Las trampas de la próxima sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU

Un nuevo fantasma recorre a las Naciones Unidas y especialmente en torno al debate por los derechos humanos. Entre el 11 y el 18 junio tendrá lugar en Ginebra el 5° periodo de sesiones del Consejo de de Derechos Humanos. Esta reunión será decisiva, pero su resultado puede ser fatal si se repiten los ejercicios selectivos y politizados contra países del sur que sumieron en el descrédito a la extinta Comisión de Derechos Humanos. Mientras esta polémica se desarrolla, nadie sabe cuál es el capítulo secreto de la autodenominada “Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre” que promovió Bush en 2004.

El problema principal es que si continúan los mandatos de países impuestos por la fuerza y el chantaje, especialmente promovidos por Washington, sentaría un pésimo precedente para la existencia del naciente consejo y mantendría la espiral de confrontación.

Ante estos vientos de tormenta, Cuba ha salido a alertar sobre las nefastas consecuencias para el futuro de este organismo y en especial para los países del sur, si algunos planes promovidos por Estados Unidos llegan a consumarse.

Aunque parezca mentira, la importancia de estas medidas se debe a que los objetivos de estas maniobras son las siguientes:

– Imponer una nueva extensión del mandato de todos los procedimientos especiales heredados de la Comisión, beneficiando por igual a los procedimientos temáticos y a los tan cuestionados procedimientos de países, con la clara pretensión de consolidar ese mecanismo heredado del anterior organismo, que tantas veces no sirvió para otra cosa que buscar condenar a la Revolución Cubana.

– Mantener la práctica de adopción de resoluciones sobre países, sin que su presentación quede sujeta a criterios transparentes que impidan manipulaciones políticas.

– Trasladar al “Mecanismo de Revisión Periódica Universal” la politización y el doble discurso, promoviendo en su funcionamiento métodos de trabajo e instituciones que la historia ha demostrado que luego son utilizados por las potencias del norte contra los países del sur, osea, una herramienta legal de los países poderosos contra los que no lo son.

El mejor ejemplo de esto es que como pretexto a la continuidad y recrudecimiento de su política de hostilidad y bloqueo contra Cuba, Estados Unidos impuso un espurio e injusto ejercicio de condenas en la desaparecida Comisión de Derechos Humanos.

Pero lo cierto es que en Cuba no existen prácticas de violaciones de derechos humanos. En las casi 5 décadas de Revolución no ha existido un solo caso de ejecución extrajudicial, ni desaparición forzada. Se respetan las garantías de debido proceso judicial y se asegura un rato digno a los prisioneros.

Pero el ejercicio contra Cuba en materia de derechos humanos busca legitimar las pretensiones de Estados Unidos de imponer un llamado “cambio de régimen” en la isla. Esa movida cuestiona las bases mismas del sistema económico, político y social refrendado por el pueblo cubano en su Constitución, que le ha asegurado el pleno goce de la libertad, la democracia, la equidad y la justicia social.

Mucho más que argumentos

En una comunicación difundida por distintos medios, la Revolución Cubana comunicó que “jamás aceptará el espurio mandato del llamado Representante Personal del Alto Comisionado, que desempeña Christine Chanet, ya que se deriva de un ilegítimo proyecto de resolución, impuesto por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, como resultado de las brutales presiones, condicionamientos y chantajes ejercidos por la superpotencia”.

¿Cómo aceptar que se acuse injustamente a Cuba, mientras los países del Norte aseguran hipócritmente en Ginebra el silencio de la impunidad a las graves violaciones de derechos humanos perpetradas en la base militar norteamericana en Guantánamo, en los secuestros y vuelos secretos ejecutados por la CIA y en los centros secretos de detención establecidos en Europa?

El fondo de la maniobra

Detrás de estas operaciones que hacen valer más las objeciones contra un proceso único en el mundo que las aberraciones promovidas por Washington después del 11 de septiembre, el gobierno estadounidense intensifica sus acciones para acelerar la realización del designio histórico de la anexión de Cuba a su sistema de dominación. No son apreciaciones sin pruebas, es cuestión de recorrer los archivos de noticias: el 10 de julio de 2006, la administración Bush hizo pública una actualización de su plan contra Cuba, aprobado en mayo de 2004 a partir de sugerencias de la llamada “Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre”, que fue establecida por el propio líder republicano.

En esta amenaza sistemática hay un capítulo secreto y por eso resulta obvio que están ocultando medidas que serían repudiadas por la comunidad internacional y planes que en el pasado incluyeron desde una invasión mercenaria hasta acciones terroristas.

¿Y cuáles son esas mentiras?

Dentro de la cantidad de operaciones desarrolladas, la administración Bush miente cuando alega que Cuba mantiene “injustamente” encarcelados a decenas de supuestos defensores de derechos humanos, pero lo cierto es que el pueblo cubano se vio obligado en el año 2003 -en ejercicio de su derecho de legítima defensa y para la protección del orden constitucional y de su soberanía-, a juzgar y sancionar con la ley en la mano a un grupo de individuos, dirigidos y financiados por el Gobierno de los Estados Unidos. Se comprobó que actuaban como mercenarios al servicio de la política de bloqueo y hostilidad propiciadas por Washington. Sin embargo las personas sancionadas recibe un trato impecablemente humano y de ejemplar respeto a su dignidad.

Pero además, Cuba extiende su cooperación y su solidaridad incondicional y desinteresada -como pocos en el mundo- a otros países en desarrollo e incluso desarrollados, además de exhibir resultados muy positivos en esferas como la salud, la educación, la cultura, los deportes, la integración social y racial, la asistencia y protección social, la igualdad de géneros, la justicia, la equidad y la participación política.

Más datos

Desde 1962 unos 132 mil médicos, enfermeras y técnicos de la salud cubanos han prestado servicios en más de 100 países. Actualmente, más de 31 mil colaboradores de la salud cubanos han prestado servicios en 70 países y 2 territorios de ultramar. El contingente médico internacionalista cubano “Henry Reeve”, especializado en catástrofes y situaciones de emergencia, cuanta hoy con 10 mil integrantes debidamente entrenados y equipados. Desde el 2004, Cuba participa en forma decisiva de la “Operación Milagro”, en virtud de la cual han sido operados gratuitamente y han recuperado la visión más de medio millón de pacientes de 29 países. Cuba no solo presta servicios médicos, está formando actualmente más de 54 mil jóvenes estudiantes de medicina de 86 países del Tercer Mundo.

En este contexto, el alegato de que Cuba no coopera con los mandatos de la Comisión de Derechos Humanos y de otras instancias de la maquinaria de derechos humanos de las Naciones Unidas, no resiste el más mínimo debate. Cuba aparece entre los países que han recibido voluntariamente visitas de componentes de la maquinaria de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos. Incluso, ha respondido solicitudes de información recibidas de los relatores temáticos, expertos independientes y grupos de trabajo de la antigua Comisión y del nuevo Consejo, al tiempo que ha seguido trabajando en la elaboración de sus informes periódicos a los órganos surgidos en virtud de tratados internacionales de derechos humanos.

A pesar de lo que diga la prensa canalla e incluso los que dudan sin elementos de prueba, lo cierto es que a pesar del asedio permanente Cuba ha dado pruebas de voluntad de promover la cooperación bilateral en materia de derechos humanos con todos aquellos países que enfrentan el diálogo con seriedad, sobre la base del respeto mutuo, la igualdad soberana de las partes y por sobre todo, sin condicionamientos, tal como lo reclama cualquier país.

Por eso, Cuba rechazará cualquier intento de prorrogar el mandato o transferir el enfoque de confrontación del Mecanismo de Revisión Periódica Universal del Consejo de Derechos Humanos. Por eso el fin del mandato de la Representante Personal de la Alta Comisionada para Cuba no es una opción, es la única manera de hacer justicia al pueblo cubano en su reivindicación de la verdad. Si esto concluye, confirmaría el respeto a su voluntad de defender hasta las últimas consecuencias su camino de independencia en la construcción de una sociedad profundamente democrática, justa y humana.

Existe una coyuntura histórica que favorece el justo reclamo del pueblo y el gobierno cubanos de que se ponga fin al mandato arrastrado de la desparecida comisión. Por eso, la posición que asuma cada país miembro del Consejo resultará determinante y si esto cambia será un claro mensaje de rechazo a aquellos que pretenden convertir al Consejo de Derechos Humanos en un nuevo tribunal inquisidor para los países en desarrollo.

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