo de la Unión Europea para promover la transición pacífica en Cuba. Más tarde, el 7, anunció que promovió esos intereses de Washington con los gobiernos locales durante su estancia en la gira por España, Bélgica, Francia e Italia y valoró la creación de una filial europea de un «Consejo para la Ayuda a Cuba» (CAC) que Estados Unidos pretende inaugurar en la Organización de los Estados Americanos (OEA), para aumentar la presión internacional contra la isla; en una versión internacional de la Comisión de Asistencia a una Cuba Libre, una pantalla diseñada por Washington para canalizar su acoso.

Tras esa ofensiva de principios de año, Shannon volvió a la carga 8 meses después y luego de la internación de Fidel. En esta oportunidad, las señales vendrían desde un punto central de las relaciones del Mercosur con La Habana.

El 17 de agosto el diario Folha de Sao Paulo informó desde Brasilia sobre declaraciones de Shannon en una teleconferencia organizada por la embajada norteamericana en Brasil, donde dijo que «el gobierno de Estados Unidos desea aprovechar las buenas relaciones de Brasil con Cuba para lograr que el gobierno de Lula presione por una apertura política en la isla, en momentos en que el Presidente Fidel Castro se alejó del gobierno por razones de salud.

A los tres días el mensaje llegaría directo a Argentina. El 20 de agosto, en otra videoconferencia de la embajada norteamericana en Buenos Aires, Shannon expresó que en Cuba «estamos viendo una transferencia de poder en cámara lenta, la transferencia de poder a Raúl Castro implica la transferencia a un grupo institucional, un intento de preservar el régimen, pero será muy difícil.

La situación en Cuba no es un tema bilateral, es un tema de las Américas, porque preocupa a toda la región. Esta es una oportunidad no sólo para Cuba, sino también para las Américas».

La andanada de advertencias de Shannon tuvo lugar luego de otra confesión del Departamento de Estado. El 11 de agosto el vocero Tom Casey precisó que a través de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba (SINA) y otras vías, «Estados Unidos está adoptando todos los pasos posibles y se utilizan todas las tecnologías disponibles para lograrlo».

Casey subrayó que la administración sigue dispuesta a trabajar para lograr ese objetivo y para hacerlo con medidas concretas. Aseguró que si las autoridades cubanas se enterasen de los planes de Washington, tratarían de frenarlos inmediatamente.” Semejante declaración, deja en evidencia la dedicación y voluntad política de Washington por derrocar al gobierno cubano.

Tal como se ha podido comprobar en reiteradas oportunidades, los planes que pretenden aislar a Cuba, estimular y organizar las acciones contra ella a nivel internacional es el componente principal de esa estrategia. Cuando Washington dice que el futuro de Cuba debe ser decidido por los cubanos de la isla, pretende aparecer como inocente espectador, pero su conducta es la más clara prueba del papel conspirador contra el orden institucional cubano.

Es necesario recordar que Estados Unidos tiene resuelto destinar para los próximos años 80 millones de dólares: 31 para promover y apoyar a grupúsculos contrarrevolucionarios, 10 para intercambios educacionales, cursos y becas en universidades de terceros países que son interés de la oposición, 24 para campañas informativas y el desarrollo de las vías para su difusión dentro de Cuba, incluyendo internet.

La cifra se completa con 15 millones para promover el apoyo internacional a la contrarrevolución interna y como si eso fuera poco, se han destinado otros 20 millones anuales que no se corresponden con ese pretendido papel de inocente espectador que Shannon repite por todas las capitales de Latinoamérica.

Tampoco lo hace la designación de una Oficina Nacional de Inteligencia (NIO) para Cuba y Venezuela, cuya existencia fue revelada públicamente el 18 de agosto, un día después de la teleconferencia de Shannon en Brasilia. Este anuncio posiblemente tenga relación con el capítulo secreto del denominado «Plan Bush» que Causa Popular informó en una edición anterior y que consiste en una serie de medidas confidenciales que Washington tiene previstas contra Cuba.
Pero el discurso de la Casa Blanca revela sus trampas gracias a sus propias contradicciones.

Reconocer que el traspaso de poder a Raúl Castro representa hacerlo a un «grupo institucional», significa que Estados Unidos reconoce explícitamente que en Cuba hay instituciones, estabilidad y orden que son protegidas y aceptadas.

La estabilidad no es un dato menor. El pueblo cubano la ha honrado claramente desde la proclama del 31 de julio, cuando Castro delegó el poder, y dejó sin palabras a todos los que repitieron hasta hartarse que “los cubanos saldrían a las calles a reclamar democracia” luego del cambio en el gobierno.

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