Liberación o Cabledependencia

Desde hace algunos años, y a quienes nos ha tocado la gloria de estar vivos, también nos pasa que nos vamos poniendo mayores, por ahí dispuestos como en mi caso, a despojarnos de tanto contrapeso inútil, entre ellos liberarse de ser CABLEDEPENDIENTES, para pasar así, a una mejor vida…según rumores de algunos experimentados resucitados. No puedo asegurar si esto formará parte de la LIBERACIÓN, aunque me ilusiona pensar que en ese otro espacio o plano celestial o no, tal vez, pueda uno andar libre de cables de noticias malintencionadas y programas de entre- TENIMIENTOS; almuerzos donde el plato principal nunca figura en el menú, dado que siempre se terminan comiendo”cabecitas negras al ajillo” predilección de su conductora, que junto a invitados encandilados saborean, entre vino, tango y dedo acusador. Existen personas que desde que cortan el cordón con su madre, se atan y para siempre con el otro cordón-cable que le aporta un alimento indispensable para saciar su falta de estima. Así queda prendido desde que abre los ojos, hasta que los cierra por la noche y cuando puede, dado que para esa hora los muertos ya le pueden haber ocupado su cama… Ese pobre ser, respira TV basura por los poros. Uno se encuentra y los temas son repeticiones de lo que vio en el Cable. La sangre de negro chorro deseada por estos adictos cablemaníacos, configura el mejor proyecto de aquí a fin de año. Quienes optaron por la Clabledependencia, han cedido toda posibilidad de ser libre, de tener una mirada independiente, más propia, sin colores prestados. Negativizan todo hecho social sin ninguna evaluación previa, citando: lo dijo el Cable o el noticiero, y eso se convierte en una porción de su ración diaria. La liberación implica cortar de una vez por todas la conexión- cable al mundo exterior, para pasar a comunicarse con el mundo interior, claro, puede que este paso dificulte la elección, dado que hay que limpiarse de tanta mugre que uno lleva impuesta por parte de quienes nos “armaron” para NO ser… Es que llegado el momento de decidir por la verdadera libertad, querer ser uno mismo y sin nada que lo ordene no siempre es grato, a veces, asusta mucho más que la TV por cable.

Miguel Longarini

miguellongarini@speedy.com.ar

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