Lo que el viento se chupó

En un trabajo revelador titulado “Privatizaciones e inequidad distributiva”, un grupo de economistas entre los que destacan Daniel Azpiazu, Eduardo Basualdo y Martín Schorr se destaca que “mientras en 1986 los hogares más pobres del Gran Buenos Aires destinaban un 9% de sus ingresos totales al pago de los principales servicios públicos, en 1996 gastaba más del 17%”.

Esa tendencia se verifica cualquiera sea el servicio que se considere, pero es particularmente notoria en el caso del transporte público: si a mediados de los años ochenta el gasto de los hogares más pobres en ese rubro representaba menos del 4% de sus ingresos totales, en 1996 equivalía al 8%.

La explicación, según establecen los autores del estudio, es el aumento de las tarifas inmediatamente antes y después de las privatizaciones y “la brusca contracción en los ingresos populares” durante el menemismo.

El impacto de las privatizaciones sobre la distribución del ingreso se vincula también “con la forma en que se distribuyen los recursos entre los empresarios y los trabajadores en el interior de las prestatarias privadas”.

Sobre los datos de un estudio del INDEC, el artículo resalta el peso que tienen, entre las 500 firmas más importantes del país, 84 privatizadas que, entre 1995 y 1999, “aportaron, en promedio, cerca del 30% de la producción generada, de conjunto, por las 500 líderes, casi el 40% del valor agregado total, más de la mitad de las utilidades globales, el 17% de la ocupación y el 22% de la totalidad de los salarios pagados”.

Ese conjunto de empresas no destaca por su capacidad de generación de empleo, pero sí por su capacidad para apropiarse “de una porción mayoritaria del excedente económico acumulado por las principales firmas (…) Se trata, según los años del quinquenio analizado, de entre el 15% y el 17% de las empresas, que dieron cuenta de entre el 50% y casi el 70% de los beneficios globales de las 500 líderes”.

Por si faltaba confirmación acerca de la altísima rentabilidad de las privatizadas, los autores señalan que las utilidades obtenidas entre 1995 y 1999 representan el 17,5% del valor de producción, una tasa de beneficio “que se contrae al 5,9% para el resto de las empresas de la cúpula”.

También se hicieron distintas las relaciones entre la productividad del trabajo y los salarios medios o, dicho de otro modo, “la distribución de los recursos entre el capital y el trabajo”.

Entre 1995 y 1999, la productividad laboral promedio en las privatizadas se expandió casi un 22%, mientras que en las otras se incrementó menos de un 16%.

El salario medio de los trabajadores empleados en las privatizadas aumentó más de un 7%, al tiempo que en las restantes empresas creció cerca de un 5%. La relación productividad/salario medio creció un 13% en las privatizadas, mientras que en las restantes empresas el aumento fue de 5%.

– Ver Para salir del infierno
– Ver Otro cristal con que se mira

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