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Las vacaciones y la conquista del tiempo

Del descanso como derecho colectivo a la disputa actual por el control del tiempo: qué está en juego cuando las vacaciones dejan de ser un plan de vida y vuelven a depender de otros. Por Emilia Racciatti

Las vacaciones implican la posibilidad de organizar el tiempo. Si hay descanso es porque hay un corte con el tiempo de trabajo, si éste es inestable, incierto y peligra su continuidad, el corte se convierte en un problema porque no se interrumpe una rutina, se instala la pregunta por la posibilidad de proyectar. 

El derecho otorgado por Juan Domingo Perón el 23 de enero de 1945 desde la Secretaría de Trabajo y Previsión mediante el Decreto 1740/45 estableció las vacaciones pagas para los trabajadores y trabajadoras argentinos marcando un hito en la vida política y cultural. No sólo porque constituyó un cambio en la calidad de vida de la población, también fue el punto de partida para el turismo social. 

La historiadora Elisa Pasoriza se dedicó a investigar la historia social de la ciudad de Mar del Plata, trazando una historia del turismo en la Argentina a partir de la problemática de la memoria y su vínculo con la historia. La también profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata ubica este hecho en el marco de la democratización del bienestar. 

“Aunque de manera desigual, los actores sociales comenzaron a disponer de una serie de días consecutivos de vacaciones pagas y, con ello, un mayor tiempo libre que estimuló la creación de novedosas prácticas. Mediante un programa de acceso al turismo social, una multitud de argentinos de todas las clases sociales empezó a descubrir un país hasta entonces muy poco conocido”, explica en el artículo “El turismo social en la Argentina durante el primer peronismo. Mar del Plata, la conquista de las vacaciones y los nuevos rituales obreros, 1943-1955”, publicado en la revista académica “Nuevo Mundo Mundos Nuevos”, en 2008. 

La puesta en marcha del turismo social impulsado por el peronismo dio lugar a que se expandieran las formas de conocer el país, ya que desde el discurso de los poderes públicos y las dirigencias sindicales se alentó a la clase trabajadora a viajar a destinos nuevos, enriqueciendo la trama cultural de la patria. Irse de vacaciones como sinónimo de recorrer el país.

Entre las opciones para los destinos vacacionales, Mar del Plata fue central. ciudad balnearia a la que se llegaba mediante el ferrocarril, puerta de entrada a la mayoría de los centros recreativos del país, también incorporó por esos años el ómnibus y el automóvil. En los cuarenta, unos 480.000 vehículos transitaban las carreteras nacionales, permitiendo la llegada a lugares recónditos. El viaje y el conocimiento, en especial a las sierras de Córdoba y a las playas atlánticas, se transformaba en un sueño posible. A los dos caminos pavimentados durante las gestiones conservadoras, las rutas dos y ocho (Mar del Plata y Córdoba, respectivamente), se les sumaron las rutas a Mendoza y los caminos interprovinciales, apunta Pastoriza.

¿Qué pasa hoy?

La Ley de Contrato de Trabajo vigente en Argentina establece los derechos de los trabajadores respecto a las vacaciones marcando que quienes tengan un empleo en relación de dependencia tienen derecho a una cantidad determinada de días de descanso anuales, que no afectan sus ingresos. Además, la duración de estas vacaciones varía según la antigüedad del trabajador en la empresa.

El proyecto que el gobierno de Javier Milei impulsa para reformar la regulación del trabajo modifica esta norma y permite que las vacaciones se fraccionen por un mínimo de 7 días. Además, mantiene la cláusula que obliga a las empresas a que, ante vacaciones rotativas, le otorguen a cada trabajador al menos un período de verano cada 3 años.

Si bien no elimina este derecho, la modificación autoriza el fraccionamiento del período de vacaciones y abre así la puerta para que los trabajadores tengan sus días de descanso en distintas partes. 

Es una manera de organizar el tiempo que queda en manos de los dueños, los jefes y los patrones, es decir, en manos de una clase social sobre otra porque la ley autoriza y legitima a que organicen los tiempos de descanso de los trabajadores y trabajadoras. 

El proyecto de ley de reforma laboral presentado por La Libertad Avanza ya obtuvo media sanción en el Senado, llegó a Diputados y al haberse eliminado el artículo 44, que imponía descuentos a los trabajadores que faltaran por enfermedades o lesiones, tendrá un nuevo tratamiento en el Senado. 

Otra de las formas de control del tiempo de descanso de los trabajadores es la creación de un mecanismo de banco de horas. ¿Qué implica? Que las horas extra trabajadas por un empleado se acumulen como un saldo a favor del trabajador para ser compensadas con días libres o jornadas de trabajo reducidas.

Esto da cuenta de la pérdida de otro derecho, ya que, en la ley actual, las horas extra deben ser pagadas obligatoriamente con un plus del 50% para los días normales y del 100% los feriados y fines de semana. El oficialismo plantea que su proyecto mantiene esta posibilidad, pero suma el banco de horas como otra opción. Si partimos de la idea de que la relación entre empleador y empleado, patrón y obrero no es igual, ya que está atravesada por una relación de poder esta opción queda en manos de quien paga el salario. Entre pagar horas trabajadas después de la jornada establecida y dar días libres, no hay dudas en lo que le sale más barato. 

El juego con el tiempo ya está presente en la ampliación de la jornada laboral diaria de 8 a 12 horas. La combinación de más horas de trabajo, vacaciones fraccionadas y horas extra no pagas es la fórmula del mileismo para hablar de modernización laboral. 

Las vacaciones como plan de tiempo: 

Volviendo a la historiadora Elisa Pastoriza, en su libro “La conquista de las vacaciones”, el recorrido de las vacaciones argentinas a lo largo de décadas permite advertir que la transformación del veraneo, una práctica reservada a las clases más encumbradas de la sociedad, devino en turismo como parte de la cultura de masas, gracias a la legislación del tiempo que impulsó el peronismo.

¿Qué destinos fueron organizando esa ruta de posibles descansos? “Dos horizontes vacacionales emergentes perfilan un contrapunto entre un modelo hedonista y de sociabilidad agitada y demandante –Mar del Plata– frente a otro, quizás más refinado y excluyente –Mendoza– o más democrático –Córdoba– basado en el descanso y la salud”, precisa la autora en “La conquista…”.

El desarrollo del turismo social tuvo un aliado en el crecimiento de estos itinerarios: el ferrocarril. Pastoriza une “la modernización de las comunicaciones y el transporte” en la centralidad del tren que desde fines del siglo XIX unió Córdoba con el resto del país. “El Ferrocarril Central Córdoba, una empresa ferroviaria de capitales británicos, fundada en 1887, operaba una línea de trocha angosta extendida entre Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Más adelante, tras sucesivas ampliaciones, como la toma de posesión del Ferrocarril Central Norte, Córdoba queda unida a Tucumán y a Salta”, resalta la investigadora y docente.

De esta manera se fueron estableciendo rutas que, a través de las compañías ferroviarias, edificaron hoteles en zonas turísticas destinados para sus directivos al principio y para todos sus equipos después. Pastoriza cita hoteles de Córdoba como el Sierras Hotel (Alta Gracia) y el Hotel Yacanto (Villa Dolores) y el gran hotel Edén (La Falda)así como el Termas Hotel Puente del Inca, en Mendoza como los del inicio de esta tradición. 

El peronismo promovió y alentó el turismo como política pública que permitió democratizar el descanso y ampliar los territorios de descanso de los argentinos. Las rebajas de pasajes, boletos combinados, que incluían transporte y estadía, fueron claves para las relaciones entre turismo y ferrocarril que permitieron el ejercicio de un derecho inaugurado en 1943 en nuestro país. Descansar es un derecho que no está dado, implica la disputa por el tiempo. En esa disputa estamos hoy. 

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