Lavagna otra vez adentro del redil

Néstor Kirchner no ha perdido los hilos del poder y su último acuerdo lo acaba de confirmar. Aunque muchos supusieron que la pelea por liderar al PJ no iba en serio, el acuerdo del ex presidente con su ex ministro de Economía y ex candidato presidencial opositor, Roberto Lavagna no deja lugar a dudas. Tras el estallido de la noticia, que ningún analista se animó a anticipar, la dupla acordó integrar una lista única para conformar el Consejo nacional del justicialismo. El plan incluya a Hugo Moyano en sus filas. Scioli: acorralado en su propio territorio y midiendo los costos de no hacer política mientras considera a la provincia más grande del país como un escalón a la presidencia. Puede ser un escalón al precipicio. ¿La oposición? Con menos programa económico que antes y condenada a tratar a Lavagna de “estafador de sus votantes”.

Fue mucho más que una jugada. Es un antes y un después para el maltrecho aparato partidario del peronismo, que aun se sostiene sobre una estructura cuasi conservadora que se articula como el gran partido de la oportunidad, es decir, que encolumna a todos detrás del éxito del ganador. Si hay muchos perdedores, sobreviene la desgracia y el desorden. Pero si los vientos soplan éxito, el PJ obedece sin chistar.

Posiblemente esta sea la primera vez que alguien trata de aprovechar esta tendencia imperante para forzar una orientación que vaya más allá de una línea para distribuir los beneficios.

Puertas afuera, la concreción del acuerdo entre Lavagna y Kirchner junto con el acercamiento de Carrió con radicales anti K en busca de un acuerdo, puede dar como resultado el fortalecimiento de las identidades partidarias. Este sería un proceso de una nueva consolidación de los partidos tradicionales (Pj-UCR) luego de la fragmentación y de la tan mentada “crisis de partidos”.

Falta mucho para llegar al agujero negro del asunto, que gira en torno al financiamiento de los partidos políticos, pero lo cierto es que las viscosas aguas del verano 2007/2008 fueron removidas por un anuncio que dará mucho que hablar.

Es que el peronismo o lo que queda de él, ha podido absorber a una de sus líneas disidentes y quizás, la mas necesaria. No por acumulación, sino porque es la que estructura un programa económico posible más allá de los desaciertos que ha protagonizado Néstor Kirchner rodeándose de ministros que funcionan como secretarios de hacienda.

Puede ser una movida de difícil aceptación para la izquierda del kirchnerismo, pero nadie puede negar que disciplina y suma a un sector del peronismo que veía con buenos ojos a “las nuevas derechas sensibles” que ven en Macri la combinación perfecta y que soñaban con un eje Lavagna – De Narváez – Macri.

Las consecuencias en la Provincia de Buenos Aires son la horma perfecta para el zapato del actual gobernador Daniel Scioli. Ya no basta con ser un buen gerente. Ahora hay que hacer política, estructurar un programa y sostener lo que se dice. Tres asignaturas en las que Scioli históricamente prefirió eludir con tal de medir bien. Con Scioli indirectamente bloqueado Kirchner amplía su base de sustentación y lanza su primera señal contundente para el 2011.

Los más audaces se animan a decir que de este modo logra tener al 90 por ciento del peronismo adentro, pero aunque sea difícil de demostrar, lo cierto es que ya nadie puede sacar los pies del plato y están todos obligados a trabajan para el proyecto de los tres mosqueteros: Kirchner, Lavagna y Moyano.

La obligación también alcanza a la oposición. Sin Lavagna en sus rondas de consulta, han quedado despojados de todo programa posible, especialmente porque de la mano de Carrió no sólo no pueden representar a ningún sector del establishment, sino porque tampoco se preocupan de embanderarse de un programa que ponga en la calle las necesidades del pueblo.

Ha pasado muy poco desde el anuncio, pero habrá que tomarse el tiempo necesario para medir sus consecuencias. Es de esperarse que lleguen más jugadores como Lavagna a la cancha del PJ y resta saber que papel jugará Macri en esta nueva coyuntura. No se trata de un dato menor y falta mucho para saber si realmente son cambios estructurales o son cambios para que finalmente nada cambie.

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