Llegó la hora del cambio

Lugo es el primer ciudadano en la historia paraguaya que llega a la presidencia sin ser colorado, ni liberal, ni militar. A su vez, es el primer ex obispo de la Iglesia Católica que asume como presidente de un país. La crónica de un día histórico por el que un pueblo esperó 61 años.

Ya en la medianoche del 14 de agosto, la capital paraguaya se sentía distinta. A esa hora comenzaba el festival popular Ára Pyahu (nuevo tiempo), y no necesariamente por el comienzo de la serenata por el 471º aniversario de la ciudad de Asunción, sino por el anuncio del fin del “coloradismo eterno” en el Paraguay.

Al otro día, en la espléndida mañana del 15 de agosto, la plaza de Armas del Congreso Nacional estaba repleta de gentes llegadas de todas partes y haciendo flamear sus banderas e insignias partidarias —entre ellas, las prohibidas por décadas. En horas previas al juramento, el flamante presidente electo dedicaba su tiempo a orar en una capilla de la Congregación Verbo Divino, comunidad a la que perteneció durante 30 años. Minutos después, llegaba a la Casa de la Independencia transitando el callejón histórico para copiar la proclama de Independencia de 1811 escrita en un mural de ese antiguo sitio. El acto de asunción de Fernando Lugo estaba cargado de emociones, sobre todo cuando el cantor popular Ricardo Flecha entonaba el Himno Nacional de Paraguay en idioma guaraní.

¡Sí, juro!

Rompiendo los mandatos de protocolo, Lugo vestía camisa de ao po’i (ropa típica) y calzaba sandalias tipo franciscanas. A las 8:53 su juramento enérgico retumbaba en la colmada plaza y recibía como respuesta un incesante aplauso de la gente, mientras se producían los tradicionales 21 cañonazos, que testimoniaban varios presidentes y vicepresidentes de América Latina.

El mandatario saliente, Nicanor Duarte Frutos, se excusó de entregar el bastón de mando a su sucesor obligando a un acto previo en el Congreso para otorgárselo al presidente del Congreso, Enrique González Quintana. Por esta actitud, Duarte Frutos fue duramente criticado por sus partidarios, quienes lo consideran el “mariscal de la derrota” que llevó a su partido, el Colorado, a perder el poder luego de tantos años de gobierno, incluidos los 35 años de la dictadura de Alfredo Stroessner.

Una vez colocada la banda presidencial y con el bastón de mando en mano, González Quintana y Lugo iniciaron su discurso en guaraní. Con el nuevo gobierno también asumió el idioma guaraní, lengua de los excluidos por tantos años.

El primer discurso

En su primer discurso presidencial, Lugo demostró una decisiva ruptura con el pasado y ofreció retomar el sueño de José Gaspar Rodríguez de Francia, de construir un Paraguay independiente, autosuficiente e igualitario. También incitó a retomar los “nítidos mensajes de los López para sumar a la nación al desarrollo sus potencialidades humanas, productivas y estratégicas”. Con anhelada pretensión invitó al pueblo a “recobrar el valor de los gobiernos que conjugaron honestidad y austeridad como ecuación del supremo sacrificio por la Patria”.

Un tramo importante de su discurso fue destinado a su propuesta de comprometerse a frenar el éxodo de paraguayos hacia el exterior. En tal sentido, dio las gracias a los argentinos, personificados en la “presidenta Cristina”, por haber dado trabajo a millones de paraguayos desde los años 1930, sobre todo en la industria de la construcción. Este movimiento emigratorio, en las últimas décadas, también apuntó hacia otras regiones como Europa y Estados Unidos al punto que hoy, las remesas desde el exterior significan el tercer ingreso de recursos del país. En este sentido, Lugo expresó que aspira a que en un porvenir no lejano, cada paraguayo pueda ganarse dignamente la vida en su país. En ese marco, señaló la importancia de la cuestión de la tierra, comprometiéndose —al igual que en su campaña electoral— a llevar a cabo una política de reforma agraria. Asimismo, hizo mención implícita a las relaciones con la Argentina y el Brasil, fundamentalmente con este último, debido al reparto de los beneficios económicos de las represas de Yacyretá e Itaipú. También señaló que “algunas cuestiones nacionales en realidad son binacionales” y que en ese marco de integración deben primar los hechos de legítima justicia, más allá de algunos argumentos meramente jurídicos.

Viaje a San Pedro

Para demostrar su compromiso con el lugar de donde surgió como político, en su segundo día como presidente viajó hacia San Pedro, departamento donde fue obispo durante diez años. Junto con Hugo Chávez, Lugo se comprometió a asistir al pueblo y firmó acuerdos de provisión de combustible venezolano y de incorporación a la cadena televisiva Telesur.

A su vez, el flamante presidente reiteró la necesidad de la reforma agraria, en un lugar marcado por la resistencia de las organizaciones campesinas, que aguardan en la cercanía de los latifundios para ocuparlos. Gran parte de estas tierras pertenece a terratenientes brasileños que se dedican al monocultivo de la soja. Por ello, durante el 15 de mayo pasado, día de la independencia paraguaya, un grupo del movimiento campesino realizó un desfile en las calles lindantes de estas propiedades y quemó una bandera brasileña como insignia de protesta ante el avance de los cultivos transgénicos, las fumigaciones con agrotóxicos y la deforestación en la zona.

Ese mismo día por la tarde, Fernando Lugo participó de una actividad por el día del niño en Mburuvicha Róga (la casa presidencial), acompañado por Liz Torres, actual secretaria de la Niñez y la Adolescencia. Allí, el presidente hizo hincapié en su compromiso por darle preferente atención a los excluidos, entre ellos, los indígenas, los campesinos y los niños, remarcando que “llegó la hora para estos sectores”.

La hora de gobernar

La gobernabilidad es un aspecto a tener en cuenta durante el gobierno de Lugo. Con un parlamento mayoritariamente opositor o de signo más conservador, el Presidente tendrá que lidiar contra los intereses de los legisladores del partido de su propia coalición, el Partido Liberal. En el ambiente de las instituciones estatales, los problemas no son menores pues alrededor de 300 mil funcionarios públicos, en su mayoría de afiliación colorada, firmaron masivos contratos colectivos y se resisten a las modificaciones de la reforma estatal.

El discurso de campaña de transparencia en la administración y de corrupción cero será una tarea difícil para el nuevo gobernante. La única ventaja con la que cuenta es la crisis intestinal del Partido Colorado. En apenas un día del gobierno de Lugo, el gobernador de Paraguarí, el colorado Tomás Rivas, dijo que “Lugo no irá lejos” e instó a sus correligionarios a tomar las armas si fuera necesario cuando los destinos de su partido se vieran amenazados. En esa región, la ANR mantiene una fuerte política de persecución a los campesinos, al mejor estilo stroessnista. En los últimos tiempos se conocieron casos de asesinato y persecución con saña a líderes rurales. Sin ir más lejos, el 4 de agosto, en el asentamiento Ka’aguy Poty del Distrito de Mbuyapey de Paraguari, murió el dirigente del Movimiento Campesino Paraguayo (MCP), Sindulfo Britez (de 33 años) luego de haber sido baleado por un sicario, identificado por la víctima como Fredy Carmona, quien cometió el crimen por presunto encargo de los seccionaleros colorados de Mbuyapey (quienes siempre persiguieron a los campesinos de la zona que luchan por un espacio para trabajar su tierra). Alarmados por estas continuas amenazas, los campesinos se encuentran en estado de movilización permanente y ocupación de tierras, y le solicitan al nuevo gobierno que “tome las más urgentes medidas para proteger la vida de los luchadores sociales”.

El gabinete

Según una reciente encuesta publicada en periódicos paraguayos, Fernando Lugo asume la presidencia con una popularidad cercana al 93%. Sin embargo, el gabinete de Lugo está repartido entre referentes conservadores y progresistas. En el sector económico es donde muestra menos señales de cambios. Al frente de la cartera de Hacienda fue designado Dionisio Borda, ex ministro de Duarte Frutos. Su nombramiento es resistido por los movimientos sociales y los partidos de izquierda, por considerarlo partidario de la política de ajuste. Lo mismo ocurre con el ministro de Industria y Comercio, Martín Heisecke, y el Ministro de Agricultura y Ganadería, Cándido Vera Bejarano. Uno de los ejes del problema radica en que el país creció un 6,4% en 2007 gracias a las exportaciones de soja, pero sin constatarse ningún pago al fisco, sin avanzar en la distribución del ingreso, y sin mejorar la calidad de vida del 40% de población paraguaya (5,6 millones de habitantes, en su mayoría católica y muy pobre). Además, Lugo hereda una fortalecida economía informal afianzada en el contrabando, el narcotráfico y la falsificación de productos.

Desde la otra vereda, los grupos de poder económico cuestionan la designación del ex embajador en el Líbano, y defensor de la causa Palestina, Alejandro Hamed Franco, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, debido a que no es bien visto por el gobierno de Estados Unidos. Frente a estas críticas, según versiones no oficiales, Lugo respondió: “a mis Ministros los elijo yo”.

Para el Ministerio de Educación, el ex obispo apostó fuerte por un experimentado hombre en materia de gestión educativa, Horacio Galeano Perrone, quien ocupará ese cargo por tercera vez.

Las carteras que tienen mayor responsabilidad en lo social son ocupadas por referentes propuestos por los partidos de izquierda y por los movimientos sociales que forman parte de la coalición luguista: Ministerio de Salud, Secretaría de la Niñez y la Adolescencia, Secretaria de Emergencia Nacional, Instituto de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT), Instituto Nacional del Indígena (INDI) y el Viceministerio de la Juventud. Además, el nuevo Presidente apuesta al cuidado del medio ambiente, asesorado por el teólogo de la liberación, Leonardo Boff.

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