Lo que se juega

Otro aniversario del golpe encuentra a la Argentina en una situación que guarda ciertas similitudes con la de 1976, sin que el conjunto de la sociedad argentina advierta la gravedad que significa juguetear en el filo del abismo. Aunque algunos límites no se presenten nítidos, están en juego dos modelos de país que medirán fuerzas en las elecciones dentro de 90 días.

El hostigamiento de lo que se ha denominado restauración conservadora tiene algunos arietes visibles y varios frentes de batalla. Que los golpes militares no sean hoy realizables, no invalida el retorno de las reingenierías propias de la barbarie de mercado, y por eso es decisivo revalidar el rol central del Estado en un país dependiente como Argentina: eso es lo que quiere torpedear el conjunto de la oposición con posibilidades de ser tenida en cuenta.

Lágrimas

Mientras los medios hegemónicos competían por invisibilizar una concentración masiva que repudió –marchando desde el Congreso a la Plaza Mayo– la cacería desatada en 1976, demostrando que muchos percibimos las consecuencias profundas de lo que se ensaya, la cúpula de la Iglesia Católica no se privó de reafirmar su inconmovible alianza profunda con los sectores más retrógrados, como si la defensa privada de la renta extraordinaria del complejo sojero habilitara reprimendas morales en nombre del bien común… de los privilegiados.

El Episcopado no alertó sobre “la paz social alterada” o cosa parecida cuando una generación entera estaba en la mira de las 9 mm y se desplegaba la gran revancha social, y esa es una verdad que no admite matices.

A principios de 1976, la misma Iglesia señalaba con su índice acusador, y los sectores agropecuarios (conducidos por Martínez de Hoz desde ACIEL, CEA, APEGE y la Sociedad Rural) hacían un lockout contra aquel gobierno democrático, no enviando hacienda para faena.

Alineados codo a codo con la Mesa de Enlace, representante actualizada del poder agropecuario concentrado, los obispos operan como la reserva ética del país inviable, el de una eterna Década Infame, provistos de un refranero eclesiástico funcional al salvajismo de los De Ángeli.

Como si la Modernidad y el capitalismo pudieran ser capaces de cristalizar los cambios históricos, los atentados a las Torres Gemelas demostraron que esos anuncios terminales, a perpetuidad, eran poco más que los BigMac del fin de las ideologías a cuadro detenido.

El giro de distintos países de Sudamérica hacia posturas independentistas lo prueba, y la propia crisis financiera mundial, también.

La circulación de lo real

El congestionamiento del canal Mitre, en el Río de la Plata, navegado por buques que ponen rumbo a los puertos habituales del mercado de cereales, contrasta con el relato de los movileros enviados por sus canales a cubrir cortes de ruta que, por su propia inorganicidad, tienen una representación al menos dudosa. Son, como dijo el gobernador de Entre Rïos, “15 o 20 tipos”. Pero aquella realidad, la de un país que de ninguna manera está paralizado y continúa comerciando con el mundo a pesar de las dificultades conocidas, es invisible para los medios, y por lo tanto, no existe.

Como tampoco existió la muerte evitable de una joven trasladada por una ambulancia secuestrada por el lockout patronal en la ruta.

Lo real es que la producción nacional siguió creciendo un 2,3% en enero, y si bien eso indica desaceleración, no necesariamente profetiza retroceso y menos todavía una hecatombe. Los datos indican también que bajó la velocidad de crecimiento del consumo de bienes durables, pero sigue creciendo el de bienes básicos. El mercado de trabajo se mantiene expectante: hasta ahora no se han producido despidos masivos aunque disminuyó la creación de nuevos empleos.

La crisis se hará sentir, pero las reservas siguen en su lugar y el gobierno administra el valor del peso. Los críticos escapan a una comparación: la economía de Estados Unidos cayó un 6,3% en 2008, algo que no sucede desde 25 años atrás.

Los planes de incentivo de la demanda funcionan mejor o peor, y bajaron las compras de Brasil, pero en San Pablo se ha detenido el primer clima de desorientación que siguió al estallido de Wall Street. China, por su parte, parece aprestarse a cumplir un rol de piloteo de la crisis mundial, y nadie sabe qué puede salir de la reunión del G20.

La coparticipación de las retenciones es un golpe a la estrategia de los campesinos porque todos los gobernadores, incluyendo a Macri, corrieron a picotear de la mano del gobierno nacional. Pero nada impide que la papa salte por otro lado: Biolcati solo tiene un plan de máxima.

Imágenes

Entre tantos climas distintos, los medios se ocupan de crear sensaciones, como la de inseguridad. La crisis financiera contribuye con sus brujos, quienes ahora coinciden en pronósticos apocalípticos, en sintonía total con el poder imperial.

Para generar clima de derrota oficialista, la mesa del caos mediático está servida: son las declaraciones eclesiásticas, los tractores de la guerrilla sojera impidiendo transitar por las rutas, las calles del Gran Buenos Aires convertidas en Kosovo por repetición, unas cuantas personas elegantes exigiendo pena de muerte para los negros y amenazas fraudulentas de fraude electoral. Todas las heridas de esta sociedad pueden ser utilizadas para apuntar contra el gobierno. Un brote de dengue se convierte en epidemia y la ministra Ocaña llega tarde. La interferencia satelital de las señales del Grupo Clarín suena a Bolazo Supremo. El Canal 7, en un lugar marginal de la grilla del cable, mantiene la emisión de dibujos animados mientras los hechos se suceden, algo incomprensible.

El poder enmascarador de los medios no es omnímodo.

Hay contrastes que apenas se pueden ocultar. Las imágenes aéreas de la despoblada reunión en Plaza de Mayo PRO-pena de muerte frente a la oratoria grosera, de fingidos matices liberales y humanistas, del rabino a sueldo de Macri y del ex vocero del episcopado, son expresiones de una barbarie reciclada, entre la refinación de la fraseología de clase media y el delirio.

Los argumentos no terminan allí. Además de fusilamiento para los ladrones de gallinas, de fraude electoral y de intenciones aviesas para adelantar las elecciones, se hace mención a una inhallable “prensa libre” atacada por el anteproyecto de nueva ley de medios. No se trata de defender la libre circulación de las ideas (que aquí se atascan en el cerrojo comunicacional) sino de la libertad de comercio que iguala en un mismo paradigma ganancial a las empresas periodísticas con las fábricas de preservativos.

Mientras aquí se llama prensa libre a la oligarquía mediática, los superpoderes son fantásticos para el secretario del Tesoro de Estados Unidos, pero aquí son prácticas mafiosas. Las violaciones y el asesinato de ancianos indefensos desaparecerían mágicamente cuando el Grupo Clarín sufrió el ataque satelital de la guerra de las galaxias desde Olivos, aunque lo más probable es que un joven hacker esté acoplando una onda direccional en la misma frecuencia. En sus distintas variantes, el radicalismo se ha convertido en vocero de la señora de Noble.

Los dos modelos en juego son inseparables de los intereses en pugna: 2.500 millones de dólares de renta sojera, en una alianza indiferenciada con los negocios cerrados del fútbol, de la televisión por cable, de los mercados cautivos y de la manipulación de la opinión pública. Por todos esos nichos feudales, no habrá tregua porque detrás está la propia existencia de lo público.

Destituciones

Ante semejante panorama, la confirmación de la cadena perpetua a Etchecolatz a un año de que la secretaría de Derechos Humanos solicitara el procesamiento de Martínez de Hoz por su participación en la desaparición y asesinato de un funcionario durante la estatización fraudulenta de la Ítalo, marca, o al menos sugiere, otro rumbo que el conjunto de la oposición quiere tachar de la realidad.

Es posible que ambos hechos tengan relación, pero con el paso del tiempo se irán borrando las pistas sin que el juez Oyarbide haya avanzado demasiado.

Hugo Biolcati no ha ocultado que el ex ministro orejudo lo asesora, y el financista lechero también ha manifestado su intención de voltear a este gobierno, o impedir que termine su mandato. El ex progresista Eduardo Buzzi no se ha sonrojado por el cariz de esos consejos. Los responsables civiles de la dictadura no solo siguen libres, sino que pleitean contra la Nación Argentina y a favor de multinacionales y acreedores extranjeros en todos los tribunales o seudotribunales del Primer Mundo. Esa es una asignatura pendiente. El poder soltó la mano de las primeras cúpulas militares pero no se desprenderá de sus miembros mas valiosos así como tampoco quiere que toquen sus privilegios. Es una cuestión de autodefensa.

Para ello, el sistema judicial necesita remover unos cuantos obstáculos, de esos que hacen de contrapeso, como tantas otras leyes que han modelado el Estado ciego.

Si la Corte Suprema diera por probado la existencia de un plan sistemático de apropiación de niños, las causas pendientes se agilizarían porque hasta ahora cada una, repetitivamente, exige que los jueces analicen si ese plan existió o no, provocando una infinita multiplicación de pruebas. Los organismos de Derechos Humanos, Madres, Hijos, han demostrado una gran cuota de paciencia respecto de estas limitaciones, en aguda disparidad con los sectores revanchistas de la comunidad del shopping, quienes, en su infinita ignorancia, pretenden derogar el código de Hamurabi.

Además de reorganización, fondos, más fiscales, digitalización y ordenadores interconectados, se deben remover todavía a unos cuantos jueces susceptibles al poder tradicional, e impedirlo, con uno u otro argumento, es otro de los objetivos explicitados por la oposición.

Ojalá no fuera así, pero habrá que tener mucho aguante para soportar el clima de caos mediático que se viene y no dará respiro. De aquí a junio viviremos en el peor país posible.

El límite de esa realidad virtual es que en junio votan todos, incluso los que son invisibles y no tienen voz.

No casualmente Biolcati, que bien podría ser considerado hoy el enemigo público número uno de la convivencia entre argentinos, es partidario del voto calificado.

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